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Eres Mi Error Mas Caro CEO

Eres Mi Error Mas Caro CEO

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Mujer fuerte/hombre frágil / Amor-odio
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Para salvar a su familia, ella firmó un contrato con el hombre más poderoso de la ciudad… sin imaginar que estaba vendiendo su libertad.
Frío, dominante y peligroso, él no cree en el amor, pero sí en la posesión.
Lo que empezó como un acuerdo se convierte en una relación marcada por el control, los celos y una atracción imposible de romper.
Porque en su mundo, amar no es proteger… es destruir.
Y ahora que la tiene, no piensa dejarla ir… aunque eso la rompa por completo.

NovelToon tiene autorización de Pluma Magna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La puerta que no se cerró

Valeria salió del despacho con el corazón latiéndole demasiado fuerte y la garganta llena de palabras que no había dicho. Había enfrentado a Isabela otra vez, pero esta vez no se sentía victoriosa. Se sentía cansada, como si cada batalla en esa casa le arrancara una capa de piel. Subió las escaleras despacio, con el bolso apretado contra el costado y la mirada fija en los escalones, intentando no pensar en la frase de Damián: No necesito que Valeria me ame para saber que usted no tiene derecho a destruirla. No era una declaración. No era ternura. No era amor. Pero había algo en esas palabras que le había tocado un lugar que no quería reconocer. Y eso la enfurecía más que cualquier insulto de Isabela.

Cuando llegó a su habitación, no entró de inmediato. Se quedó frente a la puerta, con la mano sobre el pomo, respirando como si acabara de correr. Esa casa le exigía fuerza incluso en los pasillos. Una debía estar lista para defender su nombre en la sala, su dignidad en el comedor, sus límites en la habitación y su corazón en cualquier silencio. Cerró los ojos y pensó en Tomás, en su madre, en la forma en que Amelia le había dicho que una mujer podía sentir y aun así elegir bien. Pero ¿qué se hacía cuando sentir empezaba a parecer una traición a una misma? ¿Qué se hacía cuando el hombre que la había herido empezaba a aprender justo las palabras que podían desarmarla?

Un sonido leve la hizo girarse. Damián estaba al final del pasillo. No se acercó de inmediato. Se quedó allí, con las manos a los costados, el rostro serio y los ojos más cansados que fríos. Valeria apretó los dedos sobre el pomo de la puerta, como si necesitara recordar que todavía podía entrar y cerrar.

—No me siga como si tuviera algo más que decirme —dijo ella, con voz baja—. Ya enfrentamos a su madre, ya salimos vivos de otro incendio y ya tuvo su momento de hombre correcto frente a una mujer cruel. No venga ahora a convertir eso en una conversación donde yo tenga que agradecerle o explicarle por qué me afectó escucharlo defenderme.

Damián bajó la mirada un segundo. Cuando volvió a levantarla, no había arrogancia en su rostro. Eso era lo peor. —No vine a pedirle gratitud. Vine a decirle que tiene derecho a estar cansada de mí también. A veces olvido que mi madre no es la única guerra que enfrenta en esta casa. Yo soy otra. Tal vez la primera. Y si hace un momento la defendí, no borra que fui yo quien la puso en el centro de todo esto.

Valeria sintió que esa frase le golpeaba más hondo de lo que quería. Se giró completamente hacia él, apoyando la espalda en la puerta. —No sabe cuánto me molesta cuando dice algo justo. Porque entonces ya no puedo odiarlo limpio. Y yo necesito odiarlo limpio, Damián. Necesito recordar que esto empezó con una firma que me dolió en la mano, con mi familia llorando, con mi vida metida en una carpeta negra. Cada vez que usted hace algo bien, me obliga a pelear también contra la parte de mí que se pregunta si todavía hay algo humano debajo de todo lo que me hizo.

Damián dio un paso, pero se detuvo al verla tensarse. Esa pausa ya era un idioma entre ellos. —Hay algo humano. No sé si suficiente. No sé si todavía sirve. Pero existe. Y usted lo está viendo antes de que yo sepa qué hacer con él.

Valeria soltó una risa suave, rota, casi sin aire. —No me entregue esa humanidad como si yo tuviera que cuidarla. No soy Lucía. No soy Renata. No soy la mujer que viene a rescatarlo de su madre, ni de su culpa, ni de sus años de control. Si hay algo humano en usted, tendrá que sostenerlo usted mismo. Yo apenas estoy sosteniendo lo mío.

Damián asintió lentamente. Sus ojos no se apartaron de ella, pero tampoco la invadieron. —Lo sé. Y aun así, necesito decirle algo antes de que cierre esa puerta. Mi madre no va a detenerse. Lo de la prensa fue apenas el inicio. Si no puede controlarme a mí, va a intentar controlarla a usted por otro lado. Su familia, su reputación, su miedo. Isabela no pierde con elegancia, Valeria. Se retira con una sonrisa y vuelve con algo más afilado.

Valeria sintió que el estómago se le cerraba. Su primer impulso fue pensar en Amelia. Luego en Tomás. Después en su casa, en las ventanas, en las personas mirando demasiado. —Entonces vamos a hacer algo distinto —dijo despacio, sorprendida por su propia calma—. No voy a esperar a que su madre elija por dónde atacar. Mañana quiero ver a mi familia y hablar con ellos antes de que otro rumor llegue primero. Quiero explicarles lo que pueda explicarles, sin maquillaje y sin mentiras bonitas. Y usted no va a decidir cómo debo hacerlo.

Damián sostuvo su mirada. La lucha apareció de inmediato en su rostro: el impulso de planear, de ordenar, de proteger con exceso. Pero respiró.

—De acuerdo. Usted hablará con ellos. Yo solo estaré si me lo pide.

Valeria lo miró, buscando la trampa. No la encontró. Eso la inquietó más. —Y si no se lo pido, no entra.

—No entro.

—Y si Tomás lo insulta, no responde como si estuviera en una junta de accionistas defendiendo su poder.

Una sombra casi imperceptible le tocó la boca a Damián. No era una sonrisa completa. Apenas una grieta. —Intentaré no merecer el segundo insulto.

Valeria sintió que algo peligroso le rozaba el pecho. Cansancio, quizá. O una ternura que todavía no tenía permiso de existir. Abrió la puerta de su habitación, pero antes de entrar, lo miró una vez más.

—No haga esto difícil.

Damián frunció apenas el ceño.

—¿Qué cosa?

Valeria apretó los labios. No debía decirlo. Pero estaba demasiado cansada para mentir del todo.

—Odiarlo.

Entró y cerró la puerta.

Esta vez giró la llave.

No porque temiera que él entrara.

Sino porque necesitaba protegerse de la parte de ella que había querido dejarla abierta.

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Marta Ndong mansuy
Masssss
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