Marcada desde la juventud por un pacto desesperado entre su progenitor y un ser de la noche, Bibiana es reclamada como la compañera eterna del hijo de un linaje maldito. Al cruzar el umbral del mundo sobrenatural, la resistencia se mezcla con la atracción. Entre secretos familiares oscuros y una pasión prohibida que desafía la inmortalidad, ella descubrirá que no es una humana común, y que el trato de su padre fue solo el inicio de una profecía de sangre
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Capítulo 17 - El peso del destino
Casa de Matt – Sala de estar
Bibiana miraba a Martina con una mezcla de escepticismo y temor. Las palabras de la mujer resonaban en las paredes como una sentencia antigua.
—¿Cómo puede saber usted todo eso? —preguntó Bibiana, tratando de mantener la voz firme.
Martina barajó el mazo sobre la mesa con parsimonia.
—Yo leo las cartas. Ellas me lo dicen todo.
Tomás, que observaba desde el marco de la puerta, soltó una risa burlona.
—Mi mamá lee el futuro a través de los naipes. Desde luego, mi hermano y yo no creemos en esas supersticiones.
—Yo tampoco creo en esas cosas —secundó Bibiana, intentando sonar segura.
Martina ignoró el escepticismo de los jóvenes y miró fijamente a su hijo.
—Tomás, ¿puedes dejarme a solas con esta jovencita?
—Sí, mamá. Pero no vayas a aburrirla con tus historias absurdas —advirtió él antes de dar la vuelta y salir de la casa.
En cuanto la puerta se cerró, la atmósfera en la habitación se volvió pesada. Martina clavó sus ojos en Bibiana.
—Tú ya no amas a mi hijo. ¿Para qué viniste a buscarlo entonces?
—Vine porque quiero que me perdone una vez más por haberle hecho daño —admitió Bibiana, bajando la mirada—. Quiero que intentemos quedar como amigos.
—Mi hijo nunca va a querer tu amistad porque él te ama de verdad —sentenció la mujer con dureza—. Él nunca va a comprender que estás destinada a estar para siempre con ese vampiro.
Bibiana palideció y dio un paso atrás.
—¿Cómo sabe que Adam es un vampiro? —Se interrumpió a sí misma—. Las cartas... lo olvidaba.
—Si no quieres que mi hijo sufra más por ti, es mejor que te vayas y no vuelvas a buscarlo nunca más.
—Explíqueme algo —insistió Bibiana, ignorando la advertencia—. ¿Por qué dice que estoy destinada a estar con Adam para siempre?
—Porque fuiste escogida para él; está escrito en tu destino. Así no lo quieras, vas a ser su pareja para toda la eternidad. De eso nadie te va a librar.
—Todo lo que me dice es una locura.
—No es una locura, porque tú ya estás enamorada de él. ¿O me equivoco?
Bibiana se quedó callada, apretando los puños.
—Tu silencio me da la razón —concluyó Martina con una sonrisa amarga.
En ese momento, el sonido de la puerta principal interrumpió la tensión. Matt entró a la sala, ajeno a lo que ocurría.
—Mamá, ya llegué.
—Hola, hijo.
Al levantar la vista, Matt se congeló.
—¿Qué haces aquí, Bibiana?
—Hola, Matt. Vine a buscarte porque necesitamos hablar.
—Sí, pero... ¿de qué estaban hablando ustedes dos antes de que yo entrara? —preguntó él, mirando a ambas con desconfianza.
—Le estaba diciendo a esta joven que se fuera y no volviera a buscarte —intervino Martina con frialdad.
Matt suspiró, visiblemente avergonzado.
—¿Solo eso, mamá? ¿De casualidad no le estabas contando tus historias del futuro y las cartas a Bibi?
—No, tu mamá solo me estaba pidiendo que me fuera. ¿Cierto, señora? —intercedió Bibiana para evitar más tensión.
—Sí, es cierto —asentió la mujer—. ¿Quieres que te deje solo con ella, hijo?
—Por favor, mamá.
—Entonces los dejo —dijo Martina, retirándose hacia las habitaciones.
Matt esperó a quedarse a solas para interrogarla.
—Dime la verdad, ¿qué te dijo mi mamá?
—Me dijo que me alejara de ti porque estoy destinada para un ser sobrenatural —respondió Bibiana con franqueza.
—Debí imaginármelo. Qué vergüenza contigo, Bibi.
—No te preocupes por eso, no le doy importancia.
Matt dio un paso hacia ella, ablandando la mirada.
—¿De qué quieres hablar conmigo, Bibiana?
—Quiero que me perdones una vez más por haberte lastimado. Yo nunca quise engañarte.
