Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!
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CAPÍTULO 4: Noches de película y verdades a medias
La sala de cine de la mansión Rovere era digna de una película de Hollywood: butacas de terciopelo rojo, pantalla gigante, sistema de sonido envolvente y hasta una barra con todo tipo de bebidas y dulces. Cuando entraron, Giulia soltó un grito de emoción y corrió a sentarse en el centro, como una niña pequeña ante un parque de diversiones.
—¡Esto es increíble! —exclamó, acomodándose con las piernas cruzadas—. Ya veo por qué te pasas aquí tantas horas. Bueno, hoy es mi turno y ya te lo advertí: vamos a ver Bajo el mismo cielo. Es la película romántica más bonita de todos los tiempos. Prepárate para suspirar.
Alessandro entró detrás de ella con una bandeja con palomitas y dos copas de vino, y puso cara de fingido desagrado.
—¿Romántica? Giulia, yo veo documentales de negocios o películas de acción. Las historias de amor me parecen… irreales.
—¡Eso dices ahora! —rió ella, tomando un puñado de palomitas—. Ya verás cómo al final estás tan emocionado que se te llenan los ojos de lágrimas.
Se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudente, pero a medida que la película avanzaba, esa distancia se fue reduciendo poco a poco. La historia trataba de dos jóvenes de familias enemigas que se enamoraban a pesar de todo, y aunque Alessandro intentaba mantener su postura seria, no podía evitar prestar atención a cada detalle, sintiendo cómo algunas escenas le resultaban extrañamente familiares.
—¿Lo ves? —le susurró Giulia en un momento de silencio—. A veces el corazón no entiende de reglas ni de odios antiguos. Solo sabe lo que siente.
—Es ficción —respondió él, aunque su voz sonó menos firme de lo que quería—. En la vida real, las consecuencias siempre llegan.
—¿Y qué si llegan? —ella se giró para mirarlo a la cara—. ¿No crees que vale la pena arriesgarse por algo que te hace feliz?
Alessandro se quedó en silencio, mirándola a la luz tenue de la pantalla. Por primera vez en mucho tiempo, se permitió pensar que quizás ella tenía razón. Pero entonces, la imagen de su padre hablándole de la traición de los Moretti volvió a su mente, y su expresión se endureció de nuevo.
—En mi vida, Giulia, no hay lugar para riesgos innecesarios. Todo lo que tengo me ha costado mucho trabajo conseguirlo, y no pienso perderlo por nada.
Ella notó el cambio en su mirada y decidió no insistir. En su lugar, volvió a centrarse en la película, pero en el fondo sentía curiosidad por saber qué había pasado realmente entre sus familias. Sabía la versión que su padre le había contado, pero también sabía que Alessandro tenía otra muy diferente. Quizás, en el fondo, nadie tenía toda la verdad.
Cuando la película terminó, Giulia miró a Alessandro con una sonrisa traviesa.
—¿Y bien? ¿Te gustó? ¿Quieres confesar que casi lloras?
Él soltó una risa y negó con la cabeza.
—Ni lo sueñes. Fue entretenida, pero sigue siendo ficción. Aunque… admito que no fue tan aburrida como pensaba.
—¡Eso es todo un elogio viniendo de ti! —celebró ella, levantando su copa—. Brindemos entonces: por los tratos que se convierten en aventuras.
—Brindo por eso —respondió él, chocando su copa contra la de ella—. Pero recuerda: sigue siendo un trato.
Salieron de la sala de cine y caminaron despacio por los pasillos iluminados con luces suaves. Era tarde, y en la mansión reinaba un silencio agradable que invitaba a la confidencia. Al llegar frente a las puertas de sus habitaciones, ninguno de los dos se apresuró a entrar.
—Oye, Alessandro —dijo Giulia con más suavidad—. ¿Algún día me contarás qué pasó realmente? Por qué tu familia odia tanto a la mía.
Él bajó la mirada, jugando con el anillo que llevaba en el dedo. Era el anillo de su padre, y siempre lo llevaba puesto.
—Hace veinte años, mi abuelo y el tuyo eran socios. Juntos fundaron lo que hoy son nuestras empresas. Pero llegó un momento en que tu abuelo decidió traicionarlo. Se llevó los diseños más importantes, los contactos y todo el capital, dejando a mi familia al borde de la ruina. Mi padre enfermó de la preocupación y nunca se recuperó del todo. Por eso crecí con la idea de que algún día recuperaría lo que nos pertenecía.
