Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 24: Los que recuerdan
La marca de media luna brilló bajo la luz de la luna.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
El lobo permanecía inmóvil al frente de los demás. Era grande, de pelaje oscuro y ojos claros. No gruñía. No mostraba los dientes.
Solo la observaba.
Los otros cinco se mantenían unos pasos detrás.
En silencio.
Como si esperaran.
Kael seguía delante de ella, pero Alina podía sentir que incluso él había dejado de respirar con normalidad.
Lyra dio un paso muy lento hacia adelante.
—No puede ser —murmuró.
El hombre de cabello blanco tampoco apartó la mirada del grupo.
—Hace mucho que no veía esto.
La mujer del bastón parecía más rígida que antes.
Incluso Darian guardaba silencio.
El valle entero había cambiado.
El viento se movía despacio.
Los pétalos giraban en círculos lentos alrededor de la colina.
Y los lobos seguían allí.
Esperándola.
—¿Quiénes son? —preguntó Alina.
La respuesta llegó de Lyra.
—Los que recuerdan.
El pecho se le apretó.
—¿Qué significa eso?
La mujer la miró.
En sus ojos había algo distinto.
No solo tensión.
También memoria.
—Mi madre me habló de ellos cuando era niña —dijo—. Pensé que eran solo historias antiguas.
—¿Historias de qué?
—De los primeros guardianes.
El latido bajo su piel respondió.
Más profundo.
Más vivo.
—Cuando las antiguas manadas se dividieron —continuó Lyra—, algunos no siguieron a ningún alfa.
El hombre de cabello blanco asintió.
—Eligieron permanecer con el bosque.
El aire pareció volverse más frío.
—¿Y por qué están aquí?
Los ojos del hombre se clavaron en ella.
—Porque te reconocieron.
El corazón se aceleró.
—¿Cómo?
Nadie respondió de inmediato.
Entonces el lobo de la media luna dio un paso adelante.
Kael se tensó.
—No.
Pero el animal no se detuvo.
Alina sintió miedo.
Y, al mismo tiempo, algo extraño.
No era amenaza.
Era una familiaridad imposible.
Como si lo hubiera visto antes.
No en la vida.
En un recuerdo.
En un sueño.
El lobo se detuvo a pocos pasos.
Luego inclinó la cabeza.
No en sumisión.
En reconocimiento.
El silencio cayó.
—No puede ser —susurró la mujer del bastón.
Alina tragó saliva.
—¿Qué quiere?
Lyra bajó la voz.
—Tal vez… quiere que lo escuches.
La respiración se volvió corta.
—¿Escucharlo?
—El llamado no despierta solo fuerza —dijo el hombre de cabello blanco—. A veces despierta memoria.
El latido bajo su piel respondió con violencia.
De pronto el aire cambió.
El mundo pareció inclinarse.
Alina sintió un zumbido profundo en los oídos.
Y entonces lo oyó.
No fue una voz humana.
No fue un sonido.
Fue una sensación convertida en pensamiento.
Hija de la luna.
Se quedó inmóvil.
El corazón casi se detuvo.
—¿Lo oyes? —preguntó Lyra.
Alina apenas pudo asentir.
El lobo seguía mirándola.
La presencia volvió.
La sangre recuerda.
El pecho se le cerró.
No sabía cómo explicar aquello.
No estaba escuchando con los oídos.
Lo estaba sintiendo dentro.
Como si la tierra hablara.
Como si el bosque hubiera encontrado un lenguaje.
—¿Qué está diciendo? —preguntó Kael.
Alina respiró con dificultad.
—Dice… que la sangre recuerda.
El hombre de cabello blanco cerró los ojos por un instante.
Como si confirmara algo.
—Entonces es verdad.
Darian dio un paso adelante.
—¿Qué verdad?
El desconocido lo miró con calma.
—Ella puede oír a los que recuerdan.
El aire se volvió más pesado.
La mujer del bastón apretó el bastón con fuerza.
—Eso no debería haber despertado tan pronto.
El lobo dio otro paso.
Esta vez Alina no retrocedió.
Sentía miedo.
Pero también una fuerza nueva.
Algo dentro de ella parecía querer acercarse.
El pensamiento volvió.
La guardiana vive.
El corazón le golpeó las costillas.
—¿Qué?
Todos la miraron.
—¿Qué dijo? —preguntó Kael.
Las manos le temblaban.
—Dijo… que la guardiana vive.
El silencio cayó de golpe.
Lyra palideció.
—La guardiana…
El hombre de cabello blanco bajó la voz.
—Tu madre.
La respiración se le cortó.
—¿Mi madre?
El lobo sostuvo su mirada.
Y una última sensación llegó hasta ella.
Más clara.
Más urgente.
Está cerca.
El pecho le dolió.
Las lágrimas le ardieron en los ojos.
—¿Dónde? —susurró.
El animal giró lentamente la cabeza hacia el bosque.
Hacia el norte.
Todos siguieron ese movimiento.
El valle pareció contener la respiración.
Y entonces, desde muy lejos, algo atravesó la noche.
Un aullido.
No era como los otros.
Era más largo.
Más profundo.
Más triste.
Y Alina sintió el corazón detenerse por un instante.
Porque conocía esa presencia.
No sabía cómo.
Pero la conocía.
Una lágrima rodó por su mejilla.
—Es ella —susurró.
Kael giró hacia ella.
—¿Qué dijiste?
Alina levantó la vista.
Tenía la respiración rota.
Pero en sus ojos ya no había solo miedo.
Había certeza.
—Mi madre me está llamando.