NovelToon NovelToon
.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

El sonido del motor…

era lo único constante.

Todo lo demás…

seguía desordenado.

Respiración agitada.

Silencio pesado.

Y una sensación…

que no se iba.

Araiya seguía mirando la laptop.

Como si en cualquier momento…

fuera a desaparecer.

Como si soltarla…

significara perderlo todo otra vez.

—Tranquila… —murmuré.

Pero ni yo lo estaba.

—No lo estoy.

Su voz fue baja.

Pero firme.

—No después de eso.

El silencio cayó otra vez.

Uno más tenso.

Más consciente.

—Casi nos atrapan.

—No lo hicieron.

—Pero pudieron.

Eso…

no se podía negar.

Y ambos lo sabíamos.

Entramos a la propiedad.

Pero esta vez…

no se sentía igual.

No era refugio.

No era calma.

Era otra cosa.

Algo más oscuro.

Más preparado.

Parecía…

un punto de guerra.

Los vehículos ya estaban ahí.

Demasiados.

Demasiado organizados para ser casualidad.

La familia de Araiya no se movía sin razón.

Y esto…

era razón suficiente.

Me detuve.

—Ya estamos.

Araiya asintió.

Pero no soltó la computadora.

Ni un segundo.

Como si aún pudiera quitársela alguien.

Como si el peligro…

no hubiera terminado.

La puerta se abrió antes de que tocáramos.

Su tío.

De pie.

Esperando.

Y con solo vernos…

supo.

—Los encontraron.

No fue pregunta.

Fue confirmación.

—Sí.

Su expresión cambió.

Más dura.

Más fría.

Más peligrosa.

—Entren.

La sala ya no era la misma.

Pantallas encendidas.

Mapas activos.

Rutas marcadas.

Movimiento constante.

Nada al azar.

Mateo trabajando.

Rápido.

Preciso.

Como si ya estuviera anticipando el siguiente ataque.

—¿Qué pasó?

No levantó la vista.

Pero su voz fue directa.

Araiya colocó la laptop sobre la mesa.

El sonido…

fue más fuerte de lo que debía.

—Esto pasó.

El silencio cambió.

Todos entendieron.

—La encontramos.

Mateo se giró de inmediato.

Interesado.

Demasiado.

—¿Y?

Araiya respiró profundo.

—Mi mamá sabía todo.

Silencio.

Uno real.

Uno que pesa.

—Socios.

Traiciones.

Movimientos.

Una pausa.

—Y quién está detrás.

Eso…

detuvo todo.

Literalmente.

—¿Quién? —preguntó el tío.

Pero Araiya no respondió de inmediato.

Porque decirlo…

lo hacía real.

Abrió la laptop.

Buscó.

Sin dudar.

Y giró la pantalla.

El nombre quedó visible.

Pesado.

Innegable.

El mismo.

—No puede ser…

Mateo habló.

Pero por primera vez…

sin seguridad.

—Sí puede.

Respondí.

Frío.

Seguro.

—Y es él.

El tío no habló.

Pero su mirada…

lo dijo todo.

Reconocimiento.

Cálculo.

Peligro.

—Tiene a todos bajo control… —dijo Araiya.

—Por miedo.

Mateo ya estaba en movimiento.

Otra vez.

Más rápido.

—Si esto es real…

—Lo es.

—Entonces no estamos tratando con un socio…

Se detuvo.

—Estamos tratando con alguien que mueve todo.

Silencio.

—Desde las sombras.

Eso…

lo hacía más peligroso.

Porque no peleaba de frente.

Controlaba desde atrás.

Y eso…

es más difícil de destruir.

Araiya abrió otra carpeta.

—No todo es malo.

Giró la pantalla.

—Ellos.

El tío se acercó.

Leyó.

Y asintió.

—Leales.

—A mi mamá.

—Y a tu papá.

Eso…

era poder.

—No estamos solos.

El ambiente cambió.

Un poco.

Pero no lo suficiente.

—Pero tampoco son suficientes.

Eso lo dijo él.

Como siempre.

Sin suavizar.

—Depende de cómo se usen.

El tío me miró.

