Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 22: Apariciones
La noche del evento llegó.
Todo estaba perfectamente dispuesto.
Luces elegantes.
Música envolvente.
Conversaciones que iban y venían entre copas de vino y sonrisas calculadas.
El escenario ideal…
para lo inesperado.
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Elena y Héctor hicieron su entrada.
Impecables.
Distinguidos.
Observando cada detalle con la naturalidad de quienes están acostumbrados a ese tipo de ambientes.
—Está bien organizado —comentó Héctor con tono sobrio.
—Sí… —respondió Elena, distraída—. Aunque hay algo…
No terminó la frase.
Porque en ese momento…
la vio.
Aura.
Elena se quedó inmóvil.
—Héctor…
Su voz apenas fue un susurro.
Él siguió su mirada.
Y al verla…
también se detuvo.
—Es ella…
Elena sintió cómo el pecho se le apretaba.
—Es Aura…
La misma.
Pero no la misma.
Había cambiado.
Y aun así…
seguía siendo esa mujer que, para ella, siempre fue la indicada para su hijo.
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En otro punto del salón…
Gabriel acababa de llegar.
Saludó a un par de conocidos.
Hasta que su mirada recorrió el lugar…
y se detuvo.
En ella.
—No puede ser… Aura…
No esperaba verla.
No ahí.
No después de tanto tiempo.
Y mucho menos…
así.
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Las conversaciones bajaron de tono.
Y todas las miradas se dirigieron a la gran pantalla.
—Damas y caballeros… —anunció una voz—. Les presentamos el preestreno oficial.
Y entonces…
comenzó.
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El comercial apareció con una estética.
La fusión entre ambas marcas era evidente: sofisticación, frescura y una narrativa visual envolvente.
Y en el centro de todo…
Aura.
Su imagen llenó la pantalla.
Segura.
Magnética.
Natural… a pesar de que por dentro, en ese momento del rodaje, no lo había sido.
Los periodistas tomaban notas.
Algunos murmuraban entre sí.
—Excelente dirección visual…
—La presencia de la modelo eleva el concepto…
—Una campaña muy bien lograda…
Los flashes no tardaron en aparecer cuando terminó.
Aplausos.
Sinceros.
Constantes.
Mauricio observaba desde un extremo.
Adrián desde otro.
Ambos en silencio.
Pero atentos.
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Minutos después…
la prensa comenzó a retirarse.
El ambiente se relajó.
Se volvió más íntimo.
Más social.
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En una de las mesas…
Camila, Daniela y Aura compartían una jarra de cerveza.
—Todavía no lo supero —dijo Camila, sirviéndose—. Eras tú… en una pantalla gigante.
—Y todos babeando —añadió Daniela, divertida.
Aura rodó los ojos.
—No exageren.
—¿Exagerar? —Camila soltó una risa—. Por favor, estabas increíble.
Aura negó, tomando un trago.
—No es lo mío.
—Se notaba —bromeó Daniela—. Tenías cara de “sáquenme de aquí”.
Aura no pudo evitar sonreír.
—Lo estaba pensando todo el tiempo.
Las tres rieron.
El ambiente entre ellas era ligero.
Cómplice.
Un pequeño respiro en medio de todo.
—¿Y cómo te sientes? —preguntó Camila, esta vez más seria—. Después de tantas cámaras encima.
Aura se encogió de hombros.
—Incómoda… al principio.
Pausa.
—Luego… solo quería que terminara.
Daniela la miró con ternura.
—Pero lo hiciste bien.
—Demasiado bien —añadió Camila.
Aura bajó la mirada a su vaso.
—Fue trabajo.
—Y un gran trabajo —intervino una voz masculina.
Las tres levantaron la vista.
Adrián.
—Gracias, señor Ferrer —respondió Aura, retomando su postura profesional.
Adrián la miró.
—¿Me concedes este baile?
El silencio duró un segundo.
Aura abrió la boca para negarse.
—Yo…
—Ve —la interrumpió Camila en voz baja, empujándola ligeramente—. No seas aburrida.
—Sí, ve —añadió Daniela—. Es solo un baile.
Aura las miró.
Dudó.
—No es buena idea…
—Es tu jefe, no te va a comer —susurró Camila con una sonrisa traviesa.
Aura suspiró.
Y finalmente…
cedió.
