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Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Cuando el Futuro Pesa

Alice estaba en su estudio, con los ojos cerrados y las manos extendidas. Estaba viendo el futuro, o al menos, intentándolo. Las imágenes eran confusas, un torbellino de sangre y fuego, de gritos y lágrimas.

Vio a Bella, transformada en vampiro, con los ojos rojos y los colmillos largos y afilados. Vio a Jacob, convertido en un híbrido, con el pelaje gris y los ojos dorados. Vio a Edward, de pie en medio de un campo de batalla, con el cuerpo cubierto de heridas y la cara manchada de sangre que no era suya.

Vio a un ejército de vampiros rojos avanzando hacia ellos, liderados por una figura alta y pálida que le resultaba aterradoramente familiar. Vio a los Volturi, no como aliados, sino como jueces implacables, con los ojos llenos de una sed de justicia que era en realidad sed de poder.

Vio a Jasper, traicionándolos. Vio a Esme, llorando sobre el cuerpo sin vida de Carlisle. Vio a Emmett, destrozado. Vio a Rosalie y Leah, luchando espalda con espalda, superadas en número, cayendo juntas.

Y entonces, vio algo peor.

Vio a sí misma, arrodillada frente a la figura líder. Vio cómo le arrancaban los ojos con sus propias uñas. Vio cómo le cortaban las manos, los pies. Vio cómo la quemaban, lenta y deliberadamente, escuchando sus gritos de agonía. Vio cómo Bella y Jacob y Edward eran obligados a mirar, impotentes, mientras la destruían.

Y entonces, vio el futuro que podía evitarlo todo.

Vio a Bella, con los ojos rojos pero con la mente serena. Vio a Jacob, más grande y más fuerte que nunca, un alfa verdadero. Vio a Edward, con un poder que nunca había imaginado, capaz de controlar no solo las mentes, sino los elementos.

Vio a Rosalie y Leah, unidas no solo por el amor, sino por una magia antigua, capaces de convocar a los espíritus de sus ancestros. Vio a un nuevo clan, un clan de sangre y luna, un clan de vampiros y lobos y humanos, un clan que desafiaría a los Volturi y cambiaría el mundo para siempre.

Vio la elección.

Vio la guerra.

Vio la sangre.

Vio el amor.

Y vio el final.

Alice abrió los ojos de golpe, como si hubiera salido a la superficie después de haberse ahogado en algo invisible. El aire le faltaba, el pecho le subía y bajaba con violencia, y su piel estaba cubierta de un sudor frío que no correspondía a su naturaleza. Había visto demasiado. Demasiado claro. Y lo peor no era lo que había visto… sino lo real que se sentía.

—Alice… —dijo Bella desde la puerta, con la voz cargada de preocupación sincera mientras sostenía la taza entre las manos, mirándola como si pudiera romperse en cualquier momento—. Me despertaste… ¿qué pasó?, ¿qué viste ahora?

Alice tardó un segundo en responder. Bajó la mirada, intentando recomponerse, intentando encajar las piezas dentro de sí antes de dejarlas salir al mundo.

—Nada importante… —murmuró finalmente, aunque su voz la traicionó, fina, débil, como si ni ella misma creyera lo que estaba diciendo—. Solo… cosas mezcladas, nada claro todavía.

Bella dio un paso hacia adentro, cerrando la puerta con cuidado, como si ese pequeño gesto pudiera protegerlas de lo que fuera que estuviera pasando.

—No me mientas, Alice… —dijo con suavidad, pero con firmeza, sosteniendo su mirada sin apartarse—. Te conozco lo suficiente como para saber cuándo estás asustada, y ahora mismo lo estás.

Alice levantó los ojos hacia ella, y por un instante, el peso de todo lo que había visto se reflejó en su expresión. Hubo duda. Hubo miedo. Y, por un segundo, ganas de decirlo todo.

Pero negó levemente con la cabeza.

—Es el futuro… —admitió al final, con un suspiro que parecía arrastrar más de lo que decía—. Está… revuelto, como si algo lo estuviera cambiando constantemente. No es algo que pueda explicar todavía.

Bella dejó la taza a un lado sin darse cuenta, completamente centrada en ella ahora.

—Dime la verdad, aunque sea difícil… —pidió, bajando un poco la voz, más cerca, más vulnerable—. Si hay algo malo, quiero saberlo. No quiero que cargues eso tú sola.

Alice sintió un nudo en el pecho ante esas palabras. Porque Bella siempre era así. Directa. Presente. Valiente incluso cuando tenía miedo.

—Siempre hay algo que podemos hacer… —respondió en voz baja, acercándose apenas, como buscando anclarse en ella—. Siempre hay una decisión, aunque no sepamos todavía cuál es la correcta.

Bella sostuvo su mirada unos segundos más, como si buscara respuestas más allá de las palabras.

—Entonces dime cuando lo sepas o cuando estés lista… —dijo finalmente, con una calma que no ocultaba del todo su inquietud—. Porque esto también es mío, Alice. Lo que sea que venga, lo vamos a enfrentar juntas.

Alice tragó saliva, asintiendo despacio, dejando que esas palabras se quedaran con ella.

—Te lo prometo… —susurró—. No voy a dejarte fuera. Solo… necesito entenderlo primero.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue un espacio compartido, lleno de preguntas sin responder y emociones contenidas.

