reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Capítulo 23: El día del juicio
La mañana llegó pesada.
Tan pesada…
que incluso respirar parecía difícil.
El cielo estaba completamente gris, cubierto por nubes oscuras que ocultaban el sol como si el mismo mundo quisiera evitar ese día.
El ducado Darmain permanecía en un silencio incómodo.
No era tranquilidad.
Era tensión.
Era miedo.
Los sirvientes caminaban despacio.
Nadie hablaba demasiado.
Y aun cuando lo hacían…
sus voces salían bajas.
Como si temieran romper algo.
Parecía un velorio.
Uno donde todavía no había muerto nadie…
pero todos sentían que algo estaba a punto de destruirse.
Dentro de su habitación, Lucía permanecía sentada frente al espejo mientras una sirvienta acomodaba lentamente su largo cabello verde.
Sus ojos grises estaban apagados.
Cansados.
Y su cuerpo…
ya no daba más.
Ocho meses de embarazo.
Estrés constante.
Golpes.
Miedo.
Insomnio.
Ansiedad.
Todo eso ya estaba pasando factura.
Una de las sirvientas masajeaba lentamente sus hombros mientras otra acomodaba cuidadosamente el vestido.
—Mi señora… ¿de verdad se siente bien para ir?
Lucía guardó silencio unos segundos.
Porque ni ella sabía cómo seguía de pie.
El bebé se movió suavemente dentro de su vientre.
Y eso hizo que bajara lentamente la mirada.
Su mano acarició la tela sobre su abdomen.
—Tengo que ir…
susurró bajito.
No podía retroceder ahora.
Ya no.
Pero aun así…
tenía miedo.
Mucho miedo.
Porque hoy no solo estaba peleando un divorcio.
Estaba peleando su libertad.
Y posiblemente…
la custodia de su hijo.
Cerró lentamente los ojos.
Y por un momento sintió ganas de llorar.
Porque no sabía si podía ganar.
Sus pruebas existían.
Las heridas existían.
Los golpes existían.
El maltrato era real.
Pero…
Killian seguía siendo un duque.
Y ella entendía demasiado bien cómo funcionaba el mundo noble.
El poder aplastaba la verdad muchas veces.
Y eso era lo que más le aterraba.
Perder…
aunque tuviera razón.
Tocaron la puerta.
Laura entró lentamente.
Y apenas Lucía la vio…
su pecho se relajó un poco.
Porque Laura era de las pocas personas que todavía le daban tranquilidad en medio de tanto caos.
—¿Lista?
Lucía soltó una pequeña risa nerviosa.
—No…
Laura sonrió apenas.
—Yo tampoco lo estaría.
Se acercó lentamente y acomodó una parte del vestido de Lucía.
Y cuando notó sus manos temblando…
su mirada se suavizó.
—Lucía…
Ella levantó un poco la mirada.
—Pase lo que pase hoy… no te quiebres frente a Killian.
Lucía tragó saliva lentamente.
Porque sabía perfectamente lo que Killian quería.
Verla destruida.
Suplicando.
Arrodillada otra vez frente a él.
Laura habló más bajo.
—Él quiere sentir que todavía puede controlarte.
Lucía bajó la mirada.
Y en silencio…
aceptó que era verdad.
Killian no estaba furioso solamente por el divorcio.
Estaba furioso porque ella dejó de obedecerlo.
Porque dejó de amarlo ciegamente.
Porque ya no bajaba la cabeza.
Y eso…
era lo que más hería su orgullo.
Minutos después salieron hacia el tribunal noble.
El carruaje avanzó lentamente entre calles silenciosas.
Lucía observaba por la ventana…
pero realmente no veía nada.
Sus pensamientos eran demasiado pesados.
Sus manos descansaban sobre su vientre mientras intentaba controlar los nervios.
No sabía si iba a ganar.
No sabía si sus pruebas serían suficientes.
No sabía si podría salir de ese lugar con su hijo.
