Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.
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Capítulo 17: El laboratorio de Aro
Mansión de Cullen una semana después.
El sol no había salido en Forks desde la batalla. O eso le parecía a Bella. Los días se habían vuelto grises y pegajosos, como si la humedad quisiera meterse debajo de su piel y quedarse allí. La venda de Jacob en su muñeca ya casi no olía a canela. Había perdido el color y ahora parecía un trapo viejo.
—Necesito sangre fresca —dijo Jacob, sentado en el sofá de la biblioteca con una taza de té que no se tomaba (los lobos no toman té, pero a él le gustaba el calor en las manos)—. La tuya está caducada.
—¿Mi sangre caduca? —preguntó Bella, arqueando una ceja.
—Las vendas, no la sangre. No seas dramática.
Alice entró en ese momento con una bandeja de galletas que Esme había horneado. Las dejó en la mesa y se sentó en el brazo del sillón de Bella, apoyando la barbilla en su hombro.
—Estás gruñona —dijo Alice.
—Estoy aburrida. Llevo una semana encerrada aquí sin poder salir porque Selene sigue suelta.
—Selene se fue. Volvió a Italia.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque tuve una visión anoche. Está en el trono de Aro, lamiéndose las heridas. Literalmente. Se lame el muñón del brazo. Es asqueroso.
Bella hizo una mueca.—No necesitaba esa imagen.
—Por eso te la di.
Edward, que estaba apoyado en la estantería con un libro en las manos (no lo leía, solo lo sostenía porque le gustaba el olor del papel viejo), levantó la cabeza.
—Aro no la perdonará por haber fallado. Selene está en problemas.
—Bien —dijo Jacob—. Que se pudra.
—No te alegres tan rápido. —Edward cerró el libro y se acercó—. Si Selene falló, Aro enviará a alguien peor.
—¿Peor que ella? —preguntó Seth, que estaba tumbado en la alfombra jugando con un mechero. Leah lo había castigado sin salir de la mansión por haberse enfrentado a Kaelen sin permiso. Seth no parecía arrepentido.
—Sí. Aro mismo.
El silencio se instaló en la biblioteca. Hasta Jacob dejó de respirar.
—¿Aro vendría aquí? —preguntó Bella.
—Si cree que puede hacerse con una omega pura, sí. Aro no se mancha las manos… pero cuando lo hace, no deja nada con vida.
Carlisle apareció en la puerta con una carpeta roja bajo el brazo. Tenía una expresión que Bella ya conocía: *he descubierto algo horrible y no sé cómo decirlo*.
—Siéntense —dijo—. Esto es largo.
Todos se sentaron. Seth se incorporó y dejó el mechero. Incluso Emmett, que estaba en el pasillo comiendo algo que parecía una pierna de ciervo cruda, asomó la cabeza.
—¿Qué pasa, papá?
—He estado investigando los registros de los Volturi. Los que Robo de la mansión de los Volturi hace veinte años. —Carlisle abrió la carpeta y mostró unas fotografías borrosas—. Esto es un laboratorio. En Italia. En los sótanos del trono de Aro.
Bella se inclinó para ver mejor. Las fotos mostraban tanques de cristal, tubos de ensayo, y algo que parecía… *personas*. Personas flotando en líquido verde.
—¿Qué es eso? —preguntó, con la voz temblorosa.
—Son clones. Aro lleva siglos intentando crear omegas artificiales. Vampiros que puedan estabilizar a los lobos sin necesidad de que exista una omega pura real. —Carlisle señaló una foto donde se veía a un hombre joven, de piel gris, flotando en un tanque—. Este es Kaelen. El único que ha sobrevivido.
—¿Kaelen es un clon? —preguntó Edward, horrorizado.
—No. Kaelen es el *prototipo*. Fue creado a partir de sangre de una omega pura que murió hace quinientos años. Pero el proceso es inestable. Necesita sangre fresca cada cuarenta y ocho horas. Por eso quiere a Bella.
—No es solo que la quiera —dijo Alice, cuyos ojos se habían vuelto rojos—. Es que *la necesita*. En mis visiones, veo a Aro usando la sangre de Bella para crear un ejército de híbridos. Cientos de ellos. Miles.
