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Nunca Dejaste De Ser Mía.

Nunca Dejaste De Ser Mía.

Status: En proceso
Genre:Dominación / Embarazada fugitiva / Amante arrepentido
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

#1

El hombre que nunca apartó la mirada

......................

La lluvia golpeaba los ventanales del edificio con una violencia constante, cubriendo la ciudad de un gris elegante y melancólico. Desde afuera, la torre De Luca parecía un monstruo de vidrio y acero elevándose por encima del resto de edificios, dominando el horizonte como si incluso el cielo le perteneciera.

Valeria levantó lentamente la mirada hacia la estructura.

Demasiado grande.

Demasiado perfecta.

Demasiado intimidante.

Apretó la correa de su bolso contra el hombro mientras intentaba ignorar la sensación incómoda que se acumulaba dentro de su pecho.

Necesitaba ese trabajo.

Lo necesitaba desesperadamente.

Había enviado hojas de vida durante semanas.

Había asistido a entrevistas humillantes.

Había escuchado demasiadas veces frases como:

—La llamaremos.

Y nunca llamaban.

Pero la empresa De Luca sí lo hizo.

Eso debería haberla hecho feliz.

Entonces, ¿por qué sentía ese extraño nudo en el estómago?

Respiró hondo antes de cruzar las enormes puertas de vidrio.

El interior del edificio era todavía más impresionante.

Todo olía a lujo.

Pisos de mármol negro.

Lámparas modernas suspendidas del techo.

Empleados elegantemente vestidos caminando de un lado a otro en silencio absoluto.

Nadie parecía relajado allí.

Ni siquiera las personas que sonreían.

Valeria avanzó lentamente hacia recepción mientras trataba de controlar sus nervios.

La recepcionista levantó la vista apenas ella se acercó.

—Buenos días.

—Buenos días —respondió Valeria—. Soy Valeria Montenegro. Hoy comienzo en el área administrativa.

La mujer sonrió de inmediato.

—Ah, sí. La nueva asistente.

Tecleó algo rápidamente en la computadora antes de volver a mirarla.

—Piso cuarenta y ocho.

Valeria tragó saliva.

—Gracias.

La recepcionista inclinó ligeramente la cabeza.

—Consejo gratis.

—¿Qué cosa?

—No llegues tarde. Nunca.

Valeria soltó una pequeña risa nerviosa.

—Lo intentaré.

—No, en serio.

La sonrisa de la mujer desapareció.

—A Adrián De Luca no le gusta esperar.

Ese nombre volvió a generar la misma sensación extraña.

Adrián De Luca.

Durante las últimas semanas lo había escuchado demasiadas veces.

En noticias.

En revistas.

En conversaciones ajenas.

Siempre acompañado por el mismo tono.

Respeto.

Temor.

Fascinación.

Como si no se tratara de un empresario normal.

Sino de alguien mucho más peligroso.

Valeria entró al ascensor intentando ignorar esos pensamientos.

Las puertas se cerraron lentamente.

Solo entonces notó que todos los demás pasajeros guardaban silencio absoluto.

Nadie hablaba.

Nadie revisaba el teléfono.

El ambiente estaba tan cargado que parecía imposible respirar con normalidad.

El ascensor subió lentamente.

Piso veinte.

Treinta.

Cuarenta.

Cuando finalmente las puertas se abrieron en el último piso, Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Era distinto.

Más oscuro.

Más silencioso.

Más frío.

Una mujer elegante de cabello oscuro la esperaba afuera.

—¿Valeria Montenegro?

—Sí.

—Sígueme.

Caminaron por un pasillo enorme rodeado de vidrio.

Desde allí podía verse toda la ciudad cubierta por la lluvia.

El lugar parecía más un hotel de lujo que una oficina.

O una prisión elegante.

La idea apareció en su cabeza tan rápido que la hizo sentirse ridícula.

La secretaria se detuvo frente a una puerta negra gigantesca.

Golpeó dos veces.

—Adelante.

La voz masculina del otro lado era grave.

Tranquila.

Dominante.

La secretaria abrió la puerta.

—Señor De Luca, la nueva asistente llegó.

Valeria entró.

Y el aire desapareció de sus pulmones.

 

El hombre junto a las ventanas estaba de espaldas.

Traje negro perfectamente ajustado.

Cabello oscuro ligeramente despeinado.

Una mano dentro del bolsillo mientras la otra sostenía un vaso de whisky.

Todo en él irradiaba poder.

La secretaria aclaró la garganta.

—La señorita Montenegro.

Él permaneció inmóvil unos segundos más.

Después se giró lentamente.

Y Valeria entendió por qué todo el mundo hablaba de Adrián De Luca como si fuera un peligro.

Era absurdamente atractivo.

Pero no de una manera amable.

Había algo oscuro en él.

Algo que hacía imposible apartar la mirada.

Sus ojos recorrieron el rostro de Valeria lentamente.

Sin prisa.

Después descendieron por su cuello.

Sus hombros.

Sus manos.

No parecía estar observándola.

Parecía estudiándola.

Memorizándola.

Valeria sintió calor en las mejillas.

—Déjanos solos.

La secretaria salió de inmediato.

El silencio que quedó detrás fue casi incómodo.

Adrián dejó el vaso sobre el escritorio.

Luego caminó hacia ella.

Cada paso aumentaba la presión dentro de su pecho.

Cuando finalmente se detuvo frente a ella, Valeria descubrió algo peor que su apariencia.

Su presencia.

Era demasiado intensa.

Como si todo el espacio le perteneciera.

—¿Nombre?

—Valeria Montenegro.

—Veinticuatro años.

Ella parpadeó.

—Sí.

—Terminaste administración hace dos años.

Valeria lo miró confundida.

—Sí.

—Viviste toda tu vida en virel hasta mudarte aquí hace ocho meses.

El nudo en el estómago apareció de inmediato.

—¿Leyó mi hoja de vida?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.

Peligrosamente hermosa.

—Leo todo lo relacionado con las personas que trabajan para mí.

Valeria intentó relajarse.

Claro.

Era normal.

Los empresarios investigaban empleados.

Seguramente eso era todo.

Pero entonces Adrián habló otra vez.

—También sé que rechazaste tres trabajos antes de venir aquí.

Valeria frunció el ceño.

—Eso no estaba en mi hoja de vida.

—No.

—Entonces, ¿cómo lo sabe?

Él la observó unos segundos.

—Tengo recursos.

La respuesta fue tan tranquila que resultó inquietante.

Valeria intentó sonreír.

—Eso suena un poco aterrador.

Adrián inclinó apenas la cabeza.

—¿Te asusto?

Ella abrió la boca.

Pero no respondió enseguida.

Porque sí.

Un poco.

No entendía exactamente por qué.

Tal vez era la forma en que la miraba.

Como si el resto del mundo hubiera dejado de existir.

—No —mintió.

La sonrisa de Adrián se amplió apenas.

Había descubierto la mentira.

Eso era evidente.

Pero no dijo nada.

Solo dio un paso más cerca.

Demasiado cerca.

Valeria pudo percibir su perfume.

Oscuro.

Elegante.

Adictivo.

—Bien —murmuró él—. Porque vas a verme todos los días.

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