Y lo peor…
era que por primera vez en mucho tiempo…
estaba poniendo esperanza en otras personas.
Laura.
Stiven.
Personas que apenas comenzaban a entrar realmente en su vida.
Y eso también daba miedo.
Porque si ellos fallaban…
ella ya no tendría nada más.
Cerró lentamente los ojos.
Y pensó algo que la hizo sentirse triste.
Yo quería hacer todo sola…
Pero ya no puedo.
Y aceptar eso…
también dolía.
Media hora después los carruajes llegaron al enorme tribunal noble.
Y apenas Lucía bajó…
las miradas empezaron.
Nobles.
Sirvientes.
Curiosos.
Todos observándola.
Todos susurrando.
—¿Esa es la duquesa?
—Está embarazada…
—¿Cómo se atreve a pedir divorcio?
—Pobre duque…
—Seguro exagera por las emociones del embarazo…
Lucía sintió el pecho pesado.
Pero siguió caminando.
Laura iba a su lado.
El abogado detrás.
Y mientras subían lentamente las enormes escaleras…
otro carruaje llegó.
Killian bajó primero.
Vestido completamente de negro.
Cabello oscuro perfectamente acomodado.
Ojos rojos fríos.
Dominantes.
Pero apenas vio a Lucía…
algo oscuro apareció en su mirada.
Rabia.
Una rabia tan intensa…
que incluso daba miedo.
Parecía estar conteniéndose apenas.
Como si quisiera arrastrarla lejos de ahí.
Como si quisiera hacerla pagar por humillarlo públicamente.
Detrás de él bajó Nieves.
Elegante.
Hermosa.
Y con una sonrisa venenosa escondida en el rostro.
Después Camila y Carlos.
Pero a diferencia de los demás…
ellos no se veían tranquilos.
Especialmente Camila.
Porque desde que comenzó a sospechar la verdad…
cada vez le costaba más mirar a su propio hijo.
Killian caminó lentamente hacia Lucía.
Y el ambiente se tensó inmediatamente.
Laura se puso alerta.
El abogado también.
Pero Killian no la tocó.
Solo se acercó demasiado.
Lo suficiente para hacerla sentir incómoda.
Y habló bajo.
Con una voz llena de amenaza.
—Todavía puedes detener esto.
Lucía sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Pero no retrocedió.
—No.
La mandíbula de Killian se tensó violentamente.
Sus ojos rojos parecían llenarse de furia.
—Entonces no llores después.
Laura dio un paso adelante inmediatamente.
—Duque Darmain, le recomiendo mantener distancia.
Killian soltó una pequeña risa seca.
Pero antes de irse…
miró lentamente el vientre de Lucía.
Y después dijo algo que hizo que el corazón de ella se apretara.
—Ese niño seguirá siendo mío.
Lucía sintió dolor.
Mucho dolor.
Pero aun así levantó lentamente la mirada.
—No soy una cosa que puedas encerrar para siempre.
Por primera vez…
Killian perdió un poco el control frente a todos.
Parecía querer agarrarla.
Sacudirla.
Callarla.
Pero Carlos apareció rápidamente.
—Killian.
La voz de su padre fue firme.
Eso bastó para detenerlo.
El duque respiró pesado…
y terminó alejándose.
Las enormes puertas del tribunal finalmente se abrieron.
Y una voz anunció:
—La audiencia del divorcio noble entre el duque Killian Darmain y la duquesa Lucía Darmain dará inicio a las nueve de la mañana.
Todos comenzaron a entrar lentamente.
El ambiente era sofocante.
Pesado.
Frío.
Y cuando Lucía cruzó aquellas puertas…
sintió algo horrible dentro del pecho.
Miedo.
Miedo de verdad.
Porque entendió algo demasiado tarde.
En ese lugar…
no estaban decidiendo solamente un divorcio.
Estaban decidiendo…
quién tenía derecho a destruir al otro.