Esta historia habla de una chica que se embarazó muy joven y tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo lleno de dificultades. Sin apoyo suficiente y con pocas oportunidades, se vio obligada a “buscarse la vida” como pudo, enfrentando la realidad desde muy temprano. Por amor a su hija, dejó los estudios y sacrificó sus sueños personales para dedicarse por completo a su crianza, creciendo de golpe y convirtiéndose en madre antes de tiempo.
Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a un chico millonario, alguien que no la juzga por su pasado ni por ser madre soltera. A diferencia de muchas personas, él la trata con respeto, la escucha y ve en ella algo más allá de sus dificultades: una mujer fuerte, valiente y luchadora.
A partir de ese encuentro, ambos comienzan a construir una relación marcada por la confianza, el apoyo y la superación de prejuicios. Ella empieza a recuperar la esperanza en su futuro, mientras aprende que aún puede soñar y volver a levantarse,
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: “Las salidas con el jefe” Narra Violeta
Habían pasado ya tres meses desde que empecé a trabajar en la empresa.
Y sinceramente… me estaba yendo mejor de lo que imaginaba.
Me adapté rápido, aprendí muchísimo y por primera vez en muchos años sentía que mi vida empezaba a acomodarse poquito a poco.
Ya podía comprarle cosas a Briana sin preocuparme tanto.
Ya podía pagar el arriendo tranquila.
Y hasta había momentos donde volvía a sonreír de verdad.
Aunque claro…
había un pequeño problema.
Mi jefe.
Bueno… no era realmente un problema.
El problema era lo que me hacía sentir.
Porque desde que entré a trabajar ahí, ese hombre no dejaba de invitarme a salir.
Primero empezó suave.
—¿Ya almorzó?
—¿Quiere café?
—¿La llevo a la casa?
Cosas pequeñas.
Pero después ya era más directo.
—Violeta, salgamos un día.
Y yo siempre inventaba algo.
—Tengo que recoger a mi hija.
—Tengo cosas que hacer.
—Otro día.
No porque me cayera mal.
Todo lo contrario.
El hombre era demasiado amable conmigo.
Y demasiado lindo también.
Pero yo tenía miedo.
Muchísimo miedo.
Porque después de Brando… yo nunca había vuelto a mirar a alguien de esa forma.
Y sentía que hacerlo era casi como traicionarlo.
Una tarde estaba organizando unos papeles cuando él apareció al lado de mi escritorio.
—¿Siempre me va a decir que no? —preguntó cruzándose de brazos.
Yo levanté la mirada nerviosa.
—¿Ah?
Él sonrió un poquito.
—A las invitaciones.
Yo me reí bajito.
—Es que trabajo aquí… me da pena.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Y si dejo de ser su jefe por unas horas?
Yo negué sonriendo.
—Usted no se rinde, ¿no?
—No mucho.
Yo bajé la mirada intentando esconder la sonrisa.
Y ahí entendí algo peligroso:
me empezaba a gustar hablar con él.
Eso me asustó horrible.
Porque hacía años no sentía tranquilidad hablando con un hombre.
Con Brando todo era intenso, desordenado, impulsivo.
Con este hombre era diferente.
Más calmado.
Más seguro.
Y eso me confundía.
Un viernes en la tarde volvió a insistir.
—Violeta, salgamos esta noche.
Yo suspiré.
—Usted sí es intenso.
Él se rió.
—Entonces eso no es un no.
Yo lo miré unos segundos.
Y no sé por qué…
acepté.
—Bueno… pero un rato.
Él sonrió de una forma tan bonita que hasta me puse nerviosa.
—Perfecto.
Esa noche llegué al apartamento y Camila casi se desmaya cuando le conté.
—¿¡Qué!? ¿Va a salir con el jefe?
Yo me reí nerviosa mientras buscaba ropa.
—Ni siquiera sé por qué acepté.
Camila me miró seria.
—Porque ya es hora de que vuelva a vivir, amiga.
Esa frase me dejó pensando.
Me arreglé sencillo.
Un jean bonito, una blusa negra y el cabello suelto.
No quería verme exagerada.
Cuando él llegó por mí, Briana estaba viendo televisión.
Y apenas abrió la puerta lo miró curiosa.
—Buenas noches —dijo él sonriendo.
Camila apareció detrás mío con una sonrisa sospechosa.
—Buenas.
Yo quería morirme de la pena.
—Ya vengo —les dije rápido.
Pero antes de salir, Briana me jaló la blusa.
—Mami…
—¿Qué pasó, princesa?
Ella miró al hombre y después a mí.
—Te ves bonita.
Yo sonreí.
Y le besé la frente.
—Gracias, amor.
Cuando salimos, él abrió la puerta del carro para mí.
Y eso me puso más nerviosa todavía.
Porque nadie había tenido esos detalles conmigo en muchísimo tiempo.
Durante el camino hablamos de muchas cosas.
Y por primera vez en años, sentí paz hablando con alguien.
No había tensión.
No había miedo.
No había gritos.
Solo tranquilidad.
Me llevó a un restaurante bonito, elegante pero cómodo.
Yo estaba nerviosa hasta agarrando el menú.
Él se dio cuenta y se rió bajito.
—Relájese, Violeta… no la voy a regañar.
Yo me reí.
—Es que todavía siento raro esto.
—¿Salir conmigo?
Yo asentí despacio.
Él me miró unos segundos.
—¿Le incomodo?
—No… —respondí rápido—. es solo que hace mucho no hacía algo así.
Él bajó la mirada como entendiendo.
Y no insistió más.
Eso me gustó.
Porque no intentaba presionarme.
La noche pasó entre conversaciones, risas y momentos tranquilos.
Y poco a poco me fui soltando.
Le hablé de Briana.
De la universidad.
De lo difícil que había sido todo.
No le conté todo sobre Brando todavía… pero sí partes.
Y él simplemente escuchaba.
Sin juzgar.
Sin hacer preguntas incómodas.
Cuando salimos del restaurante ya era tarde.
Y mientras íbamos hacia el carro, él me miró sonriendo.
—¿Entonces? ¿Tan terrible estuvo la salida?
Yo me reí bajito.
—No… la verdad no.
Él abrió la puerta otra vez para mí.
—Me alegra.
Y mientras lo veía sonreír…
sentí algo que no sentía hace muchísimo tiempo.
Tranquilidad.
Una tranquilidad que me dio miedo…
porque por primera vez en años…
sentí que tal vez mi corazón estaba despertando otra vez.