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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3. Distancias peligrosas.

Capítulo 3

Distancias peligrosas.

Los días siguientes fueron una combinación cruel de deseo contenido y rechazo mutuo.

Valentina evitaba mirar a Alexander, y él fingía no notar su presencia, aunque ambos sabían que cada silencio entre ellos estaba cargado de tensión.

En sus tiempos libres, ella aprovechaba para ir a nadar, siempre a una hora puntual. Sabía que él estaría allí. En cualquier rincón detrás de la cúpula de cristal donde solía observarla, y eso no era algo que le disgustaba.

La lista de ejercicios asignada seguía sin resolverse y a pesar de su gran capacidad, no lograba concentrarse del todo.

Cada integral y cada derivada le recordaba a él. A sus manos moviéndose sobre la pizarra, a su voz exigiendo precisión, a esa mirada que parecía querer devorarla… pero solo por un segundo antes de esquivarla.

Esa mañana, se presentó en el aula vacía con los ojos marcados por el insomnio. Estaba decidida a resolver los problemas antes de que Alexander pudiera usarlo como excusa para menospreciarla.

Abrió su cuaderno y empezó a trabajar en silencio. Solo se escuchaba el rasgueo del bolígrafo sobre el papel.

—La integral está mal planteada.

Una voz profunda rompió el silencio.

Valentina levantó la cabeza bruscamente. Alexander estaba ahí, con los brazos cruzados en su pecho. El cabello ligeramente despeinado y esa expresión de cansancio que le daba un aire más humano, pero no menos intimidante.

—Estoy intentándolo —murmuró ella, volviendo a mirar su libreta.

Él caminó hacia el escritorio.

—Intentar no sirve de nada si usas mal la base —dijo con un tono seco—, olvidaste el cambio de variable y ese pequeño error inicial es lo que te va a tirar todo el ejercicio.

Ella frunció el ceño y se levantó.

—¿Volverá a decirme que soy una inútil?

Alexander se tensó. Su mandíbula se contrajo y su mirada bajó hacia ella.

—Yo no he dicho eso.

—Pero lo insinuó.

—No lo hice —su voz sonó más baja, como si cada palabra le costara—. A veces, cuando uno quiere que algo desaparezca, actúa con dureza.

Valentina parpadeó.

¿Acaso eso era una confesión?

—¿Está hablando de mí? —preguntó, incrédula.

—Estoy hablando del cálculo —él volvió a su tono habitual, frío, distante—. ¿Por qué hablaría de usted?

Valentina se sintió ridícula por un instante. Claro que no hablaría de ella. ¿Cómo iba a hacerlo? Él solo era su profesor. Mayor. Respetado... Intocable.

—Entonces disculpe. No quise hacerle perder su valioso tiempo con mis errores.

Tomó sus cosas y caminó hacia la puerta. Alexander no se movió, pero su voz la detuvo.

—Soler.

Ella giró despacio, esperando una disculpa, una señal… cualquier cosa.

—Lo que siente hacia mí no es real —dijo, con una serenidad escalofriante.

Esa frase la dejó helada. Valentina sabía que él también se sentía atraído por ella, aunque lo negara.

—¿Perdón? —lo miró, alzando una ceja.

—La atracción que usted cree que existe. Es una ilusión. Puede controlar eso —su mirada se endureció —. Y debe hacerlo.

Valentina soltó una risa irónica.

—No sabía que podía percibir la pena ajena que siento por usted, profesor. Es tan arrogante que cree que me gusta, cuando no es así.

—Claro —se limitó a decir.

—"Profesor iceberg" —balbuceó ella—. Ya sé de dónde viene su apodo, cree ser tan frío, tan cruel, pero lo que no sabe es que se miente a usted mismo.

Salió del aula y cuando cruzó la esquina, se apoyó contra la pared, cerró los ojos y respiró hondo. Sintió una rabia ácida subirle por la garganta.

Él la deseaba. Lo sabía. Lo vio en sus ojos. Pero la trataba como si fuera una tonta que confundía sus emociones.

Ese mismo día, después de clase, Cata empezó a interrogarla.

—¿Qué pasó ahora con el profesor hielito?

—Nada importante.

—Seguro —Cata alzó una ceja—. Valen, si ese tipo sigue mirándote como si fueras pecado y penitencia a la vez, vas a terminar más rota que derivada sin función.

—No me mira así. Él me lo dijo.

—Si lo hace. Y tú lo sabes —Cata bajó la voz—. No estoy diciendo que actúes. Pero si vas a sufrir, al menos que sea por algo que valga la pena.

Valentina bajó la mirada. Cata tenía razón. Su confusión no venía del rechazo. Venía del deseo frustrado que sentía él por ella y de la necesidad de que él la viera no solo como su alumna, sino como mujer.

Esa tarde, intentó ignorarlo. Se puso los audífonos, repasó fórmulas y trató de llenar su mente con integrales múltiples. Pero en cada espacio vacío aparecía él.

Y entonces, recordó algo.

Los viernes por la tarde, él solía quedarse en el salón anexo. Revisando trabajos.

No se detuvo a pensarlo demasiado. Tomó su libreta, se puso una blusa sencilla un jeans ajustado y caminó hacia la facultad con el corazón martilleando contra sus costillas.

Cuando llegó, la puerta estaba entreabierta. Tocó suavemente. Nadie respondió.

Empujó la puerta. Alexander estaba de espalda frente al ventanal, con la camisa remangada, un café y un cuaderno en su mano.

—Profesor Rivas...

Él giró lentamente. Su gesto se suavizó al verla, pero no habló.

—Necesito ayuda con dos ejercicios. No le quitaré mucho tiempo.

Él asintió, sin dejar de mirarla.

—Bien.

Le entregó la libreta y por un segundo sus manos se rozaron. La electricidad volvió. Pura, brutal.

—¿Cuál es el problema? —preguntó, mirando los ejercicios.

—No entiendo por qué el límite no converge. Creo que el cambio de variable lo arruina. ¿Lo estoy haciendo mal?

—Estás multiplicando por un término que no se cancela.

Valentina lo miró de lado mientras él explicaba. Su mandíbula marcada, su cuello ligeramente expuesto por la camisa entreabierta y el olor de su perfume.

—Profesor…

—No lo digas —murmuró él, sin mirarla.

—Ni siquiera he dicho qué…

—Pero lo estás pensando —se giró hacia ella—. ¿Por qué haces esto? ¿Quieres que me equivoque? ¿Que cruce una línea que no debe cruzarse?

—Yo no hice nada —su voz era firme, pero suave—. Usted fue el primero en mirarme.

—Valentina…

Oír su nombre en sus labios la estremeció.

—¿Por qué se niega a sentir?

Él apretó la mandíbula. Cada músculo de su cuerpo gritaba por tocarla.

—Porque tengo cuarenta y cinco años y tú apenas veintiuno.

—La edad no impide sentir.

Alexander no podía creer que esa frase había salido de ella.

Pero en vez de besarla, se alejó.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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