“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19: La molestadera de Yurani
Narra Ángel Pacheco
Después de salir con Sabrina llegué a la casa sintiéndome como el hombre más feliz del mundo.
Nojoda, yo iba caminando por las calles de Barranquilla sonriendo solo como un loco.
Todavía sentía el beso de Sabrina en mi cabeza.
Todavía escuchaba su voz diciéndome:
“Mi osito costeño.”
Y cada vez que me acordaba me daban ganas de sonreír otra vez.
Cuando llegué al apartamento abrí la puerta despacito para no despertar a nadie porque ya era tarde.
Pero apenas entré escuché una voz.
—Ajáaaa…
Era Yurani.
Estaba sentada en el sofá mirándome con cara de chismosa.
Yo la señalé.
—¿Y usted qué hace despierta?
Ella empezó a reírse.
—Esperándolo.
—¿A mí? ¿Pa’ qué?
Yurani cruzó los brazos.
—Porque alguien llegó enamorado.
Yo rodé los ojos.
—No empiece.
Ella se levantó rápido acercándose.
—Ay nooo, mírele la cara. Usted viene feliz.
Yo traté de pasar de largo.
—Déjeme quieto.
Pero ella me siguió.
—¿Y sí le pidió que fuera su novia?
Yo volteé sorprendido.
—¿Cómo sabe eso?
Ella empezó a gritar bajito emocionada.
—¡SABÍA!
Yo me agarré la cabeza riéndome.
—Nojoda, usted parece detective.
Ella seguía brincando emocionada.
—Cuente todo ya.
—Nada que contar.
—Ángel.
—¿Qué?
—Le conozco esa sonrisa desde chiquito.
Yo terminé soltando una carcajada.
—Sí… sí me dijo que sí.
Yurani gritó emocionada.
—¡AYYY DIOS MÍO!
Yo rápido hice señas para que bajara la voz.
—Shhh, va a despertar a mi mamá.
Ella se tapó la boca riéndose.
Después me agarró el brazo.
—¿Y la besó?
Yo la miré serio.
—Oiga, respete.
Ella soltó otra carcajada.
—Ay yaaa, cuente.
Yo negué divertido.
—Usted es demasiado metida.
Ella me abrazó rápido.
—Me alegra verlo feliz otra vez.
Eso me dejó callado unos segundos.
Porque Yurani sabía cuánto me había afectado todo lo del terremoto y Juan Pablo.
Yo le despeiné el cabello.
—Gracias, enana.
Ella hizo mala cara.
—No me diga enana.
—Siempre será mi hermana menor.
Ella rodó los ojos.
—Bueno ya váyase pa’ su cuarto que seguro quiere hablar con la novia.
Yo me reí.
—Chismosa.
Me fui al cuarto todavía sonriendo.
Me tiré en el colchón mirando el techo unos segundos antes de agarrar el celular.
Y de una pensé en Gregorio.
Así que lo llamé.
El teléfono sonó un par de veces hasta que contestó.
—Ajá, parcero.
Yo me reí de una vez.
—¿Qué más, Gregory?
—¿Por qué esa voz de hombre enamorado?
Yo solté una carcajada.
—Nojoda, ya todo el mundo me conoce.
Gregorio empezó a reírse también.
—Cuente pues.
Yo me acomodé mejor en la cama.
—Parcero… Sabrina ya es mi novia.
Gregorio gritó emocionado del otro lado.
—¡Esaaa nojoda!
Yo me reía escuchándolo.
—Sí, parcero.
—¿Y cómo fue?
Ahí empecé a contarle todo.
Desde que salimos, hasta cuando le pedí que fuera mi novia y el beso.
Gregorio no dejaba de molestar.
—Uy no, el romántico.
—Cállese.
—¿Y sí besa bueno o no?
Yo solté una carcajada.
—Respete a mi novia.
Él seguía riéndose.
—Nojoda, ya estás domesticado.
Yo negué divertido.
—Usted habla porque todavía anda sufriendo por Katrina.
Gregorio se quedó callado un segundo.
—Bueno… sí me gusta bastante.
Yo sonreí.
—Entonces deje el miedo.
Él suspiró.
—Es complicado, parcero.
—Nada es complicado. La pelada lo mira como si usted fuera cantante famoso.
Gregorio empezó a reírse.
—Mentiroso.
—Le digo la verdad.
Seguimos hablando un rato y molestándonos como siempre.
Hasta que Gregorio dijo riéndose:
—Bueno, dile a tu novia que haga una salida y lleve a la amiga.
Yo solté una carcajada.
—¿A Katrina?
—Claro.
—¿Y usted qué quiere?
Gregorio respondió enseguida:
—Conocerla más, nojoda.
Yo seguía riéndome.
—Ah bueno, ya entendí al señor enamorado.
Él hizo mala cara por teléfono.
—Cállese.
—Voy a decirle a Sabrina entonces.
Gregorio soltó una risa nerviosa.
—Pero no le diga así tan directo.
—¿Entonces cómo?
—Invítalas normal.
Yo seguía muerto de risa.
—Parcero, usted sí está tragado.
Él suspiró.
—Demasiado.
Nos quedamos hablando otro rato de tonterías y recuerdos de Santa Marta.
Y aunque todavía nos dolían muchas cosas…
por primera vez en muchísimo tiempo, los dos estábamos volviendo a sentir algo bonito en nuestras vidas.