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Almas En Distinto Cielo

Almas En Distinto Cielo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Almas que están destinadas a encontrarse aunque estén del otro lado del mundo.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ella, Él, El cuaderno. y la canción que lo cambió todo.

...Almas en Distinto Cielo...

...✦   ✦   ✦...

...Capítulo XV...

...Ella. Él. El cuaderno....

...Y la canción que lo cambió todo....

...— Porque después de tanto tiempo, el universo simplemente dijo: ya —...

...El set de la piscina — Esa mañana★ ★ ★...

Los dos

Sebastián tomó el teléfono del piso con cuidado. Lo sostuvo un momento sin mirar la pantalla, sabiendo que lo que iba a ver no debía verlo, que había una línea que cruzar y que cruzarla cambiaría algo. Luego miró.

Las palabras eran veloces, apretadas, escritas con la urgencia de quien escribe antes de que las cosas se escapen. Pero eran claras. Y entre todas las palabras — entre los versos de la canción, entre los fragmentos de historias sin terminar — estaban los nombres. Franco. Antonio. Escritos con la familiaridad de quien lleva años hablando con ellos. Con el amor sin disculpas de quien no ha podido soltar.

Sebastián se quedó inmóvil con el teléfono en las manos.

No era coincidencia. Sebastián no creía en las coincidencias — había dejado de creer en ellas la primera noche en que alguien muerto le había pedido algo y él había podido darlo. El mundo tenía una estructura que la mayoría no veía. Él la veía. Y lo que estaba viendo ahora era la pieza final de algo que llevaba meses armándose sin su permiso.

✦ El primer encuentro de frente ✦

Valeria volvió hacia el carrito sin haber notado que el teléfono había caído. Fue al girar cuando lo vio: un hombre parado a tres metros, sosteniendo su teléfono con las dos manos, mirando la pantalla.

"Eso es mío."

Sebastián levantó los ojos.

Y ahí estaba ella. De frente. Por primera vez. Esos ojos marrones que llevaba meses viendo en sueños — más vivos que en cualquier sueño, más reales que cualquier cosa que hubiera imaginado. La sonrisa no estaba — en su lugar había una expresión entre molesta y cautelosa, la de quien no espera encontrar a un extraño con su teléfono en la mano. Pero incluso esa expresión tenía algo que él reconocía. Algo que era inconfundiblemente ella.

Sebastián no se movió durante un segundo.

..."¿Quién sos?"...

Valeria lo miró. Era alto. Oscuro, de esa oscuridad serena que no intimida sino que llama la atención sin pedirla. Ojos que miraban demasiado — no de manera incómoda, sino de esa manera que tiene la gente que realmente ve. No estaba segura de haberlo visto antes en el hotel. Pero había algo en él que le resultaba extrañamente familiar, como una melodía que no recordás haber escuchado pero que tu cuerpo sabe de memoria.

"¿Perdón?"

"¿Quién sos?"

Valeria parpadeó. La pregunta era rara. No cómo te llamás. No sos del personal. ¿Quién sos? Como si la respuesta importara más que cualquier credencial.

"Soy la empleada. La que llamaron esta mañana para limpiar el set." Una pausa. Evaluó al hombre frente a ella con esa rapidez discreta que tenía. "¿Y usted?"

"Soy el encargado de todo esto."

"¿Necesita algo, señor?"

Sebastián tardó. No porque no supiera qué decir — en su vida profesional nunca tardaba. Sino porque lo que quería decir no tenía cabida en ninguna conversación normal entre un huésped y una empleada de limpieza en el set de un hotel porteño a las nueve de la mañana.

"No. No necesito nada."

Le extendió el teléfono. Ella lo tomó — sus dedos no se tocaron, pero Sebastián sintió el calor de su mano a centímetros, y ese calor era el mismo que conocía del sueño, el mismo que el aroma prometía desde semanas atrás.

"¿Hasta qué hora quedará?" preguntó él, sin saber del todo por qué lo preguntaba.

"Me quedo lo que haga falta. Por si necesitan algo más."

