Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
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El Legado de las Mentiras
La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas de seda del ático de la Torre Soler, pero para Valeria, el mundo se había vuelto un lugar de sombras impenetrables. Estaba sentada en el borde de su cama, con el teléfono aún vibrando en su mano. El correo anónimo —*"Lo que Alberto nunca te contó sobre el 14 de mayo"*— parecía quemar la pantalla.
Adrián entró en la suite, habiendo terminado de coordinar el traslado de Isabella Volkov a un centro de detención secreto bajo la custodia de Thorne Enterprises. Al ver la palidez de Valeria, se acercó rápidamente y se arrodilló frente a ella.
—Valeria, ¿qué ha pasado? —preguntó Adrián, tomando sus manos frías—. La amenaza ha terminado, Isabella ya no es un peligro.
—Isabella era solo la distracción, Adrián —susurró Valeria, mostrándole la pantalla—. Mira esto.
Adrián leyó el asunto del correo y frunció el ceño. —¿El 14 de mayo? Ese es el día de tu nacimiento. ¿Qué podría haber ocultado tu padre sobre ese día?
—Ese día, según mi padre, fue cuando mi madre murió en un accidente de avión mientras regresaba de un viaje de negocios en Estocolmo —dijo Valeria, su voz temblando ligeramente—. Siempre me dijo que el avión desapareció en el Mar del Norte y que nunca se recuperaron los cuerpos. Pero Isabella habló de un "Círculo de los Doce" y dijo que mi madre nunca tuvo un funeral de cuerpo presente.
Valeria pulsó el archivo adjunto. No era un documento, sino un video de baja resolución, grabado con lo que parecía ser una cámara de seguridad oculta. La fecha en la esquina superior derecha marcaba el 14 de mayo de hace veinticinco años.
En el video, Alberto Soler, mucho más joven y con una expresión de terror absoluto, estaba en su antiguo despacho de la mansión. Frente a él, una mujer de cabello largo y oscuro, cuya espalda estaba hacia la cámara, pero cuya silueta era inquietantemente similar a la de la propia Valeria.
—*¡No puedes irte así, Elena!* —gritaba Alberto en el video—. *¡El Círculo te encontrará! ¡Si te quedas aquí, te matarán a ti y a la niña!*
La mujer se giró parcialmente. Solo se veía su perfil, pero era suficiente para reconocer los rasgos de Elena Soler, la madre de Valeria. Su rostro estaba bañado en lágrimas, pero su mirada era de una resolución férrea.
—*Alberto, ya me han encontrado* —respondió ella con una voz que Valeria nunca había escuchado, pero que resonó en su alma—. *La única forma de salvar a nuestra hija es que yo muera hoy. El accidente del avión ya está planeado por ellos. Si desaparezco, el Círculo dejará de buscar. Cuida de Valeria. Dile que la amo más que a mi propia vida.*
El video se cortó abruptamente en una ráfaga de estática.
Valeria dejó caer el teléfono sobre la alfombra. El silencio en la habitación era tan denso que podía oír su propio pulso martilleando en sus oídos.
—No fue un accidente —susurró Valeria—. Mi madre se sacrificó para protegerme de ellos. De ese Círculo. Y mi padre... mi padre me mintió durante toda su vida para mantenerme alejada de la verdad.
Adrián recogió el teléfono y analizó el video con ojos expertos. —Este video no ha sido editado, Valeria. Es auténtico. Pero la pregunta es: ¿quién te lo ha enviado ahora? Y por qué Isabella sabía tanto sobre esto.
—Isabella era parte de ese mundo —dijo Valeria, levantándose y caminando hacia el ventanal—. Ella dijo que yo era un peón. Tal vez mi padre pensó que si yo creía que mi madre estaba muerta, nunca buscaría las razones. Pero ellos no se olvidaron. Julián no fue una casualidad, Adrián. Fue el enviado para recuperar la tecnología que mi madre, probablemente, ayudó a esconder.
Adrián se puso detrás de ella y la rodeó con sus brazos. —Si esto es cierto, Valeria, significa que la guerra que acabamos de ganar contra Isabella era solo una escaramuza en las fronteras. El verdadero enemigo está en el centro de tu propia historia.
—Quiero ir a la mansión —dijo Valeria, su voz recuperando la frialdad estratégica—. Mi padre siempre guardó una caja fuerte en el sótano que nunca me dejó abrir. Decía que eran "documentos aburridos de impuestos". Pero ahora sé que Alberto Soler no guardaba nada que fuera aburrido.
