Odiar es una palabra fuerte, un sentimiento que se debía de sentir mucho entre los Markov y Villal Pero que pasa cuando quieren formar las paces entre ellos por el bien del dinero… digo las familias. ¿Obligarian a sus hijos a un matrimonio? Pero… ¿A quienes de ellos?
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El baile terminó
Catalina apenas alcanzó a respirar cuando Damian llegó hasta ellos.
La música seguía sonando.
Las cámaras seguían alrededor.
Pero el ambiente cambió igual.
Más pesado.
Más tenso.
Alekséi sonrió lentamente al verlo acercarse.
Como si hubiera estado esperando exactamente eso.
—Oh, ahí está el problema.
Damian ignoró completamente el comentario.
Sus ojos fueron directo a Catalina primero.
Después a la mano de Alekséi en su cintura.
Y finalmente volvió a mirarlo a él.
—El baile terminó.
La frase salió tranquila.
Demasiado tranquila.
Eso era peor.
Alekséi arqueó apenas una ceja.
—Curioso. La música sigue sonando.
Catalina sintió la tensión subir peligrosamente entre los dos hermanos.
Y honestamente…
no entendía por qué Damian parecía tan molesto.
Alekséi soltó una risa baja.
—¿Qué pasa? ¿Ahora sí te importa la coreografía familiar?
Damian dio un paso más cerca.
—Alekséi.
Advertencia clara.
Pero Alekséi vivía provocando incendios.
—Relájate. Solo estoy bailando con tu futura esposa.
Silencio.
Brutal.
Catalina sintió que el corazón se detenía un segundo.
Thiago casi logra soltarse de Bruno al escuchar eso.
—¡VOY A MATARLO!
—¡THIAGO NO!
Varios invitados giraron hacia ellos alarmados.
Perfecto.
Escándalo público en progreso.
Damian sostuvo la mirada de su hermano unos segundos más.
Y algo peligroso cruzó su expresión.
Celos.
Clarísimos.
Catalina lo notó.
Y lo peor…
fue que Alekséi también.
Porque sonrió inmediatamente después.
Como un depredador encontrando algo divertido.
—Oh.
Damian extendió la mano hacia Catalina sin apartar la vista de Alekséi.
—Ven.
Catalina parpadeó.
—¿Qué?
—El baile era conmigo.
La cercanía de ambos hombres estaba empezando a llamar demasiada atención.
Las cámaras seguían captando todo.
Ignacio y Viktor observaban tensos desde el otro lado del salón.
Amalia directamente parecía contener la respiración.
Y Thiago seguía intentando cruzar media gala para asesinar gente.
Alekséi finalmente soltó una carcajada.
—Dios, esto es muchísimo mejor de lo que esperaba.
Pero aun así…
retrocedió un paso.
Porque incluso él sabía cuándo dejar de provocar.
Más o menos.
Catalina dudó apenas un segundo antes de tomar la mano de Damian.
Y el momento exacto en que sus dedos se tocaron…
algo cambió.
Otra vez.
Porque Damian apretó apenas su mano antes de atraerla hacia él.
Más cerca de lo necesario.
Mucho más.
Alekséi pasó junto a ellos sonriendo como un idiota satisfecho.
—Disfruten la tensión emocional, torturados.
Catalina quería asesinarlo.
Damian probablemente también.
Pero la música seguía.
Y ahora estaban solos en el centro de la pista.
Bueno.
Tan solos como podían estar con cientos de personas mirando.
Catalina levantó apenas la vista hacia él.
—Tu hermano tiene problemas.
—Muchos.
—Y disfruta empeorarlos.
—Demasiado.
Damian colocó una mano en su cintura guiándola lentamente al ritmo de la música.
Y Catalina odió lo natural que se sintió eso.
Porque bailar con Alekséi había sido divertido.
Provocador.
Pero con Damian…
era distinto.
Más intenso.
Más peligroso.
Más difícil de ignorar.
—¿Estás enojado? —preguntó ella antes de pensar demasiado.
Damian sostuvo su mirada unos segundos.
—¿Quieres una respuesta diplomática o una honesta?
Eso le aceleró el pulso.
—La honesta.
Él la hizo girar lentamente antes de volver a acercarla.
Demasiado cerca otra vez.
—No me gustó verlo tocarte.
Catalina dejó de respirar un segundo.
Directamente.
Sin sarcasmo.
Sin juego.
Solo honestidad.
Y eso era muchísimo peor.
La música parecía lejana ahora.
Las voces también.
Todo se reducía demasiado a él.
A sus manos.
A su mirada.
A la forma en que la observaba como si hubiera olvidado que estaban rodeados de gente.
—Damian…
—Lo sé —murmuró él inmediatamente—. Esto es una mala idea.
Pero no se alejaba.
Ni ella tampoco.
Y desde el otro lado del salón…
Thiago los observaba con una expresión que prometía violencia futura.