—Esto no es un juego de números.

—Es de estrategia.

—Y de experiencia.

El silencio cayó.

Pero no retrocedí.

—La experiencia no sirve si no se actúa.

—Y actuar sin pensar…

—Te mata.

Nos quedamos en silencio.

Otra vez.

Pero esta vez…

no era choque.

Era ajuste.

—Los dos tienen razón.

Su voz cortó todo.

Araiya.

Firme.

Clara.

—Pero esto no se trata de quién manda.

Una pausa.

—Se trata de ganar.

Y eso…

cambió el enfoque.

—Y para eso…

Miró la pantalla.

—necesitamos todo.

Porque ahora…

ya no era sobrevivir.

Era planear.

Moverse.

Atacar.

Y hacerlo mejor que ellos.

Ya no era caos.

Era enfoque.

Cada pantalla encendida…

cada dato abierto…

cada mirada fija…

tenía un propósito.

Por primera vez desde que todo empezó…

no estaban reaccionando.

Estaban pensando antes de moverse.

—No podemos atacar directo —dijo el tío.

Su voz fue firme.

Sin espacio para discusión.

—No todavía.

Mateo negó de inmediato.

—Si vamos de frente, perdemos.

Eso…

no era pesimismo.

Era lógica.

—Entonces lo hacemos por detrás —respondí.

Ambos me miraron.

Evaluando.

—¿Cómo?

Miré la laptop.

La información.

El punto débil.

—Quitándole el control.

Silencio.

—Haciendo que deje de ser intocable.

Eso…

cambió el ambiente.

Mateo sonrió apenas.

—Eso me gusta.

Se inclinó hacia la computadora.

—Si él controla todo desde las sombras…

Sus dedos comenzaron a moverse.

Rápido.

Preciso.

—Lo sacamos a la luz.

Araiya frunció el ceño.

—¿Exponerlo?

—No directamente.

Giró la laptop hacia nosotros.

Pantallas nuevas.

Accesos.

Rutas digitales.

—Pero sí mostrar lo que está pasando.

—¿Cómo?

—Las cámaras.

El ambiente cambió.

—Las de la empresa.

Mis ojos se estrecharon.

—El ataque.

Mateo asintió.

—Todo quedó grabado.

Araiya reaccionó.

—Si eso sale…

—La gente va a saber que esto no es un accidente.

—Ni un problema interno.

—Es un intento de eliminarte.

Silencio.

Pesado.

—Y eso cambia el juego.

Pero no todos estaban convencidos.

—También nos expone —dijo el tío.

Mateo no se detuvo.

Ni un segundo.

—No si lo hago bien.

Una leve sonrisa.

—Anónimo.

—Sin rastros.

—Sin conexión directa.

Eso…

era lo que necesitaban.

—Es un mensaje.

Lo miré.

—Y una provocación.

Mateo levantó la vista.

—Exacto.

Y esa palabra…

lo definía todo.

Porque esto ya no era solo defensa.

Era guerra psicológica.

Araiya respiró profundo.

Pensando.

Midiendo.

Aceptando.

—Hazlo.

El tío la miró de inmediato.

—Esto no es pequeño.

—Nada de esto lo es.

Su voz no tembló.

—Pero ya no voy a esconderme.

Silencio.

Uno firme.

—Que vean lo que están haciendo.

Eso fue decisión.

No emoción.

Mateo no perdió tiempo.

—Entonces empezamos.

Sus dedos volaron sobre el teclado.

Pantallas cambiando.

Códigos apareciendo.

Sistemas abriéndose.

—Entrando al sistema…

—Recuperando grabaciones…

—Limpiando huellas…

Cada frase…

era un paso más dentro del juego.

Uno del que no podían salir después.

—Listo.

Levantó la vista.

Por primera vez…

completamente serio.

—Cuando esto salga…

Una pausa.

—No habrá forma de ocultarlo.

El silencio cayó.

Pero esta vez…

no era miedo.

Era aceptación.

Porque cruzar esa línea…

significaba una sola cosa:

no había vuelta atrás.

El ambiente bajó apenas.

Pero el peligro…

seguía ahí.