Y se dio vuelta. Volvió al carrito. Siguió trabajando con esa eficiencia tranquila que tenía, con ese paso que nunca se apresuraba pero nunca se detenía.

Sebastián la miró desde el lugar donde estaba. Parado. Con el corazón latiendo de una manera que hacía años no latía.

...Era ella....

...Realmente era ella....

...Existía....

Había una parte de él —pequeña, racional, la que firmaba contratos— que no podía creerlo. Que quería una explicación que entrara en una columna de números. Y había otra parte —la que encendía velas los treinta de cada mes, la que soñaba con un rostro desde hacía años— que no necesitaba ninguna explicación porque ya lo sabía desde antes de verla.

Se alejó. Volvió a la suite. Necesitaba estar solo con lo que acababa de ocurrir.

...Suite 501 — Más tarde★ ★ ★...

Sebastián

Se sentó en el sillón. Puso el teléfono —el suyo— sobre la mesa. Miró el techo. El techo no le dijo nada útil, como suelen hacer los techos.

Tenía en la cabeza las palabras del teléfono de Valeria. Las había leído demasiado rápido, demasiado impactado por los nombres, para haberlas absorbido del todo. Pero algo había quedado. Versos. Una cadencia. Palabras que venían de un lugar real.

Cerró los ojos. El cansancio — que llevaba semanas acumulándose debajo de la superficie — lo tomó antes de que pudiera resistirlo. Y el sueño llegó.

✦ El sueño de Hana — Por primera vez en cinco años ✦

Ella llegó sin el peso de la pérdida. Sin el accidente. Sin las dos valijas que no llegaron a ningún destino. Llegó como había sido en vida: liviana, con esa manera de estar en el espacio que no ocupaba demasiado pero que llenaba todo.

Hana.

Sebastián la reconoció antes de verla — por el calor, por la manera en que el aire cambiaba, por algo que no tenía nombre pero que durante cinco años había sido sinónimo de lo que perdí.

No había dolor en el sueño. Solo una claridad serena que se parecía a la conclusión.

..."La encontraste."...

No era pregunta. Era confirmación. La manera en que Hana lo dijo — con esa calma que tienen las cosas que ya están resueltas — hizo que Sebastián, que no lloraba, que había construido cinco años de no llorar como una arquitectura de supervivencia, sintiera algo romperse en algún lugar que no podía señalar en ningún mapa del cuerpo.

"Fui yo quien la mandó, amor mío." Hana sonrió — esa sonrisa que él había creído olvidada y que reconoció de inmediato, como se reconoce la luz de la infancia. "La mandé para que no siguieras solo. Para que todo ese amor que tenés sin dar encuentre adónde ir."

Sebastián no podía hablar en el sueño. Pero Hana nunca había necesitado que él hablara para entenderlo.

"Ahora debes dejarme ir. Y ser feliz. No de aquí para allá — de verdad feliz. Del tipo que dura." Hizo una pausa. "¿Podés hacer eso?"

...Sebastián asintió....

...Y por primera vez en cinco años, lloró....

Hana se disolvió. No de golpe — despacio, como se van las cosas que ya cumplieron su propósito. Con esa gracia que había tenido en vida para los finales que no lastiman.

Sebastián despertó con las mejillas húmedas.

Se quedó mirando el techo. Tocó su propia cara con una especie de asombro — la humedad de las lágrimas en los dedos, algo que no había sentido desde la noche del accidente, cinco años atrás.

No era tristeza. Era el tipo de llanto que viene después de que algo muy pesado se suelta. El llanto del después.

Se levantó. Fue al baño. Se mojó la cara. Se miró al espejo un momento — esa cara que había aprendido a tener siempre bajo control, que ahora tenía algo distinto. Algo que no supo nombrar pero que se parecía, extrañamente, a la esperanza.

Volvió al sillón. Tomó el teléfono. Y recordó — los versos que había leído demasiado rápido. La canción. Las palabras que venían de algún lugar real.

Abrió la melodía que Jinho le había enviado. La puso. Cerró los ojos. Y empezó a reconstruir de memoria lo que había leído — imperfectamente, con huecos, con algunas palabras que no recordaba del todo.

