✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Última oportunidad
La decisión final se tomó una tarde calurosa, sentados en las gradas de la cancha de básquet, justo antes del último partido de sus vidas como estudiantes de secundaria. El aire olía a caucho, sudor y a esa nostalgia anticipada de los que saben que una etapa se cierra.
—Voy a estudiar Derecho —soltó Noah de la nada, mientras se ajustaba las rodilleras—. Mi padre siempre quiso ser abogado, y después de los problemas económicos que tuvimos, quiero una carrera que me dé estabilidad. Quiero ayudar a mi familia.
Zane, que estaba haciendo girar un balón sobre su dedo índice, se detuvo en seco. No necesitó ni un segundo para procesarlo. Si Noah iba a estar rodeado de libros de leyes, códigos penales y, sobre todo, de nuevos compañeros de facultad, él no podía quedarse fuera.
—Qué coincidencia —dijo Zane con una sonrisa que intentaba parecer casual—. Yo también he estado pensando en Leyes. Mi padre dice que es la base para manejar los negocios de la familia. Además, Lewis también estudia derecho. Parece que seguiremos siendo pareja de equipo, Noah.
Mauro, sentado un escalón más arriba, arqueó una ceja. Él sabía que Zane odiaba leer textos largos y que prefería mil veces la acción del campo. Mauro era brillante; podría haber estudiado astrofísica o ingeniería, pero para él, la carrera era lo de menos mientras tuviera un reto intelectual.
—Bueno, si ustedes dos van a ser abogados, yo también —sentenció Mauro—. Alguien tendrá que explicarles los conceptos difíciles cuando no entiendan nada.
—¡Hey! ¡No me dejen solo! —gritó Luke, lanzando una toalla—. Yo no tengo ni idea de qué hacer con mi vida, pero si Mauro me ayuda con los deberes, creo que puedo sobrevivir a la facultad de Derecho. ¡El cuarteto se va a la universidad!
Zane rió, pero su mente ya estaba tres pasos adelante.
—Escucha, Noah —dijo Zane, bajando la voz y acercándose a él—. Sabes que mis padres me comprarán un apartamento cerca de la facultad para que no tenga que viajar tanto. Es grande, tiene dos habitaciones. Tienes que mudarte conmigo. Sería perfecto, estudiaríamos juntos todas las noches.
Noah lo miró con esos ojos café que, bajo la luz del gimnasio, se veían dorados. Sonrió con cariño, pero negó con la cabeza.
—No puedo, Zane. Mis padres han pasado por mucho últimamente con el dinero. Quiero estar con ellos un tiempo más, ayudarlos en casa. Pero... —añadió al ver la cara de decepción de Zane—, prometo que iré a dormir allí los días de exámenes o cuando tengamos que levantarnos muy temprano. Será como nuestra base de operaciones.
Zane asintió, tratando de ocultar su frustración. "Al menos lo tendré algunas noches solo para mí", pensó.
Mientras tanto, Luke se volvió hacia Mauro.
—¿Entonces tú y yo vivimos juntos? ¡Será genial! Podremos jugar videojuegos hasta las tres de la mañana.
—Tú vas a estudiar hasta las tres de la mañana si quieres que te ayude y no viviremos juntos... por el momento —respondió Mauro, aunque en el fondo estaba mirando a Zane. Mauro ya no tenía dudas: la coincidencia de la carrera y la oferta del apartamento eran pruebas irrefutables.
Semanas después, llegó la fiesta de graduación. El salón estaba decorado con luces azules y blancas. La música retumbaba y todos celebraban el fin de una era. Noah estaba en la pista de baile, riendo con un grupo de chicas, mientras Zane lo vigilaba desde la barra de bebidas, con un vaso de refresco en la mano y la mandíbula apretada.
Mauro se acercó a él y se apoyó en la barra.
—Se ve feliz, ¿verdad? —dijo Mauro sin mirar a Zane.
—Sí, siempre es el alma de la fiesta —respondió Zane con amargura.
—Zane, deja de actuar —soltó Mauro de repente, girándose para mirarlo a los ojos—. Sé por qué vas a estudiar leyes. Sé por qué compraste ese apartamento específicamente cerca de su ruta de autobús. Y sé por qué casi le rompes el brazo a ese chico que intentó sacar a bailar a Noah hace diez minutos.
Zane sintió que el mundo se desmoronaba. El ruido de la fiesta se volvió un zumbido lejano. Se puso pálido y sus manos empezaron a temblar.
—No sé de qué hablas —intentó decir, pero su voz lo traicionó.
—No soy tonto, Zane. Te conozco desde los doce años. Estás enamorado de él. Y no como un hermano.
Zane suspiró, dejando caer los hombros como si le hubieran quitado un peso de encima, pero la ansiedad lo consumía. Arrastró a Mauro hacia un rincón más apartado, detrás de unas cortinas pesadas.
—Por favor, Mauro... no se lo digas —suplicó Zane, con los ojos azules llenos de angustia—. Si se entera, lo voy a perder. Noah es... él es normal, Mauro. Le gustan las chicas. Viste cómo sufrió por Jessica. Si sabe que yo... que su "hermano" siente esto, le daría asco. Se alejaría de mí y prefiero morir antes que no tenerlo cerca.
Mauro suspiró, viendo la desesperación de su amigo.
—No creo que le des asco, Zane. Eres su persona favorita en el mundo. Pero tienes razón en algo: él cree que es heterosexual porque nunca se ha permitido mirar a nadie más que a Jessica o a las chicas que tú le permites conocer.
—Es un secreto, Mauro. Júralo —insistió Zane.
—Lo juro. No diré nada. Pero te voy a dar un consejo de amigo —dijo Mauro seriamente—. Tienes que moverte, Zane. Ahora vamos a la universidad. Habrá miles de personas nuevas, chicas inteligentes, chicos más altos... cualquier persona se lo puede llevar. No puedes pasarte la vida siendo su sombra y saliendo con chicas que no te importan para ocultarlo.
—Primero tenemos que entrar a la universidad —dijo Zane, tratando de recuperar la compostura—. Ese examen de ingreso es una bestia.
—Pues más vale que estudies —concluyó Mauro, dándole una palmada en la espalda—. Porque si Noah entra y tú no, ahí sí que lo perdiste para siempre.
Zane miró hacia la pista de baile. Noah acababa de verlos y lo saludaba con la mano, con una sonrisa radiante y esos hoyuelos que siempre desarmaban a Zane. Zane le devolvió el saludo, sintiendo una mezcla de miedo y esperanza.
La universidad sería su última oportunidad. En ese pequeño apartamento que sus padres le habían comprado, tendría que encontrar la forma de que Noah dejara de verlo como un hermano y empezara a verlo como el hombre que daría la vida por él.