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Casada con un Mafioso

Casada con un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Matrimonio contratado / Mafia / Completas
Popularitas:14
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Pandora

Oliver Santos solo quería salvar a su madre.

Con un diagnóstico de cáncer y sin dinero para el tratamiento, acepta la única opción que le queda: casarse con Gabriel Campos, el hombre misterioso y poderoso al que salvó una noche lluviosa en un callejón oscuro. Un matrimonio por contrato. Sin sentimientos. Sin complicaciones.

Pero Gabriel no es un hombre cualquiera.

Detrás de los trajes impecables, la mirada fría y los guardaespaldas, se esconde el líder de una de las organizaciones más temidas de la ciudad. Y ahora Oliver lleva su apellido.

Lo que comienza como un acuerdo calculado pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque en el mundo de Gabriel, la lealtad se prueba con sangre, los enemigos no perdonan… y el corazón no obedece contratos.

Entre traiciones, tiroteos, secretos familiares y una atracción imposible de ignorar, Oliver descubrirá que la línea entre el deber y el deseo es mucho más delgada de lo que imaginaba.

¿Puede un matrimonio falso convertirse en el amor más real de su vida?

NovelToon tiene autorización de Autora Pandora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 06

Oliver creyó que estaba preparado para cualquier cosa después de salir del registro civil.

Estaba equivocado.

El auto se detuvo frente a un edificio alto, moderno e imponente, rodeado por rejas discretas y seguridad visible, aunque nada demasiado llamativo. Era el tipo de lugar que exudaba dinero sin necesidad de anunciarlo.

Oliver se quedó inmóvil durante algunos segundos, contemplando la fachada espejada que reflejaba el cielo despejado de aquella mañana.

—Gabriel… —murmuró, todavía dentro del auto—. ¿Esto es un hotel?

Gabriel soltó un pequeño suspiro casi divertido.

—No. Es tu nuevo apartamento.

Mi nuevo apartamento.

Las palabras resonaron dentro de la cabeza de Oliver mientras bajaba del auto.

El guardia de seguridad en la entrada saludó a Gabriel con respeto inmediato.

—Señor Campos.

Oliver lo notó.

No era solo respeto.

Era sumisión.

La forma en que el hombre inclinó levemente la cabeza dejó claro que Gabriel ocupaba una posición mucho más alta de lo que él imaginaba.

El elevador subió en silencio hasta uno de los últimos pisos.

Oliver sentía el estómago dar pequeños vuelcos, una mezcla de nerviosismo e incredulidad.

Cuando las puertas se abrieron, revelaron un pasillo amplio y silencioso, con una sola puerta al final.

Gabriel caminó hasta ella, tecleó un código y la abrió.

—Entra.

Oliver dio un paso.

Y se detuvo.

El apartamento era… enorme.

La luz natural atravesaba los ventanales de vidrio que iban del piso al techo. La vista de la ciudad era impresionante. La sala era amplia, con muebles modernos, elegantes, pero sin excesos.

Era sofisticado.

Pero no frío.

Caminó despacio, como si tuviera miedo de romper algo con solo mirarlo.

—Esto es… todo esto es…

—Tuyo —completó Gabriel con calma.

Oliver se volvió hacia él, incrédulo.

—Gabriel, esto es demasiado grande para mí.

—No es demasiado grande para mi esposo.

La palabra lo golpeó nuevamente.

Esposo.

Oliver desvió la mirada por un segundo, sintiendo el rostro calentarse levemente.

—No necesito tanto lujo.

Gabriel se acercó algunos pasos.

—No se trata de lujo. Se trata de seguridad y comodidad.

Caminó hasta la ventana, observando la ciudad allá abajo.

—Aquí estarás protegido.

Protegido.

Oliver apoyó los brazos en su propia cintura, absorbiendo cada detalle.

—Mis hermanos nunca entraron en un lugar así…

La frase escapó antes de que pudiera impedirlo.

Gabriel giró el rostro levemente.

—Podrán visitarte cuando quieras.

Oliver parpadeó.

—¿Incluso sabiendo que es tu apartamento?

—No tengo intención de ocultar que estás bien económicamente —respondió Gabriel—. Pero cómo llegará esa información a ellos… eso depende de ti.

Oliver respiró profundo.

Ya tenía una mentira preparada.

Dos empleos.

Un ascenso.

Cualquier cosa que fuera plausible.

Pero el peso de esa mentira comenzó a crecer dentro de él.

Gabriel observaba en silencio.

Parecía percibirlo todo.

Cada vacilación.

Cada conflicto.

—Tus pertenencias llegarán hoy mismo —dijo Gabriel, rompiendo el silencio—. Ya envié a alguien a buscar tus cosas.

Oliver abrió los ojos de par en par.

—¿Eso también ya lo hiciste?

—Sí.

No parecía arrepentirse de su eficiencia.

Oliver soltó un pequeño suspiro.

—No pierdes el tiempo, ¿verdad?

—El tiempo es algo que rara vez puedo desperdiciar.

Hubo algo en esa frase.

Algo que sonó más personal que profesional.

Oliver decidió no insistir.

Caminó hasta lo que parecía ser el pasillo de las habitaciones.

Había tres puertas.

Abrió la primera.

Una habitación amplia, elegante, con tonos neutros y una cama demasiado grande para él solo.

Su corazón dio un pequeño salto.

Tragó saliva.

Se volvió lentamente hacia Gabriel.

—¿Esta es…?

—Nuestra habitación.

El silencio cayó entre ellos.

Oliver sintió el cuerpo entero arder.

—¿Vamos a… compartirla?

Gabriel mantuvo la postura tranquila.