—Iremos juntos —dijo Adrián—. Pero primero, necesito que Castillo y Sebastián revisen la seguridad de la mansión. Si el Círculo de los Doce sabe que has recibido este video, intentarán detenernos antes de que encontremos más.
Pasaron el resto de la noche en vela, analizando cada fotograma del video. Valeria sentía una mezcla de dolor y rabia. El amor por su padre seguía ahí, pero la traición de la mentira era una herida abierta. ¿Cuántas cosas más le habían ocultado? ¿Era su renacimiento también parte de algún plan que ella aún no comprendía?
Al amanecer, se dirigieron a la mansión Soler. La vieja estructura de piedra y roble, que siempre había sido su hogar, ahora se sentía como una prisión llena de secretos. Martha los recibió con una expresión de alivio, pero Valeria apenas la saludó. Se dirigió directamente al sótano, seguida de cerca por Adrián y Sebastián.
El sótano era un lugar frío, lleno de estanterías con archivos antiguos y muebles cubiertos por sábanas blancas. En el rincón más alejado, detrás de una pesada estantería de libros de leyes, estaba la puerta de acero que Valeria recordaba.
—Sebastián, ábrela —ordenó Valeria.
Sebastián usó un soplete térmico de alta precisión para fundir la cerradura electrónica que ya no respondía a los códigos estándar. La puerta se abrió con un gemido metálico, revelando una pequeña habitación que olía a ozono y papel viejo.
Dentro, no había montones de dinero ni joyas. Había una mesa de trabajo llena de microchips antiguos, prototipos de la tecnología de Aether Neural y una serie de mapas mundiales con marcas rojas en ciudades específicas: Ginebra, Moscú, Hong Kong, Nueva York... y una pequeña ciudad en los Alpes suizos llamada *Sion*.
En el centro de la mesa, había una fotografía enmarcada de Valeria a los cinco años, junto a su madre. Y debajo de la foto, un diario de cuero negro con las iniciales *A.S.*
Valeria tomó el diario con manos temblorosas. Al abrirlo, la caligrafía de su padre la golpeó como un recuerdo físico.
*"15 de mayo de hace veinticinco años. Ayer perdí a Elena. El Círculo cree que está muerta, pero yo sé que ella está en algún lugar, esperando que yo cumpla mi parte del trato. He escondido la 'Llave de Fénix' en el lugar donde Valeria nunca buscará. Si alguna vez lees esto, hija mía, es porque el muro ha caído y ya no puedo protegerte más. Perdóname por las mentiras, pero la verdad es un veneno que mata más rápido que cualquier cianuro."*
Valeria pasó las páginas, encontrando nombres, fechas y descripciones de las doce familias que formaban el Círculo. Eran los dueños de los bancos centrales, de las farmacéuticas globales, de las industrias de defensa. Eran los arquitectos de las guerras y de las paces.
—El Círculo de los Doce —murmuró Adrián, leyendo por encima de su hombro—. Los Volkov eran la familia número ocho. Los Soler... Valeria, mira aquí.
Adrián señaló una página donde figuraba un árbol genealógico que Valeria nunca había visto. En la parte superior, el nombre de su abuelo, y debajo de él, dos ramas: su padre Alberto y su tío Ricardo. Pero había una tercera rama, tachada con tinta negra, que llevaba el nombre de *Luciano*.
—¿Luciano? —preguntó Valeria—. Mi padre siempre dijo que solo tenía un hermano, Ricardo.
—Parece que hubo un tercero —dijo Adrián—. Y según las fechas, Luciano desapareció del registro público el mismo año en que tú naciste.
En ese momento, el intercomunicador de Sebastián zumbó.
—Jefa, tenemos un vehículo acercándose a la puerta principal. No es seguridad de Thorne. Es un coche diplomático con bandera de la Unión Europea.
Valeria cerró el diario y se lo guardó bajo el brazo. —Que pasen. Pero Sebastián, dile a los guardias que mantengan las armas listas.
Regresaron al salón principal justo cuando la puerta se abría. Un hombre de unos cuarenta años, extremadamente elegante, con un cabello rubio platino y ojos de un azul tan claro que parecían artificiales, entró en la mansión. Caminaba con una seguridad que rayaba en la arrogancia.
—Valeria Soler —dijo el hombre, haciendo una leve reverencia—. Qué placer conocer finalmente a la mujer que ha causado tanto revuelo en los mercados.
—¿Quién es usted? —preguntó Valeria, su voz fría y cortante.
