Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.
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capitulo 18
...Cinco Años Después...
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Cinco años pasan rápido cuando no estás contando los días para que no te maten.
El refugio de Ceniza ya no parecía un refugio. Era un pueblo. Calles de tierra dura, casas de madera, humo saliendo de las chimeneas cada mañana. Los niños corrían sin mirar atrás. Los viejos se sentaban al sol sin agarrar un cuchillo.
Elena caminaba por la plaza con una mano en la espalda baja. Tenía 33 años y se sentía de 50. No por el trabajo. Por tres niños.
Lira y Kael Jr. tenían 5 años.
Kael Roran tenía 1 año y medio.
Ninguno dormía bien.
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Mañana en casa
Elena bajó a la cocina y encontró a Kael Jr. intentando hacer pan.
Había harina en el suelo, en la mesa, en el pelo.
Lira estaba sentada en una silla dándole instrucciones como si fuera chef.
Kael Roran estaba en el suelo mordiendo una cuchara de madera.
“Buenos días”, dijo Elena.
Los tres la miraron.
“Mamá, Kael Jr. hizo un desastre”, dijo Lira.
“Yo no”, dijo Kael Jr. “Fue la harina”.
Kael Roran se rió y tiró la cuchara.
Elena se rindió.
“Desayunamos pan comprado hoy”.
Kael entró con cara de haber dormido 3 horas.
Roran entró detrás con la misma cara.
Habían estado revisando la guardia nocturna.
“¿Otra vez?”, preguntó Kael al ver la cocina.
“Otra vez”, dijo Elena.
Roran agarró una escoba.
“Yo limpio. Ustedes coman”.
Nadie discutió.
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Escuela del refugio
A las 9 a.m. llevaron a Lira y Kael Jr. a la escuela.
Era un edificio grande con tres salones.
40 niños. 3 maestros.
Nada que ver con la sala de una sola mesa de hace 5 años.
Lira entró corriendo.
Kael Jr. entró caminando despacio, observando.
Como siempre.
La maestra, Mara Jr., saludó a Elena.
“Hoy tienen presentación. Van a contar qué quieren ser de grandes”.
Elena asintió.
“Que Dios nos ayude”.
Salieron.
Kael Roran iba en brazos de Roran, dormido.
Era la única hora del día que dormía.
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Reunión del consejo
Elena presidió 2 horas.
No más.
Había delegado tanto que el consejo funcionaba solo.
Habló el del norte: la cosecha iba bien.
Habló el del este: la ruta comercial tenía un problema con bandidos.
Elena escuchó, aprobó un plan, mandó a Roran a resolverlo.
“¿Y tú vas a ir?”, preguntó Mireya.
Roran asintió.
“Me llevo a 15. Vuelvo en 3 días”.
Elena lo miró.
“Vuelve entero”.
Roran sonrió.
“Siempre vuelvo”.
Kael se quedó en el refugio.
Alguien tenía que quedarse con Elena y los niños.
___
Tarde con Kael Roran
Elena se quedó en casa con Kael Roran.
Era la única forma de que durmiera la siesta.
Si lo dejaba con los gemelos, no dormía.
Se sentó en la mecedora con él en brazos.
Kael Roran tenía los ojos grises de Roran y la terquedad de Kael.
Ya caminaba. Ya decía “mamá”, “papá”, “no”.
Elena le acarició el pelo.
“Eres el más tranquilo”, dijo.
Kael Roran le agarró el dedo y se durmió.
Elena cerró los ojos 10 minutos.
No más.
No podía.
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Presentación en la escuela
A las 3 p.m. fueron a la escuela.
Lira subió primero.
“Quiero ser maestra”, dijo.
“Para que todos aprendan a leer como yo”.
Aplaudieron.
Kael Jr. subió después.
Se quedó callado 10 segundos.
“Quiero ser como papá Kael”, dijo.
“Para proteger a mi familia”.
Aplaudieron más fuerte.
Elena se le hizo un nudo en la garganta.
Kael se limpió la nariz con disimulo.
Roran no estaba. Estaba en el camino al este.
Cuando salieron, Lira agarró la mano de Elena.
Kael Jr. agarró la mano de Kael.
Kael Roran seguía dormido.
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Noche: Vuelve Roran
Roran volvió al anochecer.