—¿Un ejército para qué? —preguntó Jacob.
—Para dominar el mundo sobrenatural. Para acabar con los lobos de una vez por todas. Para que los vampiros sean la única especie.
El silencio fue absoluto. Seth se puso de pie y caminó hacia la ventana. Leah, que había estado escuchando desde el pasillo, entró y se sentó junto a Rosalie. La vampira rubia le rozó la mano. Leah no la apartó.
—Tenemos que destruir ese laboratorio —dijo Jacob.
—Está en Italia. En el corazón del territorio de los Volturi —respondió Carlisle—. Es una misión suicida.
—Entonces será una misión suicida. Pero no podemos quedarnos aquí esperando a que Aro construya su ejército.
Edward se acercó a Jacob y le puso una mano en el hombro.
—Iré contigo.
—No. Tú te quedas y proteges a Bella.
—Bella tiene a Alice.
—Bella tiene a todos —interrumpió Bella, levantándose—. Pero yo también quiero ir.
—Ni lo sueñes —dijeron Alice, Jacob y Edward al unísono.
—¿Por qué no? Es mi sangre la que quieren. Es mi vida la que está en juego. Tengo derecho a luchar.
—No eres una guerrera, Bella —dijo Jacob, con suavidad—. Eres una omega. Los omegas no luchan.
—Los omegas no luchan porque no les dejan. Pero yo puedo. He estado entrenando con Alice. Puedo correr más rápido que antes. Puedo saltar más alto. Y mi núcleo… —se tocó el vientre—. Mi núcleo puede quemar.
Todos la miraron.
—¿Puede qué? —preguntó Carlisle.
—La otra noche, cuando Selene atacó, sentí que mi núcleo se expandía. Quería salir. Quería proteger a Alice. Creo que si lo intento, puedo liberar una onda de calor que queme a los vampiros.
—Eso es… nuevo —dijo Carlisle, escribiendo algo en su libreta (siempre escribía, el muy científico)—. Nunca había oído que un omega pudiera hacer eso.
—Porque nunca ha habido una omega como yo.
Alice la miró con orgullo.
—Mi pequeña guerrera.
—No soy pequeña. Mido uno sesenta y cinco.
—Eres pequeña para mí.
Bella la empujó, pero estaba sonriendo.
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Reserva Quileute
Billy Black estaba sentado en el porche cuando Jacob llegó. El lobo había caminado desde la mansión Cullen hasta la reserva, un trayecto que normalmente hacía en quince minutos pero que alargó a una hora porque no sabía qué decirle a su padre.
Billy Black no habló cuando Jacob llegó.
Eso ya era mala señal.El aire en el porche estaba pesado. Denso. Como antes de una tormenta.
—Siéntate —dijo Billy finalmente ,señalando una silla de mimbre.
Jacob obedeció pero no relajó el cuerpo.
Billy lo observó largo rato.. En ese momento porche olía a madera mojada y a tabaco. Billy tenía una pipa en la mano, aunque no la encendía. Solo la sostenía, como un recuerdo de cuando podía fumar sin que su diabetes lo matara.
—Hueles a vampiro —dijo Billy.
—Ya lo sé..
— Toda la reserva lo sabe. Y la manada vino esta mañana —continuó Billy—. No vinieron a hablar. Vinieron a exigir.
Jacob tragó saliva.—¿Qué exigieron?
Billy no respondió de inmediato.
Apretó la pipa entre sus manos.
—Me han pedido que te desherede .y que te expulse y
El golpe fue seco.Directo.
Jacob asintió lentamente.—Tiene sentido.
—No, no lo tiene —dijo Billy, cortante—. Pero eso no importa. Esto ya no va de sentido. Va de supervivencia.
Jacob lo miró.—¿Y tú qué quieres?
Ahí estaba la verdadera pregunta.Billy lo sostuvo con la mirada.Y por un segundo…dudó.Jacob lo vio.Y eso dolió más que cualquier golpe.