Giulia se quedó callada, sorprendida. Su padre siempre le había contado que había sido al revés, que los Rovere habían querido quedarse con todo y que su abuelo solo había defendido lo que era justo.
—Mi versión es muy diferente —confesó ella—. Pero… ¿sabes qué? Sea como sea, nosotros no tenemos la culpa de lo que hicieron ellos. No deberíamos pagar por errores del pasado.
Alessandro la miró y, por un instante, todo el rencor que llevaba dentro pareció desvanecerse.
—Tienes razón. Pero el odio es algo que se aprende desde niño, y cuesta mucho dejarlo ir.
—Pues yo te ayudo —ofreció ella con una sonrisa dulce—. Paso a paso. Y te prometo que, si me cuentas todo lo que sabes, yo haré lo mismo. Quizás juntos podamos descubrir la verdad completa.
Antes de que él pudiera responder, de repente se escuchó un ruido fuerte que venía del piso de abajo, seguido de voces alegres. Ambos se miraron confundidos y corrieron escaleras abajo, encontrándose con una escena que les dejó con la boca abierta.
En la cocina, Luca, Matteo, Sofia y Elena estaban sentados alrededor de la isla, con botellas de vino, platos con comida y música sonando por los altavoces. Se habían hecho los dueños del lugar como si fuera su propia casa.
—¡Sorpresa! —gritaron todos al verlos llegar.
—¿Pero qué hacen ustedes aquí? —preguntó Alessandro, aunque no pudo evitar sonreír al ver a sus amigos—. ¿Cómo han entrado?
—La puerta estaba abierta —respondió Matteo, su hermano menor, levantando una copa—. Además, es la primera semana de matrimonio. ¡Hay que celebrarlo! No podíamos dejaros solos, seguro que os estabais aburriendo.
—En realidad, estábamos teniendo una noche muy tranquila —dijo Giulia, aunque se sentó junto a Sofia con ganas de unirse a la fiesta—. Pero esto es mucho mejor.
—Nosotros tenemos información importante —dijo Luca con aire misterioso—. Hemos estado investigando un poco sobre el asunto de las familias, y hemos encontrado documentos que quizás os interesen. Parece que la historia no es tan blanca ni tan negra como os han contado.
Los ojos de Alessandro y Giulia se iluminaron. Quizás esa noche no solo habían compartido una película y confidencias, sino que también estaba empezando el camino para descubrir la verdad que tanto buscaban.
—Entonces quedaos todo el tiempo que queráis —dijo Alessandro, sirviéndose una copa de vino—. Pero os advierto: si rompéis algo, lo pagáis.
—¡No seas aguafiestas! —rió Elena—. Además, ahora tienes a Giulia, que es mucho más divertida que tú. Ella ya nos ha dado permiso.
Giulia le guiñó un ojo y Alessandro negó con la cabeza, pero por dentro se sentía más feliz de lo que había estado en años. Rodeado de amigos, con la mujer que se estaba convirtiendo en alguien especial a su lado y con la esperanza de que todo pudiera solucionarse, por primera vez sintió que el futuro no tenía por qué ser una lucha constante.
La noche transcurrió entre risas, anécdotas, descubrimientos y momentos de complicidad. Y cuando por fin se despidieron y se quedaron solos de nuevo, mientras subían las escaleras hacia sus habitaciones, Alessandro se detuvo frente a ella.
—Gracias, Giulia —dijo con voz suave—. Por hacerme ver que hay otra forma de vivir.
Ella sonrió y le dio un beso tierno en la mejilla.
—Gracias a ti por dejarme intentarlo. Buenas noches, Alessandro.
—Buenas noches, esposa.
Cuando cerraron sus puertas, ambos se fueron a dormir con el corazón más ligero y la mente llena de pensamientos nuevos. El contrato seguía existiendo, el pasado seguía pesando, pero por primera vez sentían que, estando juntos, podían con todo.
💌 Palabras de la autora
¡¿Qué les pareció esta noche tan especial?! 😍 ¿Se dieron cuenta de que ya no pueden estar el uno sin el otro? Y ahora que empiezan a salir a la luz nuevos datos sobre lo que pasó entre sus familias, ¡las cosas se pondrán aún más interesantes!