Margot, es una veterinaria y muy sarcástica que ama lo que hace. Pero un día de trabajo una serpiente venenosa la muerde. Su muerte la llevó a una de las tantas historias que leyó. Sin embargo, tras los recuerdos difuso de ese cuerpo sabe que esta en aprieto al ser una Omega débil.
Pero todo cambia cuando el emperador alfa, Hazem toma interés en ella.
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Capitulo 3: “Omega entrometida"
El médico imperial olía a hierbas, tinta y paciencia agotada.
Dafne estaba sentada frente a él sobre una silla incómoda mientras el hombre revisaba unos papeles con expresión indiferente. Seguía sintiendo el cuerpo pesado desde que despertó en aquel mundo y el ardor en la marca del brazo no había desaparecido del todo desde que vio al emperador.
El médico levantó apenas la vista.
—Desnutrición severa, agotamiento físico, falta de descanso y anemia.
Dafne apoyó la mejilla sobre la mano.
—¿No faltó algo más?
El hombre ignoró el comentario.
—Debes consumir más proteína, más carne roja, huevos, pan fresco y comidas con mayor contenido de grasa.
Ella soltó una pequeña risa sin humor.
—Claro.
El médico escribió algo rápidamente.
—También necesitas vitaminas y menos trabajo físico.
—Por supuesto. Es fácil conseguirlo no eres una sirvienta.
El hombre finalmente la miró con fastidio.
—Si no mejoras, seguirás desmayándote.
El médico dejó la pluma sobre la mesa. Porque Dafne no tenía respuesta.
Un silencio incómodo llenó la habitación.
Después el hombre simplemente suspiró.
—Llévale esto a la encargada de cocina. Necesitas mejor alimentación durante algunas semanas.
Dafne tomó el papel y leyó rápidamente la lista. Había alimentos que ni siquiera había visto en las cocinas de los sirvientes.
—No puedo pagar esto.
—Ese no es mi problema.
Ella levantó la vista lentamente.
—Qué alma tan cálida tiene usted.
—Estoy ocupado. Pero vine por órdenes del emperador.
—Lo noté, ni siquiera fingió compasión.
El médico volvió a escribir sin mirarla.
—Puedes retirarte.
Dafne salió de la habitación murmurando entre dientes.
—En mi otra vida los doctores al menos sonreían antes de arruinarte económicamente.
Apenas volvió al área de servicio, el ambiente ya estaba alterado. Sirvientes cruzaban los pasillos cargando bandejas, arreglos florales y enormes telas decorativas. Algunos corrían. Otros discutían órdenes a toda velocidad.
Lina apareció sosteniendo varios manteles doblados.
—¡Por fin! Pensé que te habías muerto otra vez.
—La tarde apenas empieza, dame tiempo.
Lina le entregó una parte de los manteles.
—Muévete rápido, hoy será horrible.
—¿Qué pasa?
La chica la miró como si hubiera olvidado algo obvio.
—El banquete imperial.
Dafne sintió cansancio inmediatamente.
—Ay, no...
Caminaron juntas hacia el salón principal mientras alrededor todo se volvía más elegante y más tenso. Los nobles comenzarían a llegar al anochecer y cada detalle debía verse perfecto.
Dafne observaba todo con atención silenciosa. El ala imperial era inmenso. Cada corredor parecía construido para recordarle a los demás cuánto poder tenía la familia imperial. Había soldados vigilando cada entrada, nobles caminando con arrogancia y empleados inclinando la cabeza cada pocos segundos.
Y los omegas seguían siendo tratados como objetos delicados o molestos dependiendo del humor de quien los mirara.
Un cocinero empujó a un joven omega solo porque estaba ocupando espacio cerca de la puerta.
—Muévete, inútil.
El chico pidió disculpas de inmediato aunque claramente no había hecho nada.
Dafne apretó ligeramente la mandíbula.
Lina la vio.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—De decir algo problemático. Últimamente estás así.
—Apenas me estás conociendo.
Lina bajó la voz mientras acomodaban copas sobre una mesa enorme.
—En serio, compórtate hoy. Vendrán familias nobles importantes, alfas de alto rango y consejeros imperiales. Si alguien se molesta contigo, nadie te va a defender.
Dafne acomodó una copa torcida.
—No planeo iniciar una revolución antes de cenar.