—Ven… —murmuró Bella después de unos segundos, acercándose un poco más, con un gesto suave—. Vamos a acostarnos ya es tarde. No tienes que resolverlo todo ahora… solo descansa un poco conmigo.

Alice dudó apenas, pero al final cedió, dejándose llevar por ese momento simple, necesario.

Se acomodaron juntas, el cuerpo de Bella cálido contra el suyo, sus brazos rodeándola con una naturalidad que hacía que todo lo demás pareciera un poco menos pesado.

Alice cerró los ojos, aunque sabía que no podía dormir. Las imágenes seguían ahí, esperando, insistentes.

Pero por ahora… solo por ahora…

Podía quedarse así.

Respirando con ella.

Sintiendo que no estaba sola.

Aferrándose a ese pequeño instante de paz… antes de que todo cambiara.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Jacob estaba de pie al borde del acantilado, dejando que el viento golpeara su rostro con fuerza, como si intentara despejarle la mente sin conseguirlo del todo. El olor a sal llenaba el aire, mezclándose con algo más profundo dentro de él, algo inquieto, algo que no lograba nombrar pero que no dejaba de crecer.

Edward permanecía a su lado, firme, silencioso, con una mano apoyada sobre su hombro como un ancla que lo mantenía en el presente. No decía nada al principio, pero su cercanía era suficiente para recordarle a Jacob que no estaba solo, aunque por dentro se sintiera completamente dividido.

—¿Qué pasa por tu cabeza ahora mismo, Jacob? —preguntó Edward en voz baja, sin presionarlo, pero dejando claro que estaba ahí—. Te noto distante, como si estuvieras en otro lugar.

Jacob tardó en responder. Sus ojos seguían fijos en el horizonte, pero su mente estaba muy lejos de allí, atrapada entre lo que deseaba y lo que temía.

—Estoy pensando en lo que viene… en nosotros, en todo lo que podría pasar —admitió finalmente, con la voz más suave de lo habitual—. En si de verdad tenemos un lugar.

Edward lo observó con atención, sin apartar la mano de su hombro, como si ese pequeño gesto pudiera sostenerlo.

—¿Y qué ves cuando piensas en eso, Jacob? —preguntó con calma—. ¿De verdad logras imaginar un futuro donde estemos juntos sin que todo lo demás nos alcance?

Jacob se giró lentamente para mirarlo. Por un instante, todo fue claro. Vio a Edward, vio lo que sentía por él, vio una vida posible, aunque imperfecta.

—Te veo a ti… y me veo quedándome, luchando, intentando que funcione aunque todo esté en contra —respondió con sinceridad—. Nos veo intentando ser felices, aunque no sepamos cómo.

Edward sonrió, pero no fue una sonrisa ligera. Fue una de esas que nacen desde algo más profundo, algo que también conoce el miedo.

—Entonces eso basta por ahora —dijo con suavidad—. No necesitamos tener todas las respuestas hoy… solo necesitamos decidir que no vamos a soltarnos, pase lo que pase.

Jacob asintió despacio. Quiso creerlo. Quiso aferrarse a esa idea como si fuera suficiente para sostener todo lo demás.

Pero entonces algo cambió dentro de él.

Un escalofrío le recorrió la espalda, lento, incómodo, como una advertencia que no sabía explicar. No era una visión. No era algo claro. Era peor. Era su mente imaginando lo que podría pasar… y no logrando detenerse.

Pensó en Edward… cayendo, herido, inmóvil. Pensó en Bella… cambiando, perdiéndose en algo que ya no podrían reconocer. Pensó en Alice… desapareciendo, arrebatada por algo contra lo que no podrían luchar.

No lo vio. Pero lo sintió posible. Demasiado posible.

Y eso fue suficiente para que el miedo se le instalara en el pecho.

Jacob parpadeó, volviendo al presente con dificultad, como si hubiera estado conteniendo la respiración sin darse cuenta.

—Jacob… —la voz de Edward fue más firme esta vez, más cercana—. Te quedaste callado por un momento. ¿En qué estás pensando? Dímelo, no tienes que cargarlo tú solo.

Jacob negó con la cabeza casi de inmediato, aunque su expresión lo traicionaba. No sabía cómo explicar algo que ni siquiera era real… pero que se sentía como una advertencia.

—Solo… cosas que podrían pasar —admitió en voz baja—. Supongo que estoy dándole demasiadas vueltas a todo y dejando que mi cabeza se vaya a lo peor.

Edward lo observó en silencio. No insistió, pero tampoco parecía completamente tranquilo.

Sin decir más, lo rodeó con sus brazos, acercándolo a su pecho con firmeza, como si ese simple gesto pudiera mantener alejados todos los miedos que Jacob no sabía cómo nombrar.

—Sea lo que sea que estés pensando… no estás solo —murmuró con calma—. Vamos a enfrentarlo juntos, incluso si ahora mismo todo parece incierto y complicado.

Jacob cerró los ojos por un momento, apoyándose en él, dejando que ese calor le diera algo de calma, aunque fuera temporal.

Pero en el fondo lo sabía.

No era solo su imaginación. No era solo miedo.

Era una intuición que no lo dejaba en paz.

El eclipse había terminado… pero lo que venía después no iba a ser fácil. Y esta vez, querer a alguien no iba a ser suficiente para protegerlos de todo.

Continuará 🔥

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