—Si eso es un problema, hay otras habitaciones disponibles. No pretendo obligarte a nada.

La sinceridad era clara.

Oliver se quedó en silencio durante algunos segundos.

Recordaba la promesa.

"Tendrás tu independencia. Tu espacio."

Gabriel estaba cumpliéndola.

—Yo… —respiró profundo—. No me importa.

Gabriel levantó levemente una ceja.

—¿Estás seguro?

Oliver asintió.

—Estamos casados ahora.

Las palabras aún sonaban extrañas saliendo de su propia boca.

Gabriel lo observó durante algunos segundos.

Largamente.

Como si estuviera evaluando algo más allá de lo que se decía.

—Muy bien —respondió, finalmente.

Oliver entró en la habitación, pasando los dedos distraídamente por la colcha suave de la cama.

Era cómodo.

Seguro.

Diferente de todo lo que había tenido.

Pero, al mismo tiempo, algo apretó levemente su pecho.

Nostalgia.

Había dejado su pequeño apartamento.

Su espacio.

Su mundo.

Y ahora estaba aquí.

En un lugar que parecía demasiado grande para sus propios sueños.

—¿Estás arrepentido? —la voz de Gabriel surgió detrás de él.

Oliver se volteó rápidamente.

—No.

Vaciló.

Pero no era mentira.

—Solo… es demasiado de golpe.

Gabriel asintió, acercándose algunos pasos.

—Lo sé.

El tono era diferente.

Menos formal.

Más humano.

—Si quieres, podemos hacer esta transición poco a poco —continuó—. Puedes mantener contacto con tu antigua rutina. Tu trabajo. Tus pasatiempos.

Oliver sonrió levemente.

—¿Todavía puedo coser?

Gabriel casi pareció sorprendido por la pregunta.

—Claro.

Hizo una breve pausa.

—De hecho, hay un espacio que tal vez te interese.

Oliver frunció levemente el ceño.

Gabriel lo condujo hasta una puerta más pequeña al final del pasillo.

La abrió.

Y reveló una habitación vacía, bien iluminada, con una mesa grande arrimada a la pared y suficientes tomacorrientes para cualquier equipo.

—Pensé que podrías usarla como taller.

El corazón de Oliver se detuvo por un segundo.

Taller.

No solo un rincón improvisado.

Un espacio de verdad.

—¿Tú… preparaste esto?

—Solo imaginé que querrías seguir haciendo lo que amas.

Oliver se quedó sin palabras.

Caminó lentamente hasta el centro de la habitación, girando despacio.

Era perfecto.

Simple.

Pero perfecto.

Sus ojos ardieron levemente.

—Gabriel… yo…

No sabía qué decir.

Gratitud parecía demasiado poco.

Gabriel solo observaba.

Silencioso.

Atento.

—No necesitas agradecer —dijo finalmente—. Solo vive bien aquí.

La misma frase de antes.

Oliver respiró profundo.

—Voy a intentarlo.

Hubo un momento de silencio cómodo.

Hasta que el celular de Gabriel vibró.

El clima cambió instantáneamente.

Su mirada se volvió más seria.

Más calculadora.

Contestó.

—Habla.

Oliver observó el cambio con atención.

La voz de Gabriel era más fría ahora.

Más autoritaria.

No podía escuchar lo que decían del otro lado de la línea, pero percibió algo importante:

El mundo de Gabriel era mucho más grande —y más peligroso— que aquel apartamento lujoso.

Después de algunos segundos, Gabriel colgó.

—Necesito salir por algunas horas —informó.

Oliver asintió automáticamente.

—¿Trabajo?

—Sí.

Caminó hasta la puerta, pero se detuvo antes de salir por completo.

Se volvió.

Y miró a Oliver de forma directa.

—Si necesitas cualquier cosa, hay empleados en el edificio a tu disposición. Y dos guardias de seguridad estarán siempre cerca.

Oliver parpadeó.

—¿Dos?

—Discretos —aseguró Gabriel.

Hizo una breve pausa.

Sus ojos azules se suavizaron levemente.

—Cuídate.

Y entonces salió.

La puerta se cerró con un clic suave.

El silencio se apoderó del apartamento.

Oliver se quedó de pie en medio de la sala durante algunos segundos.

Solo.

En un lugar enorme.

En una vida nueva.

Caminó hasta la ventana, observando la ciudad abajo.

Era real.

Estaba casado.

Su madre estaba siendo tratada.

Tenía un nuevo hogar.

Un taller.

Protección.

Y un esposo que, a pesar de misterioso y peligroso… parecía genuinamente preocupado por él.

Oliver apoyó la frente levemente en el vidrio frío.

—¿Qué hice…? —murmuró, pero sin arrepentimiento en la voz.

Su celular vibró.

Era un mensaje de James:

"Oliver, el hospital confirmó el inicio del tratamiento. ¿Cómo lo conseguiste tan rápido?"

Su corazón se apretó.

La mentira estaba comenzando.

Escribió lentamente:

"Conseguí un trabajo mejor. Después te explico."

Sabía que aquello no sería suficiente por mucho tiempo.

Pero, por ahora, era lo necesario.

Oliver respiró profundo.

Se volvió.

Caminó hasta el taller vacío.

Pasó la mano sobre la mesa amplia.

Una pequeña sonrisa surgió en sus labios.

—Tal vez… tal vez esto pueda funcionar.

Aún no sabía que aquel apartamento lujoso no sería solo su nuevo hogar.

Sería el escenario de disputas.

Celos.

Envidia.

Y un mundo que comenzaría a revelar su lado más sombrío muy pronto.

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