—Dafne. Deja de actuar raro.
—Estoy bromeando.
—Ese es el problema, nunca bromeas.
Ella soltó una pequeña sonrisa cansada.
La tarde pasó rápido entre órdenes y preparativos. Cuando finalmente cayó la noche, el salón imperial ya estaba iluminado por enormes lámparas doradas. La música suave llenaba el ambiente mientras los nobles comenzaban a entrar vestidos con ropa elegante y joyas exageradas.
Dafne observaba todo mientras sostenía una bandeja de vino.
Seguía sin acostumbrarse a aquel lugar.
En su antigua vida había leído suficientes novelas para imaginar bailes y palacios, pero vivir dentro de uno era agotador. Todos fingían demasiado. Las sonrisas parecían ensayadas. Las conversaciones tenían veneno escondido debajo de palabras educadas.
Y los omegas…
Los omegas actuaban como si respirar demasiado fuerte fuera un error.
Uno de los nobles tomó una copa de la bandeja de Dafne sin siquiera mirarla.
—Que Omega tan fea.
Ella sonrió falsamente y apunto de hacer algo Lina apareció rápidamente.
—Que disfrute la bebida
El noble resopló y se alejó.
Lina giró hacia Dafne horrorizada.
—¿Quieres morir?
—No se. Quizás.
—¡Dafne!
Ella soltó una pequeña risa.
Pero esa risa desapareció apenas el salón entero se silenció.
Las puertas principales acababan de abrirse.
El emperador Hazem entró acompañado de varios guardias y miembros de la familia imperial.
Dafne sintió otra vez aquel ardor en el brazo.
Más fuerte que antes.
Tuvo que apretar los dedos alrededor de la bandeja para no soltarla.
Hazem caminaba lentamente entre la multitud como alguien acostumbrado a que todos se apartaran. Alto, impecable, expresión fría. Su presencia llenaba el salón incluso sin hablar.
Los nobles inclinaron la cabeza inmediatamente.
Dafne tardó un segundo en hacerlo.
Y cuando levantó apenas la mirada, los ojos del emperador estaban sobre ella.
Otra vez.
Aquello le incomodó muchísimo.
Hazem siguió avanzando mientras los sirvientes comenzaban a moverse nuevamente. Conversaciones suaves llenaron otra vez el ambiente, aunque la tensión seguía presente.
Dafne intentó ignorarlo.
Intentó concentrarse en servir bebidas.
Intentó fingir que el brazo no le estaba quemando.
Pero entonces escuchó una voz masculina cerca.
—Los omegas del ala sur siguen causando problemas.
Uno de los nobles hablaba con Hazem mientras caminaban cerca de la mesa principal.
—Hubo una pelea ayer —continuó el hombre—. Uno de ellos se negó a obedecer.
Hazem tomó una copa con calma.
—¿Y?
—El supervisor pidió autorización para castigarlos.
El emperador ni siquiera dudó.
—Si un omega olvida cuál es su lugar, corríjanlo.
Dafne sintió el mal humor subirle al pecho de inmediato.
Qué hombre tan desagradable.
Otro noble rio ligeramente.
—Algunos creen que los omegas merecen más libertades últimamente.
Hazem bebió un poco de vino antes de responder.
—Las personas débiles siempre creen merecer más de lo que pueden sostener.
La frase cayó pesada cerca de los sirvientes.
Dafne observó discretamente cómo varios omegas bajaban aún más la cabeza.
Sintió rabia.
Porque él hablaba como si estuviera describiendo animales molestos.
Entonces ocurrió algo.
Uno de los jóvenes omegas encargados de servir tropezó accidentalmente cerca de la mesa imperial. Una copa cayó al suelo rompiéndose en pedazos.
El salón quedó en silencio.
El muchacho palideció enseguida.
—P-perdón, majestad...
Hazem lo observó unos segundos.
Frío.
Impasible.
—¿Cuántos años tienes?
—Diecisiete...
—Y aun así ni siquiera puedes sostener una bandeja.
El omega comenzó a temblar.
—Lo siento mucho.
Uno de los nobles soltó una risa burlona.
—Los omegas jóvenes cada vez son más inútiles.
Dafne apretó la mandíbula.
El chico seguía temblando frente a todos mientras intentaba recoger el vidrio con manos inseguras.
Hazem habló otra vez.