—Lo sé, Bibi —respondió él en un susurro.
—¿Qué sabes?
—Tuve un sueño muy extraño hace una semana con tu supuesto amigo —confesó Matt, rascándose la nuca, confundido—. Él se apareció en mis sueños y me dijo que te había besado dos veces sin tu consentimiento. También me dijo que tú me amabas de verdad y que estabas sufriendo mucho.
Bibiana abrió los ojos de par en par.
—¿De verdad soñaste eso?
—Sí. Y no sé por qué, pero en ese sueño lo vi muy sincero.
«Lo hizo para verme feliz... Adam me ama», pensó Bibiana, sintiendo un vuelco en el corazón.
—Bibi, te amo —continuó Matt, tomándola de las manos—. No quiero perderte por nada del mundo. Estoy dispuesto a perdonarte y a olvidar todo lo que pasó.
—¿Me perdonas de verdad?
—Sí, mi amor —sonrió él, aliviado.
—Gracias, Matt. No podía vivir con la culpa de haberte lastimado. Sé que hice las cosas mal, pero ya no volverán a pasar —le aseguró ella, regalándole una sonrisa de gratitud.
—Claro que no, porque ahora que volvimos, tú ya no buscarás a ese tipo y seguiremos siendo felices como siempre —celebró Matt con entusiasmo, acortando la distancia para intentar besarla.
Bibiana giró el rostro rápidamente, evitando sus labios. El beso cayó en su mejilla.
Matt se tensó de inmediato y retrocedió un paso.
—¿Qué pasa, Bibi?
—Matt, estoy muy feliz porque me perdonaste, pero...
—¿Pero qué?
—Eso no significa que vayamos a retomar nuestra relación.
La sonrisa de Matt se desvaneció por completo.
—¿No viniste a arreglar las cosas?
—Matt, hace una semana yo estaba confundida. No sabía a quién quería, si a ti o a Adam.
—¿Y ya lo aclaraste? Me quieres a mí, ¿no? —preguntó él, con un hilo de desesperación.
—Matt, yo te quiero mucho y siempre vas a ocupar una parte importante en mi corazón porque fuiste mi primer novio, pero...
—Habla de una vez por todas, Bibiana —la cortó él, con la voz temblorosa.
—A quien amo verdaderamente es a Adam.
Matt retrocedió como si hubiera recibido un golpe físico.
—No puede ser...
—Me enamoré de él.
—¡Nunca estuviste enamorada de mí! —reclamó él, con los ojos llenos de dolor.
—Sí lo estuve, pero no lo suficiente. Es por eso que nunca me entregué a ti por completo.
La tristeza de Matt se transformó rápidamente en rabia.
—Quiero que me digas ahora mismo qué sientes por ese imbécil.
—No tiene caso decírtelo, Matt.
—¡Yo quiero saberlo y quiero que me lo digas ahora! —exigió furioso, dándole un paso al frente y sujetándola con fuerza de los brazos.
Bibiana guardó silencio, sosteniéndole la mirada a pesar del miedo.
Casa de los Anderson – Estudio de Ignacio
El estudio estaba en silencio, impregnado del aroma a tabaco y papel viejo. Ignacio estaba sumido en sus pensamientos hasta que el suave golpeteo en la puerta lo trajo de vuelta a la realidad.
—¿Estás muy ocupado, papá? —preguntó Elena, asomando la cabeza con una expresión de fingida preocupación.
Ignacio dejó sus anteojos sobre el escritorio y le dedicó una sonrisa cansada.
—Nunca estaré lo suficientemente ocupado para ustedes, hija. Pasa.
Elena entró y cerró la puerta tras de sí, caminando con paso lento hacia el escritorio. Se sentó frente a él, entrelazando las manos sobre su regazo.
—Gracias, papá... Es que tengo que contarte algo —hizo una pausa dramática, bajando la voz—. Es sobre mi hermana.
Ignacio se tensó de inmediato, y su mirada se llenó de alarma.
—¿Qué le pasó a Bibiana? ¿Está bien?
—A ella no le ha pasado nada malo, físicamente —aclaró Elena, midiendo cada una de sus palabras—. Lo que quiero contarte es lo que realmente está pasando en su relación con Matt.
Ignacio frunció el ceño, confundido. Siempre había creído que ese noviazgo era sólido.
—Entonces cuéntamelo todo, hija. ¿Qué está sucediendo entre Bibiana y ese muchacho?
Elena guardó silencio por un momento, fingiendo que le costaba hablar, aunque por dentro disfrutaba del poder que tenía en ese instante sobre el destino de su hermana.