Siempre.

Esperando.

Observando.

Araiya se alejó de la mesa.

Necesitaba espacio.

Respirar.

Pensar.

Procesar todo lo que acababa de cambiar.

La seguí.

Sin hacer ruido.

—¿Estás bien?

No respondió de inmediato.

Miró al frente.

Como si aún estuviera viendo lo que casi pasa.

—No.

Se giró.

Sus ojos…

no estaban rotos.

Estaban despiertos.

—Pero tampoco estoy rota.

Eso…

fue más fuerte que cualquier otra respuesta.

Asentí.

—Nunca lo estuviste.

El silencio cambió.

Más suave.

Más cercano.

—Hoy…

Bajó la mirada.

—Pude haber desaparecido.

Eso pesó.

Más de lo que quería admitir.

—Pero no pasó.

—Porque estabas tú.

El aire cambió.

No por las palabras.

Por lo que significaban.

Me acerqué.

Sin pensarlo demasiado.

—No voy a dejar que te pase algo.

—No puedes prometer eso.

—No.

Una pausa.

—Pero puedo intentarlo.

Sus ojos se suavizaron.

—Eso es lo que me asusta.

—¿Por qué?

—Porque ya no quiero que falles.

Silencio.

Uno más profundo.

Más peligroso.

Porque ya no era solo tensión.

Era algo más.

Algo que ninguno estaba diciendo…

pero ambos sentían.

El silencio…

ya no era solo tensión.

Era algo más.

Algo que ninguno estaba diciendo…

pero ambos sentían.

El espacio entre nosotros…

ya no era distancia.

Era una línea.

Una que sabíamos…

no debíamos cruzar.

Y aun así…

ninguno se movía.

—Esto se está volviendo complicado…

Mi voz salió más baja de lo que esperaba.

Más honesta.

Araiya levantó la mirada.

—Siempre lo fue.

Una pausa.

—Pero ahora…

Se acercó un poco más.

—ya no quiero ignorarlo.

Eso…

lo cambió todo.

Porque ignorarlo era fácil.

Negarlo también.

Pero enfrentarlo…

eso era otra cosa.

—Entonces no lo hagas.

El aire se volvió más denso.

Más lento.

Más real.

Estábamos demasiado cerca.

Más de lo seguro.

Más de lo correcto.

Ese punto exacto…

donde todo puede cambiar.

—Araiya.

Su nombre salió distinto.

Más bajo.

Más… personal.

Y por un segundo…

el mundo desapareció.

No había guerra.

No había enemigos.

No había peligro.

Solo nosotros.

Y lo que estaba pasando.

—¿Araiya?

La voz rompió todo.

El momento.

La tensión.

La posibilidad.

Ambos nos separamos de inmediato.

Como si alguien hubiera encendido la luz en medio de algo prohibido.

Araiya giró.

—¿Ángela?

La puerta estaba abierta.

Y ahí estaba ella.

Mirando.

Pero no solo a Araiya.

A nosotros.

A la distancia que ya no era distancia.

A lo que no se había dicho…

pero se había sentido.

—Vine a ver cómo estabas…

Su voz fue suave.

Pero sus ojos…

no lo eran.

Se movieron.

Al tío.

A Mateo.

Y luego…

a mí.

—No sabía que… había tanta gente.

El ambiente cambió.

Sutil.

Pero claro.

Araiya dio un paso al frente.

—Pasaron cosas.

Ángela frunció el ceño.

—¿Qué tipo de cosas?

Silencio.

Araiya no dudó esta vez.

—Intentaron secuestrarme.

El mundo se detuvo un segundo.

—¿Qué…?

—Y hoy nos atacaron otra vez.

El aire se volvió pesado.

Ángela volvió a mirarme.

Luego a Araiya.

Y algo en su expresión…

cambió.

No lo dijo.

Pero lo entendió.

La cercanía.

La tensión.

Lo que estaba pasando entre nosotros.

—¿Y él…?

Señaló ligeramente hacia mí.

—¿Está aquí por eso?

Araiya dudó.

Solo un segundo.

—Sí.

Pero no fue toda la verdad.

