Ella reencarna en un mundo mágico, pero mantiene su fuerte amor por el mar.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Recuerdos 2
Cuando Dana regresó a su habitación sentía la cabeza pesada.
Demasiadas cosas habían ocurrido en una sola mañana.
Reencarnación.
Visiones del futuro.
Y ahora aparentemente podía arruinar conversaciones adelantándose al diálogo como protagonista de obra mal ensayada.
La puerta se cerró detrás de ella.
Y por primera vez desde que despertó en ese mundo…
Pudo quedarse completamente sola.
Caminó lentamente hasta la ventana y dejó escapar un largo suspiro.
Afuera los jardines seguían viéndose tranquilos.
Perfectos.
Como si el universo no estuviera destruyendo lentamente su estabilidad mental.
Dana apoyó la frente contra el vidrio frío.
Y había dos cosas que no lograba sacar de su cabeza.
La primera…
Era su padre.
O más específicamente…
La frase..
“Espero que te comportes emocionalmente distante frente a posibles pretendientes.”
Ella frunció el ceño.
Porque cuanto más lo pensaba…
Más rara sonaba.
—¿Por qué exactamente quieren que actúe distante?
Se dejó caer sobre un sillón.
En la mayoría de historias románticas antiguas los nobles querían hijas dulces, refinadas y sonrientes.
No mujeres que parecieran capaces de congelar una habitación con una mirada.
Pero Dana…
Dana claramente había aprendido a comportarse así.
Fría.
Elegante.
Intocable.
Y de pronto comenzaron a surgir pequeños recuerdos.
“Una mujer demasiado amable da falsas ideas.”
“La cercanía genera rumores.”
“Los hombres respetan más a una mujer inaccesible.”
Dana parpadeó lentamente.
—…ah.
Entonces lo entendió.
Le habían enseñado desde pequeña a mantener distancia emocional porque en ese mundo cualquier amabilidad femenina podía interpretarse como debilidad… o invitación.
Y peor aún…
Mientras más hermosa era una mujer, menos libertad parecía tener.
Dana recordó la sensación constante de vigilancia.
Cada sonrisa medida.
Cada palabra calculada.
Cada movimiento observado.
De pronto muchas cosas comenzaron a tener sentido.
La postura rígida.
La expresión fría.
La costumbre de ocultar emociones.
Dana no había construido esa máscara porque quisiera verse elegante.
La construyó porque era la única forma de sentirse segura.
Ella suspiró profundamente.
—…qué vida agotadora.
Se recostó sobre la cama mirando el techo.
Y entonces apareció el segundo problema.
Las escaleras.
Inmediatamente sintió un escalofrío.
Las imágenes seguían apareciendo fragmentadas en su cabeza.
Luces brillantes.
Música.
Un vestido azul oscuro.
Tacones resonando sobre mármol.
Y después…
Una caída.
El sonido seco de un cuerpo golpeando escalones.
Sangre.
Muchísima sangre.
Dana se incorporó de golpe.
—Nope. Absolutamente no.
Se señaló a sí misma con decisión.
—Dana White no se acercará a ninguna escalera sospechosa.
Comenzó a caminar por la habitación mientras razonaba sola.
—Las personas inteligentes sobreviven evitando peligros.
Si una visión muestra escaleras asesinas…
entonces uno evita las escaleras asesinas.
Simple.
Lógica impecable.
Se sintió bastante orgullosa de sí misma por aproximadamente cinco segundos.
Hasta que recordó algo horrible.
—…espera.
Se quedó quieta.
—¿Y si las escaleras no eran el problema?
Silencio.
Dana se levanto a mirar la escalera que estaba en su mansión, pero definitivamente no eran las misma de sus recuerdos.. aun asi, la observó con profunda desconfianza.
—No confío en ti.
Una sirvienta que pasaba cerca la vio hablando sola frente a las escaleras y aceleró el paso inmediatamente.
Dana ni siquiera la culpó, asi que volvió a la habitación..
Porque sinceramente ella también estaría preocupada.
Volvió a sentarse intentando organizar sus pensamientos.
[Calma. Analicemos.]
Enumeró con los dedos:
—Uno: estoy reencarnada.
Dos: aparentemente veo el futuro.
Tres: algo malo pasará en la fiesta.
Cuatro: las familias nobles de este lugar claramente necesitan terapia.
Suspiró dramáticamente.
Y entonces recordó otro pequeño detalle de la visión.
La sensación.
No solo había miedo.
Había vergüenza.
Humillación.
Como si la caída no hubiera sido un accidente cualquiera.
Dana comenzó a sentir un mal presentimiento.
Porque las historias de nobles antiguas tenían una cantidad alarmante de personas empujándose por escaleras por razones absurdas.
Celos.
Herencias.
Compromisos.
Chismes.
La gente rica era peligrosamente dramática.
—Dios mío… estoy atrapada en una novela.
Se dejó caer boca abajo sobre la cama.
—Si aparece un príncipe frío emocionalmente reprimido, me lanzo al océano otra vez.
Pero incluso mientras bromeaba…
Seguía sintiendo aquella incomodidad en el pecho.
Porque sabía algo importante.
Las visiones no eran aleatorias.
Intentaban advertirle algo.
Y por primera vez desde que despertó en ese cuerpo…
Dana tomó una decisión firme.
Si realmente podía ver el futuro…
Entonces no iba a quedarse quieta esperando una tragedia.
Especialmente porque ya había muerto una vez.
Y sinceramente…
Una experiencia cercana al tsunami era más que suficiente para toda una eternidad.