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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Cuando Isabella regresó a la mesa, su madre la estaba mirando. No era una mirada cualquiera… era esa mirada acusadora que solo las madres saben hacer, esa que dice “yo vi todo” sin necesidad de palabras.

Pero apenas Isabella la notó, Sara cambió la expresión por una sonrisa demasiado evidente.

—Ay, mamá, ya —murmuró Isabella, acomodándose en la silla mientras evitaba el tema.

Nicolás se quedó conversando con unos conocidos, como si nada hubiera pasado. La gala continuó entre brindis, discursos y música, hasta que finalmente, a medianoche, el evento terminó y cada familia regresó a su casa.

En la mansión Anderson, Tomás fue el primero en subir a su habitación. Un leve dolor de cabeza lo había estado molestando desde hacía rato.

—Vale, amor, ya te llevo una pasta para que te sientas mejor —le decía Sara mientras lo acompañaba hasta la puerta.

Antes de que subiera del todo, se volvió hacia Isabella con una sonrisa sospechosa.

—Princesa… ¿no tienes algo que contar? ¿Desahogar? ¿Confiar? —le dijo haciendo caras exageradas.

—¡Mamáaaaa! —protestó Isabella entre risas nerviosas.

Sara soltó una carcajada.

—Amor, esa tensión no es de escolta y protegida… esa es tensión de gente que se quiere y se desea.

Isabella abrió los ojos.

—¿Que voy a estar yo queriendo y deseando a ese guarura? —dijo, haciéndose la ofendida.

—Mmm… eso lo dices para ocultar que en realidad te gusta. Y bueno… que tú le gustas a él. Además, es un poco inevitable. Literalmente no lo conocías, empiezan a convivir, son jóvenes, con la flor del amor viva… —rió divertida.

—Mamá, tú me estás tirando a que me aventure a tener algo con Nicolás.

—¿Qué? ¿Escuché bien? —intervino de repente Tomás desde las escaleras, haciendo que Isabella casi saltara del susto.

—¡Papá! —exclamó ella.

—Mi amor, ¿por qué no te quedaste en la cama? Ya iba a llevarte la pastilla —reclamó Sara.

—Porque ya llevas mucho rato y nada que llegabas. Además… sirvió para escuchar su conversación —respondió él con media sonrisa.

Luego miró fijamente a Isabella.

—¿Cómo es eso que vas a tener o tienes algo con Nicolás? Yo creí que se detestaban y que se llevaban bien solo por profesionalismo.

—Las apariencias, mi amor —murmuró Sara divertida, acercándose para entregarle la pastilla y el vaso con agua.

—Papá, no tengo nada con él. Mi mamá dice que me gusta… —empezó Isabella.

—¿Y no es así? —la interrumpió Tomás—. Porque hablas como frustrada.

Isabella abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió con la seguridad que quería mostrar.

Tomás suspiró, ahora con un tono más suave.

—Bueno, en caso tal decidieran estar juntos… a mí no me molestaría. Es un buen hombre, según tengo entendido. Pero no creí contratar a alguien para que te cuidara y resulte robándote de mí —dijo, haciéndose el nostálgico.

—Ay, papito… —Isabella se acercó a abrazarlo.

—Igual Nicolás no me gusta. Es el típico chico engreído que cree que todas quieren con él —añadió, intentando convencerse más a ella que a sus padres.

Tomás la miró unos segundos.

—Bueno… está bien. Como tú digas.

Mientras tanto, en la mansión Miller, la noche no había terminado.

Nicolás apenas había entrado cuando su padre decidió ir al punto.

—Nico… tú y la hija de Anderson, ¿qué? Como que había mucha confianza entre ustedes, ¿no? —preguntó Alejandro, cruzándose de brazos con calma estudiada.

Nicolás dejó el saco sobre el sofá, soltando el aire con disimulo.

—¿Confianza? No hay tal cosa.

Antes de que pudiera seguir, Nora intervino, divertida.

—Bueno… porque desde afuera se veía otra cosa. Había una tensión de esas que una siente que estorba en el ambiente —dijo con una sonrisa leve.

Nicolás rodó los ojos.

—No exageren. Además, ya me estoy hartando de ser su faldero. Yo estoy hecho para grandes cosas… y esto me está atrasando.

El comentario dejó un pequeño silencio en la sala.

Alejandro lo miró con atención.

—Mmm… desde siempre creí que en algún momento llegarías a pensar así.

Nicolás pasó la mano por su cabello, ahora un poco más serio.

—Creo que me adelanté a meterle sentimiento a algo que no lo merecía. El Nicolás que piensa con la razón, el que siempre quiere ir por más, no habría aceptado este papel. Pero me dejé llevar… por lo que ustedes me aconsejaron, por el sentir del señor Tomás… y bueno, por otras cosas.

Hizo una pausa breve.

—Pero me está costando tiempo. Mucho tiempo.

Nora intercambió una mirada con Alejandro.

—¿Tiempo… o control? —preguntó ella suavemente.

Nicolás no respondió y el silencio quedó flotando unos segundos en la sala.

Alejandro lo observaba con esa mirada analítica que siempre tenía cuando evaluaba negocios… o decisiones importantes.

Pero fue Nora quien habló nuevamente

—¿En realidad te sientes así…? —preguntó con calma— ¿o estás huyendo de un sentimiento que apenas está empezando a crecer?

Nicolás levantó la mirada de inmediato.

—Mamá, por favor…

—No, en serio —continuó ella, sin perder la suavidad—. Porque una cosa es estar inconforme con el rol que estás cumpliendo… y otra muy distinta es incomodarte porque ya no tienes el control de lo que sientes.

Jay, que estaba recostado en un sillón, soltó una pequeña risa baja, como disfrutando el momento.

—Se notaba, hermano. Y bastante.

Nicolás lo fulminó con la mirada.

—No se notaba nada.

Alejandro intervino, más sereno.

—Hijo, tú nunca has sido un hombre que pierda el tiempo. Si aceptaste esto, fue por algo más que estrategia. Y no creo que haya sido solo por compromiso con Anderson.

Nicolás apretó la mandíbula.

—Yo no estoy huyendo de nada.

Nora se acercó un poco más.

—Entonces mírame y dime que no te importaría verla con otro. Que te fue indiferente haber bailado con ella esta noche.

Silencio.

Ese segundo fue demasiado largo.

—Es mi protegida —respondió al final, pero la frase sonó menos firme de lo que él habría querido.

—Ajá… —murmuró Nora—. Y yo soy astronauta.

Jay soltó una carcajada abierta.

Nicolás tomó su saco otra vez.

—Buenas noches.

Salió de la casa y se dirigió a su mansión, pero apenas cerró la puerta de su habitación, apoyó la espalda en ella y soltó el aire; porque su madre había tocado exactamente el punto que él estaba intentando ignorar.

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