Porque aunque nadie lo dijo…

ya no era solo protección.

Era algo más.

Algo que empezaba a ser evidente.

Incluso para alguien que no debía notarlo.

Y eso…

también era peligroso.

El silencio después de eso…

fue incómodo.

Pesado.

Ángela seguía de pie.

Sin moverse.

Procesando.

—Intentaron… ¿secuestrarte? —repitió.

Araiya asintió.

—Y hoy nos atacaron en la empresa.

El ambiente volvió a tensarse.

—¿Y tú estás bien?

—Sí.

Pero su voz no era tranquila.

Era contenida.

—Estoy aquí.

Ángela avanzó.

La abrazó.

Fuerte.

Como si necesitara comprobar que era real.

—No me dijiste nada…

—Pasó muy rápido.

—Aun así…

Su voz se quebró apenas.

—Debí estar aquí.

Araiya la miró.

—Ahora lo estás.

Eso suavizó el momento.

Pero no lo resolvió.

Porque Ángela volvió a mirarme.

Y esta vez…

no fue igual.

Fue más lenta.

Más analítica.

Como si estuviera armando un rompecabezas.

—Entonces tú…

Señaló ligeramente.

—te estás quedando aquí.

—Por seguridad.

Respondí sin rodeos.

Silencio.

—Claro.

Pero no sonó convencida.

Ni un poco.

Ángela desvió la mirada hacia Araiya.

—¿Y estás bien con eso?

La pregunta…

tenía más fondo del que parecía.

Araiya lo entendió.

—Sí.

Firme.

—Confío en él.

Eso…

se sintió.

El ambiente cambió apenas.

Ángela asintió.

Pero sus ojos…

no se relajaron.

No del todo.

—Bueno…

Mateo habló.

Cortando la tensión.

—Mientras ustedes resuelven lo emocional…

Giró la pantalla.

—esto ya está en movimiento.

Todos miramos.

Videos.

Cámaras.

El ataque.

Claro.

Directo.

Innegable.

—Ya empezó a circular.

Silencio.

—Anónimo.

—Sin rastros.

—Pero suficiente para levantar sospechas.

El tío observó.

Serio.

Calculando.

—¿Cuánto tiempo?

—Minutos.

—Y creciendo.

El ambiente cambió otra vez.

—Esto lo obliga a moverse.

Dije.

—No puede quedarse quieto ahora.

El tío asintió.

—Y cuando lo haga…

—Lo vemos.

Mateo sonrió.

—Y lo seguimos.

Araiya respiró profundo.

—Entonces esto ya empezó.

—No.

La miré.

—Esto ya escaló.

Silencio.

Pesado.

Real.

El tío dio un paso al frente.

—Vamos a usar esto.

Señaló la pantalla.

—Para dividir.

—¿Dividir?

—Los que están con él…

Una pausa.

—Y los que están por miedo.

Eso…

era inteligente.

—Si rompemos ese miedo…

—Se queda solo.

Mateo asintió.

—Y ahí es cuando cae.

Araiya miró a todos.

Uno por uno.

—Entonces lo hacemos.

Su voz fue firme.

—Juntos.

El silencio cambió.

Pero esta vez…

fue distinto.

Más fuerte.

Más decidido.

Cuando todos volvieron a moverse…

ella se quedó quieta.

Un segundo.

Dos.

Y luego…

me miró.

—Esto ya no tiene regreso.

Negué.

—Nunca lo tuvo.

Una pausa.

—Y aun así sigues aquí.

—No me voy a ir.

Silencio.

—Ni aunque me lo pidas.

Eso…

la hizo respirar distinto.

Más profundo.

Más lento.

Se acercó.

Otra vez.

Más que antes.

—Entonces no te vayas.

Susurró.

El mundo…

se detuvo un segundo.

Pero no lo suficiente.

Porque sabíamos la verdad.

No era el momento.

No todavía.

Porque ahora…

ya no era solo una amenaza.

Era una guerra abierta.

Con estrategia.

Con aliados.

Y con un enemigo…

que pronto entendería algo muy claro:

ya no estaba cazando.

Ahora…

también era el cazado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play