—Quiero que vivas —dijo al final—. Pero no sé si puedo hacerlo dejándote quedarte.
—Entonces hazlo —dijo Jacob, con voz baja—. Dime que me vaya.
—No. Porque tu madre no lo habría querido.
—¡Eres mi hijo! —estalló Billy, golpeando el brazo de la silla—. ¡Se supone que debo protegerte!
Jacob bajó la cabeza.
—Lo siento, papá.
—¿Por qué te disculpas? Por ser quien eres. Por amar a quien amas. —Billy dejó la pipa en la mesa—. Tu madre también era diferente. Ella también amó a alguien que la manada no aceptaba.
—¿A quién?
—A mí. Yo no era el alfa ni mucho menos un hombre lobo cuando nos conocimos. Era un beta. Un don nadie un humano normal.Tu madre era la hija del jefe de la manada de lobos. Todos dijeron que no éramos compatibles. Y sin embargo… —Billy sonrió, y por un momento, Jacob vio al hombre joven que había sido—. Tuvimos diez años maravillosos. Y luego ella se fue.
—No se fue. Murió.
—Se fue de este mundo. Pero su amor se quedó. Y su amor eres tú.
Jacob sintió un nudo en la garganta.
—Papá…
—No voy a desheredarte, Jacob. Pero tampoco voy a protegerte. La manada tomará sus propias decisiones. Si te expulsan… no podré hacer nada.
—Lo sé.
—Entonces vete. Y no mires atrás.
Jacob se levantó. Antes de irse, abrazó a su padre. El viejo alfa olía a tierra, a tabaco, a hogar.
—Te quiero, papá.
—Yo también te quiero, hijo. Ahora vete antes de que me ponga sentimental.
Jacob sonrió y se fue. No miró atrás.
Mansión Cullen a las 10 de la noche Bella no podía dormir. Estaba tumbada en la cama de Alice, con la vampira a su lado, pero su mente no paraba de dar vueltas. El laboratorio. Los clones. Kaelen. Aro.
—¿Sigues despierta? —preguntó Alice.
—No puedo dormir.
—Yo tampoco. Pero yo nunca duermo.
Bella se giró para mirarla. En la penumbra, los ojos de Alice brillaban como dos monedas de oro.
—¿Crees que podamos destruir el laboratorio?
—No lo sé. Pero lo intentaremos.
—¿Y si fallamos?
—Entonces habremos fallado juntas. Eso es más de lo que la mayoría de la gente puede decir.
Bella se acercó y apoyó la frente en la de Alice. Sus pieles, una fría y otra caliente, se tocaron.
—Alice…
—Dime.
—Te quiero.
—Yo también te quiero. Desde antes de que nacieras.
—Eso es raro.
—Lo sé. Pero es verdad.
Bella la besó. Un beso suave, lento, que sabía a promesa. Y por un momento, el laboratorio, los clones, Aro, todo desapareció.
Solo quedaron ellas. Y el futuro. Incierto, aterrador, pero suyo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto en Italia en el sotanos del trono de los Volturi.Selene estaba arrodillada frente a Aro. El suelo de mármol estaba frío, pero ella no sentía el frío. Solo sentía miedo.
El mármol helado reflejaba la figura de Aro, inmóvil como una estatua antigua, pero cargado de una vida antinatural. No respiraba, no parpadeaba. Solo observaba. Y en esa observación, había algo peor que la muerte: conocimiento absoluto, paciente, despiadado y eterno.
—Fallaste, Selene. No en la batalla… sino en tu propósito.—Perdiste un brazo. Y dejaste que la omega escapara.
Selene no levantó la mirada. Sentía su presencia como si le desgarrara la mente lentamente.—Lo siento, mi señor.
Aro descendió un escalón.—Permíteme ver.
Tomó su rostro con suavidad… y leyó cada recuerdo.Cada error.Cada miedo.
Sonrió.—Ah… ahora lo entiendo. No fue debilidad. Fue… interferencia emocional.
Selene tembló.—Mi señor, yo—
—Silencio.Aro soltó su rostro.—La omega no solo estabiliza. Distorsiona. Rompe patrones. Eso la hace… invaluable.Sus ojos brillaron con un hambre frío.—Y por eso… la quiero intacta.