✦ La melodía y las palabras — el momento en que encajaron ✦

Las primeras líneas llegaron solas: Fui la que siempre sostuvo sin que nadie la sostuviera...

Sebastián puso la melodía de nuevo. Empezó a canturrear las palabras — no cantaba, nunca había cantado, pero las palabras y la música se buscaban solas con una naturalidad que lo dejó sin habla.

Encajaban.

...No casi. No aproximadamente....

...Perfectamente....

Como si las palabras hubieran sido escritas para esa melodía desde el primer momento. Como si la compositora hubiera construido la música esperando esas palabras sin saber que existían. Como si Valeria, sola en la madrugada en la salita de maestranza, hubiera estado completando sin saberlo la mitad de algo que el mundo necesitaba.

Sebastián se quedó quieto con la música sonando y las palabras en la mente y algo que no era profesional ni racional ocurriendo en algún lugar del pecho que había mantenido cerrado durante cinco años.

Era la canción. La que Jinho necesitaba. La que la compositora no podía encontrar. La que el kdrama estaba esperando para ser completo.

Y la había escrito Valeria. Una mujer de uniforme gris que limpiaba sets de madrugada y guardaba sus escritos en una carpeta con clave porque nadie sabía que tenía palabras que el mundo todavía no había escuchado.

...Llamó a Jinho....

"Encontré la letra." Pausa. "Encontré a quien la escribió." Otra pausa, más larga. "Y Jinho — necesito que me digas que la historia de tu kdrama es exactamente lo que creo que es."

Jinho tardó un segundo. Luego: "¿Qué creés que es?"

"La historia de alguien que viene de otro mundo a encontrar a una mujer que no sabe que lo está esperando. Y que cuando la encuentra, ya no puede volver a ser lo que era."

Silencio largo.

"Sí," dijo Jinho finalmente. En voz baja. Con ese tono que tienen los artistas cuando alguien entiende exactamente lo que quisieron decir. "Eso es exactamente."

Sebastián cerró los ojos un momento. Luego los abrió.

"Entonces tenemos un problema."

"¿Cuál?"

"Que yo ya no soy el productor de esta historia. Soy uno de sus personajes."

...El set de la piscina — Esa misma tarde★ ★ ★...

Valeria

Valeria terminó el set al mediodía. Lo dejó impecable — esa era su firma, aunque nadie se la hubiera pedido. Recogió su carrito, revisó sus bolsillos, encontró el teléfono donde debía estar y salió por la puerta lateral.

No pensó en el hombre. O lo intentó. Había algo en él que no terminaba de ordenarse en ninguna categoría conocida — no era el tipo de huésped habitual, no tenía la actitud de alguien del equipo técnico, no encajaba del todo en ningún lugar. Y esa pregunta — ¿quién sos? — seguía dando vueltas con una insistencia que ella no supo muy bien qué hacer.

Se encogió de hombros. Tomó el pasillo hacia la salida de personal. Le escribió a Mateo que llegaría tarde. Le mandó un beso a Alma por mensaje.

Y mientras caminaba por ese pasillo que ya conocía de memoria, no supo que arriba, en el quinto piso, un hombre estaba escuchando su canción por tercera vez con las mejillas todavía húmedas y la certeza de que la próxima vez que se cruzaran no iba a dejarla pasar.

...Habían hablado por primera vez. Se habían visto de frente....

Él sabía quién era ella. Ella todavía no sabía quién era él.

Sus palabras habían salvado una canción. Su aroma había salvado a un hombre que no sabía que necesitaba ser salvado.

Y en algún lugar entre los dos — entre el set de la piscina y la suite del quinto piso, entre el uniforme gris y el traje oscuro, entre la mujer que siempre había cargado sola y el hombre que llevaba años buscando — algo que había estado separado desde antes de que cualquiera de los dos pudiera recordar había empezado, finalmente, a volverse uno.

Esto no era el final.

Era exactamente el principio.

...✦   ✦   ✦...

Continuará en el Capítulo XVI

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