Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 13: La marca de luna
La figura salió de entre los árboles con una calma que puso a Alina aún más tensa.
La luna apenas alcanzaba a iluminar su rostro, pero era suficiente para distinguir algunos detalles. Era una mujer. Alta. Delgada. Su cabello oscuro caía sobre los hombros y en su cuello brillaba una marca en forma de media luna.
Kael se movió de inmediato.
Se colocó delante de Alina con el cuerpo rígido.
—No des un paso más —advirtió.
La mujer se detuvo.
No parecía asustada.
Tampoco parecía sorprendida.
Sus ojos claros se clavaron en Alina.
Había algo extraño en aquella mirada.
No era hostilidad.
Era reconocimiento.
—Así que eres tú —dijo.
El corazón de Alina golpeó con fuerza.
—¿Quién eres? —preguntó.
La mujer no respondió enseguida.
Su mirada pasó de ella a Kael.
—Te encontraron antes de lo que imaginé.
Kael tensó la mandíbula.
—Responde.
Ella soltó un suspiro corto.
—Mi nombre es Lyra.
El viento agitó las ramas.
Alina no apartó la mirada.
—¿Trabajas para Darian?
Por un instante, algo oscuro cruzó el rostro de la mujer.
—No.
—Entonces ¿por qué nos sigues?
Lyra dio un paso lento hacia ellos.
Kael volvió a interponerse.
—Dije que no te acercaras.
La mujer lo observó sin alterarse.
—Si quisiera entregarlos, no estaría hablando contigo.
Aquellas palabras quedaron flotando en el aire.
El corazón de Alina seguía acelerado.
Había algo en aquella presencia que la inquietaba, pero no del mismo modo que la sombra de antes.
No olía a amenaza.
Olía a bosque.
A lluvia.
A tierra húmeda.
Y a un recuerdo lejano que no lograba nombrar.
—¿Cómo sabes quién soy? —preguntó Alina.
Lyra la observó con una intensidad extraña.
—Porque conocí a tu madre.
El mundo pareció detenerse.
Alina dio un paso al frente antes de darse cuenta.
—¿Qué?
Kael giró apenas la cabeza hacia ella.
—Alina…
Pero ya era tarde.
—¿La conociste? —repitió.
Lyra asintió.
—Hace años.
El pecho le dolía.
—¿Dónde está?
La mujer guardó silencio.
Aquello le heló la sangre.
—¿Está viva?
—Sí.
La palabra golpeó con fuerza.
Kael la miró de reojo.
Alina sintió que las piernas le temblaban.
—¿Dónde está?
Lyra bajó un instante la mirada.
—No lo sé con exactitud.
La esperanza y la rabia chocaron dentro de ella.
—Entonces no sabes nada.
—Sé más de lo que imaginas.
La respuesta salió firme.
—Y sé que Darian ya sabe que despertaste.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
—¿Qué significa eso?
Lyra miró hacia el bosque antes de hablar.
—Significa que no le interesa solo encontrarte. Le interesa llevarte.
Kael dio un paso hacia ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque vengo de allí.
El silencio cayó de golpe.
El viento parecía haberse detenido.
—¿De allí? —preguntó Kael.
—Sí.
La expresión de Lyra cambió.
Por primera vez dejó ver cansancio.
—Escapé hace tres noches.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Estabas con mi madre?
La mujer tardó unos segundos en responder.
—Sí.
El aire desapareció.
—¿La viste?
Lyra asintió lentamente.
Las lágrimas le ardieron en los ojos.
—¿Cómo estaba?
La mujer la miró con una tristeza tranquila.
—Viva. Fuerte. Pensando en ti.
El pecho de Alina se contrajo.
No supo cuándo comenzaron a temblarle las manos.
Durante años había vivido con un vacío.
Ahora ese vacío tenía voz.
Tenía rostro.
Tenía respiración.
—¿Por qué no vino? —preguntó en un susurro.
Lyra apretó los labios.
—Porque no podía.
Kael mantuvo la vista fija en ella.
—¿Por qué escapaste?
La mujer levantó la mirada.
—Porque ella me pidió que lo hiciera.
Alina contuvo la respiración.
—¿Mi madre?
—Sí.
—¿Qué te pidió?
Lyra dio un paso muy pequeño hacia delante.
Esta vez Kael no la detuvo.
—Que te encontrara antes que Darian.
El corazón le golpeó las costillas.
—¿Por qué?
—Porque ya no queda tiempo.
Un aullido lejano atravesó la noche.
Los tres se quedaron inmóviles.
Lyra volvió la cabeza hacia el bosque.
La tensión regresó de inmediato.
—No están lejos —murmuró.
Kael dio un paso hacia ella.
—¿Cuántos?
—Más de los que me gustaría.
Alina sintió que el aire se volvía más pesado.
—¿Vienen por mí?
Lyra la miró.
—Sí.
El miedo subió por su espalda como hielo.
—¿Por qué yo?
La mujer guardó silencio.
Parecía dudar.
Después habló en voz baja.
—Porque llevas algo que Darian lleva años buscando.
El corazón de Alina se detuvo por un instante.
—¿Qué llevo?
Lyra la observó fijamente.
Y justo cuando iba a responder, un crujido fuerte rompió el silencio.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Kael se tensó de inmediato.
Lyra retrocedió un paso.
Y desde la oscuridad del bosque, varias sombras comenzaron a moverse entre los árboles.