Sucio, cansado, pero entero.
Había agarrado a los bandidos sin pelear.
Solo habló.
Eso bastaba ahora.
Cenaron los cinco.
Kael Roran comió puré y lo tiró todo al suelo.
Los gemelos se rieron.
Roran limpió.
Después de acostar a los niños, los tres se sentaron en la cocina.
Silencio.
Cansancio.
Pero un cansancio bueno.
“¿Recuerdas cuando pensábamos que esto era imposible?”, preguntó Elena.
Kael asintió.
Roran sonrió.
“Ahora es normal. Y me gusta lo normal”.
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Noche: Conversación pendiente
Elena se quedó mirando a Roran.
Había algo que quería decir desde hace semanas.
“Los gemelos preguntaron por un hermanito”, dijo.
Roran parpadeó.
Kael levantó la vista.
Elena se rió.
“No ahora. Pero lo dijeron. Y me hizo pensar”.
Kael se recostó en la silla.
“Tenemos tres. Es suficiente”.
Roran asintió.
“Es suficiente. Pero si pasa, pasa”.
Elena asintió.
No era un plan.
Era una puerta abierta.
Se fueron a dormir.
Los tres en la misma cama.
Como siempre.
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Día siguiente: Problema pequeño
Kael Roran se enfermó.
Fiebre baja, mocos, mal humor.
Nada grave. Pero suficiente para que nadie durmiera.
Elena no fue al consejo.
Kael se quedó en casa.
Roran canceló su viaje al norte.
Pasaron el día turnándose.
Mara vino a revisar.
“Virus. Pasa en 3 días”.
Y pasó.
El tercer día Kael Roran se levantó corriendo.
Como si nada hubiera pasado.
Elena se sentó en la cocina y respiró.
Kael le puso una taza de té en la mano.
Roran le puso una manta en los hombros.
“No vuelvas a hacernos eso”, dijo Roran.
Kael Roran no respondió. Estaba comiendo pan.
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Tarde: Visita inesperada
Llegó un mercader del este.
Traía una carta.
Sin firma.
Otra vez los Hijos de la Purga.
“Si no entregan a los niños, morirán todos”.
Elena leyó la carta una vez.
La quemó.
Kael y Roran estaban ahí.
No dijeron nada.
No hacía falta.
Esa noche reforzaron la guardia.
No por miedo.
Por costumbre.
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Noche: Conversación real
Después de acostar a los niños, los tres se sentaron en la cocina.
Elena puso la carta quemada en la mesa.
“No van a llegar”, dijo Kael.
“No van a llegar”, dijo Roran.
Elena asintió.
“Pero si llegan, estamos listos”, dijo Elena.
Kael asintió.
Roran asintió.
No hablaron de miedo.
Hablaron de planes.
De guardias.
De rutas de escape.
De qué harían si pasaba.
Y se fueron a dormir sabiendo que habían hecho todo lo que podían.
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Fin de semana: Día de familia
El sábado no hubo trabajo.
No hubo consejo.
No hubo guardia.
Fueron al río.
Los gemelos jugaron en el agua.
Kael Roran se quedó en la orilla con Roran, tirando piedras.
Kael hacía fuego para asar pescado.
Elena se sentó en la hierba y miró.
Tres niños.
Dos hombres que la miraban como si fuera lo único que importara.
Un pueblo que dormía tranquilo.
“Esto”, dijo.
Kael se sentó a su lado.
“Esto qué?”
“Esto es lo que peleamos”.
Roran se acercó y se sentó del otro lado.
“Vale la pena”, dijo.
Se quedaron ahí hasta que el sol se fue.
Sin hablar.
Sin necesidad.
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Noche: Decisión
Esa noche, cuando los niños dormían, Elena dijo algo.
“Quiero que el próximo viaje al este vayan los gemelos conmigo”.
Kael frunció el ceño.
“¿Solos?”
“No solos. Conmigo. Ya tienen 5 años. Tienen que ver más mundo”.
Roran pensó 10 segundos.
“Está bien. Pero voy yo también”.
Kael asintió.
“Yo me quedo con Kael Roran. Alguien tiene que quedarse con el desastre pequeño”.
Se rieron.
Era un plan.
Un plan normal.
De una familia normal.