—Está bien.
Adrián extendió la mano.
Y ella la tomó.
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La música subió de intensidad.
Camila estaba apoyada en la mesa, copa en mano, cuando una voz conocida apareció detrás de ella.
—Mira quién está aquí…
Ella giró lentamente.
Y lo vio.
Gabriel.
—Pensé que estabas perdido en el campo —respondió ella, directa, sin filtro.
Gabriel se acercó un poco más.
—Solo vine a buscar algo que dejé pendiente.
Camila alzó una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Y qué sería eso?
Él sonrió.
Sin apuro.
—A ti, morenita.
Camila soltó una risa corta.
—Eres un problema.
—Tu problema favorito —corrigió él.
Le extendió la mano.
—Vamos a bailar.
Camila lo miró unos segundos.
Evaluando.
Como si quisiera decir que no…
pero no lo hizo.
—Solo porque me da curiosidad verte intentar seguirme el paso.
Gabriel sonrió más.
—Acepto el reto.
Y la llevó a la pista.
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A pocos metros…
Ricardo se acercó a Daniela.
—¿Me concedes esta pieza?
Daniela lo miró con una sonrisa suave.
—Siempre.
Tomó su mano.
Y se unieron al resto.
La pista comenzó a llenarse.
Parejas.
Risas.
Movimientos sincronizados con la música.
Aura y Adrián ya estaban bailando.
Él la guiaba con seguridad.
Demasiado cerca.
Demasiado cómodo.
—Te ves más relajada —murmuró él.
—Lo intento —respondió ella.
Pero sus ojos…
no estaban del todo ahí.
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Desde otro punto del salón…
Mauricio los observaba.
La forma en que Adrián la sostenía.
Le hervía la sangre.
Sin pensarlo demasiado…
se giró.
Y buscó una salida.
—Silvana.
Ella se giró de inmediato.
—¿Sí?
—Baila conmigo.
No fue una invitación.
Fue una orden disfrazada.
Silvana sonrió.
Triunfante.
—Por supuesto.
Tomó su mano.
Y se dejaron llevar por la música.
Pero Mauricio…
no estaba ahí.
Sus ojos…
volvían una y otra vez a Aura.
La vio reír ligeramente.
La vio girar.
La vio cerca de otro hombre.
Y algo dentro de él…
se rompió.
O se desbordó.
Los celos.
La rabia.
El orgullo.
Todo junto.
Apretó la mano de Silvana más de la cuenta.
—¿Todo bien? —preguntó ella, notando la tensión.
Pero él no respondió.
Porque en ese momento…
ya había tomado una decisión.
La música cambió de ritmo.
Las parejas se movieron.
Y Mauricio aprovechó.
Sin avisar.
Sin pedir permiso.
Se acercó.
Adrián apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Mauricio intervino.
—Me permites.
Su voz fue firme.
Innegable.
En un movimiento calculado…
intercambió posiciones.
Y cuando todo se acomodó de nuevo…
las parejas ya no eran las mismas.
Ahora…
Mauricio estaba frente a Aura.
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Mauricio no dijo nada.
Solo la tomó por la cintura.
Aura contuvo la respiración.
Sus manos encontraron los hombros de él.
Y el baile comenzó.
Sus cuerpos se movían al ritmo de la música.
Como si el mundo alrededor no existiera.
Como si los años no hubieran pasado.
Aura evitaba mirarlo demasiado tiempo.
Mauricio, en cambio…
no apartaba la mirada.
Y desde fuera…
una pareja.
En medio del baila Camila se inclinó hacia Ricardo.
—Va a arder Troya…
Ricardo soltó una exhalación baja.
—Ya empezó.
Daniela, también los observaba, negó suavemente.
Luego miró a Gabriel, que tampoco apartaba la vista de la pista.
—Dime que esto no va a terminar mal…
Gabriel cruzó los brazos, serio por primera vez.
—Ojalá pudiera mentirte.
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Adrián observaba sin poner mucho interés en en el baile con Silvana.
La mandíbula tensa.
Los ojos fijos en Aura.
En cómo se movía con Mauricio.
En lo natural que parecía.
En lo que no había podido lograr con él.
Silvana ardía.
Literalmente.
Su sonrisa había desaparecido.
—Esto no se va a quedar así… — pensó.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...