—Mi nombre es Luciano Soler —respondió el hombre, y una sonrisa depredadora apareció en su rostro—. Soy tu primo segundo, el hijo del hermano olvidado de tu padre. Y he venido porque el Círculo de los Doce ha decidido que es hora de que el Grupo Soler regrese a las manos adecuadas.
Adrián dio un paso adelante, protegiendo a Valeria. —¿Bajo qué autoridad?
—Bajo la autoridad del testamento legítimo de mi padre, que fue ratificado por el Círculo anoche —dijo Luciano, sacando un documento de su maletín—. Valeria, has hecho un gran trabajo limpiando la casa de Julián y de Isabella. Nos has ahorrado mucho trabajo sucio. Pero ahora, los adultos han regresado para tomar el mando.
Valeria miró a Luciano y sintió una náusea familiar. Era el mismo patrón de Julián, pero elevado a una potencia infinita. La elegancia, la supuesta legitimidad, la amenaza velada bajo una sonrisa.
—Usted no es un Soler —dijo Valeria—. Los Soler no se esconden en las sombras mientras sus hermanos mueren.
—Oh, querida Valeria... —Luciano caminó hacia un cuadro de su abuelo que colgaba en la pared—. Nosotros somos las sombras. Tu padre intentó salirse de la luz y mira cómo terminó. Yo he venido a ofrecerte una salida. Únete a nosotros. Firma la transferencia de la tecnología de Aether Neural al Círculo, y podrás conservar tu título, tu mansián y hasta a tu pequeño novio tecnológico.
Valeria miró a Adrián, y luego volvió a mirar a Luciano. La furia que sentía era tan intensa que casi podía saborearla.
—Mi respuesta es la misma que la de mi padre —dijo Valeria, cada palabra pesando como una sentencia—. No.
Luciano suspiró, como si estuviera decepcionado por la falta de originalidad de un niño. —Esperaba que fueras más inteligente. Isabella dijo que tenías un don para ver el futuro. Tal vez deberías usarlo ahora para ver lo que le pasará a esta mansión en los próximos cinco minutos si no firmas.
Sebastián levantó su arma, pero Luciano ni siquiera parpadeó.
—Hay tres francotiradores apuntando a esta sala desde la colina vecina —dijo Luciano—. Y un equipo de asalto esperando tu orden de captura por "alta traición económica". El Círculo no hace auditorías, Valeria. El Círculo hace desaparecer naciones.
Valeria sintió que el aire se volvía pesado. Miró el diario de su padre en su mano. Sabía que no podía ganar esta batalla con fuerza bruta. Tenía que usar lo único que ellos no podían controlar: su conocimiento de lo que estaba por venir.
—Usted habla de francotiradores —dijo Valeria, caminando hacia Luciano hasta quedar a pocos centímetros de él—. Yo hablo de la caída de la bolsa de Hong Kong que ocurrirá dentro de tres horas debido a la filtración del archivo 'Sion' que mi padre dejó preparado. Si yo no introduzco un código de cancelación en los próximos sesenta minutos, el Círculo de los Doce perderá el cuarenta por ciento de su liquidez global antes de que sus francotiradores puedan apretar el gatillo.
Luciano se quedó petrificado. El brillo de superioridad en sus ojos vaciló por primera vez. —¿El archivo Sion? ¿Cómo sabes...?
—Lo sé todo, Luciano —mintió Valeria con una convicción absoluta, usando el nombre que acababa de leer en el diario—. Así que, ¿por qué no le dice a sus hombres que bajen las armas y me deja disfrutar de mi café mientras decidimos quién de los dos tiene más que perder?
Luciano apretó los dientes, su rostro transformándose en una máscara de odio contenido. Miró hacia la ventana, luego hacia Valeria.
—Esto no ha terminado, prima —susurró él—. Has ganado una hora. Pero tenemos cien capítulos por delante, y te aseguro que no vivirás para ver el final de la serie.
Luciano dio media vuelta y salió de la mansión, seguido de sus hombres. Valeria esperó hasta que el sonido de los motores se desvaneció antes de dejarse caer en un sofá, temblando.
—¿El archivo Sion? —preguntó Adrián, sentándose a su lado—. ¿De verdad existe?
—No lo sé —confesó Valeria, abriendo el diario de su padre con desesperación—. Pero es lo único que detuvo a Luciano. Tenemos que descubrir qué es Sion, y tenemos que hacerlo antes de que esa hora termine.
Valeria miró la foto de su madre. La búsqueda de la venganza había terminado. La lucha por la supervivencia de la humanidad contra el Círculo de los Doce acababa de comenzar.
Continuará...