—Lo haré. Juro que lo haré.
—No. No lo harás. He decidido enviar a alguien más competente.
Selene abrió los ojos.—¿Quién?
—Él.
De las sombras emergió una figura. Era alta, musculosa, con el pelo negro como la tinta y los ojos rojos como la sangre. Llevaba una armadura de escamas negras, igual que la de Selene, pero más ornamentada. En su pecho, un emblema dorado con forma de lobo siendo devorado por un vampiro.
—Titan —susurró Selene—. No. No puedes.
—Puedo y quiero —respondió Titan, con una voz grave que vibraba en el suelo—. Los lobos me han esclavizado durante siglos. Es hora de que ellos sepan lo que se siente.
—¡Es un loco!
—Es mi mejor guerrero —dijo Aro, sonriendo—. Y va a traerme a la omega. Viva o muerta. Preferiblemente viva.
Titan se inclinó.—Como ordene, mi señor.
Y salió de la sala. Selene se quedó arrodillada, temblando.
—Levántate —dijo Aro—. Te necesito para otra cosa.
—¿Qué cosa?
—Vas a ayudarme con los clones. El de Kaelen está fallando. Necesito un nuevo modelo.
Selene se puso de pie. Su muñón le ardía.—¿Qué modelo?
—Uno basado en tu sangre. Eres una guerrera. Kaelen es un soldado. Necesitamos un general.
Selene sonrió. Por primera vez desde que perdió el brazo, sintió esperanza.
—Será un honor.
—Lo será —dijo Aro—. Ahora vete.
Selene se fue. Y en el laboratorio, los tanques de cristal brillaron con una luz verde.El líquido verde burbujeaba lentamente alrededor del cuerpo de Kaelen, suspendido dentro del tanque como una criatura a medio formar. Su piel gris vibraba con pequeñas grietas que se cerraban y abrían en ciclos irregulares.
No debería estar consciente.Pero lo estaba.
Y eso era un error.Sus ojos se abrieron dentro del fluido.No había emoción.
Solo una pregunta que no sabía formular.
—¿Por qué… sigo… aquí…?
Su voz no salió de su boca.Se filtró en su propia mente.Fragmentos de recuerdos que no eran suyos comenzaron a filtrarse: sangre, fuego, gritos, una mujer desconocida… una omega muerta hace siglos.
El ejército de Aro estaba creciendo.
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Bella cerró los ojos junto a Alice, sintiendo por primera vez en días algo parecido a calma. Su respiración se estabilizó. Su cuerpo dejó de temblar. Por un instante, creyó que podían ganar. Que todo aquello terminaría antes de romperlas completamente.
Entonces Alice se tensó.Su cuerpo se volvió rígido.Sus ojos… cambiaron de color.
—Alice… ¿qué pasa?
Silencio.Demasiado silencio.
Y luego, un susurro:—No
Bella se incorporó de golpe, el corazón latiéndole con fuerza contra el pecho.—¿Qué viste?
Alice no respondió de inmediato.
Sus ojos seguían perdidos en algo que no estaba allí. Algo que aún no había ocurrido.Algo peor.
—Alice… —insistió Bella, acercándose—. Mírame.
Lentamente, Alice enfocó.
Pero cuando lo hizo…no había alivio en su mirada.
Había miedo. Miedo real.
—No viene Selene —susurró.
El aire se volvió pesado.Denso.
Como si algo invisible acabara de entrar en la habitación.
Bella tragó saliva.—Entonces… ¿quién?
Alice dudó.Y eso fue lo peor.Porque Alice nunca dudaba.—Alguien que no busca capturarte… —dijo finalmente—. Busca romperte.
Un escalofrío recorrió la espalda de Bella.—No entiendo…
Alice negó con la cabeza, apenas.—Yo tampoco… pero lo vi claro.
Hizo un pausa.Silencio absoluto.—Y cuando llegue…su voz se quebró por primera vez.—alguien va a morir.
Continuará 🔥