—Míralo. Apenas recibe presión y parece que va a llorar.
El omega bajó más la cabeza.
Dafne ya estaba cansándose.
Mucho.
Tomó aire despacio y avanzó antes de pensarlo demasiado.
—Se cortará la mano si sigue recogiendo eso nervioso.
Varios rostros giraron hacia ella de inmediato.
Lina casi dejó caer su bandeja.
Hazem levantó lentamente la mirada hacia Dafne.
El salón quedó peligrosamente silencioso.
Dafne ya sabía que acababa de meterse en problemas.
Pero sinceramente ya estaba irritada.
Ella dejó su bandeja sobre una mesa cercana y se agachó frente al chico omega.
—Muévete un poco.
El joven la miró aterrado.
—P-pero...
—Si sangras sobre la alfombra imperial probablemente me maten a mí también, así que coopera.
Algunos nobles la miraban horrorizados por atreverse a hablar así delante del emperador.
Dafne recogió cuidadosamente algunos vidrios mientras sentía la mirada de Hazem encima.
Muy encima.
Incómodamente encima.
Cuando terminó, se puso de pie lentamente.
Brina parecía a punto de desmayarse desde el otro extremo del salón.
Hazem seguía observándola sin hablar.
Dafne sostuvo su mirada unos segundos antes de hablar.
—Las copas resbalan. Le pasa hasta a la gente importante. ¿O, no, su Majestad?
Un noble abrió los ojos indignado.
—¿Cómo te atreves a hablarle así al emperador?
Ella lo miró sin mucho interés.
—No le grité. No lo ofendí tampoco.
—¡Claro que sí!— expresó ese noble—. Lo llamaste torpe cuando el es perfecto.
Hazem lo ignoró por completo y apoyó la copa sobre la mesa.
Y entonces algo extraño ocurrió.
No parecía molesto.
Eso confundió todavía más a todos.
Sus ojos seguían sobre Dafne con una intensidad difícil de explicar. Como si intentara entender algo que no lograba apartar de su mente.
El ardor en la marca del brazo empeoró tanto que Dafne tuvo que tensar los dedos.
Hazem notó el movimiento.
—Acércate.
La orden cayó directa.
El salón entero quedó inmóvil otra vez. Lina parecía a punto de entrar en pánico.
Dafne tragó saliva lentamente. Cada instinto dentro de ella le decía que mantuviera distancia de aquel hombre.
Pero también sabía que negarse sería peor.
Caminó despacio hasta quedar frente a él.
Hazem era aún más intimidante de cerca. Tenía una presencia pesada, dominante, el tipo de hombre que probablemente estaba acostumbrado a destruir vidas con una sola frase. Y lo haría con ese rostro tan perfecto que parecía un ángel oscuro.
Seguía mirándola de aquella manera extraña.
—Dafne —dijo él.
Eso la dejó descolocada.
—¿Me recuerda?
—La sirvienta enferma.
Ella levantó apenas una ceja.
—Qué honor ser recordada por mi pésimo estado físico.
Algunos nobles parecían escandalizados por su respuesta.
Pero Hazem…
Hazem casi sonrió.
Y eso pareció inquietar más que cualquier expresión fría.
El emperador bajó la mirada hacia el brazo de Dafne cubierto por la manga larga.
—¿Por qué tiembla tu mano?
Ella sintió el ardor pulsando debajo de la piel.
—Tal vez su presencia imperial me provoca alergia.
Lina cerró los ojos desde lejos como si estuviera rezando.
El silencio duró apenas unos segundos.
Después Hazem habló con voz tranquila.
—Deberías cuidar mejor cómo hablas.
Dafne sostuvo su mirada.
—Y usted debería tratar mejor a la gente que trabaja para usted.
Varios nobles quedaron completamente rígidos.
Uno incluso murmuró horrorizado:
—Está loca.
Probablemente.
Pero Dafne ya estaba cansada de hombres arrogantes incluso en otra vida.
Hazem la observó fijamente.
Y aunque su expresión seguía seria, algo había cambiado en sus ojos desde el momento en que ella habló.
Algo más oscuro. Más interesado y más peligroso.
Y Dafne tuvo la sensación incómoda de que aquel hombre acababa de fijarse demasiado en ella.
porque hazem es el emperador y darbe la luna Omega
así que ya todos en regla derechitos💪💪💪