Connie Callahan, había guardado su virtud como tesoro para cuando llegara el día de entregársela como muestra de amor a Erick Bennett su novio, lo amaba se entregaría a él en el día de su cumpleaños, lo haría como un regalo. Pero lo que jamás esperaba fuera que lo encontraría con su hermana en pleno acto sexual. Su hermana lo había vuelto hacer todo lo que ella poseía su hermana lo quería para ella. Y lo peor que sus padres la apoyaban en todo y ella terminaba siendo castigada por lo que Brenda su hermana hacía.
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Inconscientemente
— ¡Connie! - creo que te estás precipitando, no creo que estés hablando en serio. - alegó Laura, una de sus amigas, no estamos hablando de una corbata o, por mucho una camisa, esos son regalos - ¿pero entregarle tu virginidad? - negó su amiga.
— Haber dime, ¿el te lo a pedido?
Connie no podía mentirle a su amiga.
— Solamente hemos estado a punto, pero no me he atrevido. - inhaló profundo.
— Pero tengo miedo de perderlo, que se aburra de mí, y encuentre alguien que…sacudió su cabeza negando por el pensamiento qué se le vino en mente.
— Si eso llegara a pasar, sería la prueba de que no te ama como dice. - determinó su amiga. Además, ha tenido más de 365 días para presentarte alguno de su familia, y solamente le da vueltas.
— Ya te he contado Lauris, solo tiene un tío quien se hizo cargo de él cuando su padre murió, el viaja mucho.
— Tenemos que hablarlo las tres, no te vas a ir sola al voladero, - determinó Laura pues siempre resolvían las tres, algo en tu novio no me gusta aunque no niego que te trata bien. - razonó pero algo guardaba.
— Se me alteraron mis antenitas. - ¿hablan de mí? - preguntó Mei cerrando la puerta detrás de ella.
Cuando le contó Laura con lujo de detalles. Mei levantó ambas cejas.
— Laura, quizás deberíamos dejar que ella sola cometa sus errores. - Erick tampoco me cae del todo bien, pero mientras no te haga sufrir sigue tu instinto, Connie.
Connie Callahan tenía poco más de un año de haber conocido a Erick Sanders, en un partido de football americano, dónde el era el capitán del equipo y el más guapo, de la universidad donde el chico terminaba ese año.
Erick también se fijó en ella, era una hermosa chica con una personalidad delicada y rostro de muñeca, y su cuerpo se desarrolló con atributos destacados.
Erick Sanders hijo único de Daniel Sanders, quien murió en un accidente automovilístico en una persecución, su esposa Blanca, después de su muerte se volvió a casar, dejando a su hijo al cuidado del hermano menor Kellen Sanders y hasta el momento no se ha vuelto a saber nada de ella.
Erick obtenía todo lo que quería, autos dinero, vivía una vida sin preocupaciones, las empresas que Kellen había dejado, para que su sobrino se hiciera cargo de las de Chicago en ninguna, se había presentado. Por lo que le empezó a cortarle las remesas del dinero que pedía a cada semanalmente.
Y si no le ponía empeño lo iba a enseñar a ser responsable.
Ya tenía 23 años, y no tenía un propósito de lo que debía hacer en su vida, y el no estaba dispuesto a seguir manteniéndolo, o se ponía firme en los negocios o lo mandaba a limpiar baños.
MOSCÚ-RUSIA
— Aquí está lo que me pediste que investigara. - espectó Cyrus el hombre de confianza y su mano derecha de Kellen Sanders,
Abrió la la computadora señalando lo que quería saber sobre su sobrino y sus andadas. Paso información entre páginas, pero se detuvo en la foto que había entre la información.
Levantó las cejas.
— Su novia. - confirmó Cyrus.
— Quien diría que el mocoso inservible tuviera gustos encantadores. - murmuró en voz baja pero que Cyrus alcanzó a escuchar, sonrió discretamente.
— No le avises a nadie nuestra llegada, solamente al personal de la mansión, - determinó sin dejar de ver la fotografía de la hermosa chica.
— Erick nunca ha puesto un pie en los negocios, solamente levanta los brazos y le cae el pan del cielo. - llegó la hora de que valore de dónde sale todo el dinero que gasta a manos llenas, de dónde salen los autos que maneja. - espectó molesto,
— Espera una herencia de un tío que le ha dado todo y no he visto que se esfuerce en nada, a sus veintitrés años.
— En cuanto lleguemos al país investiga qué hace, sus amistades, la gente que lo rodea. Y algo más… se quedó pensando por un momento.
— Quiero saber todo sobre la chica.!
Kellen Sanders, millionaire magnate, dueño de diferentes empresas tales cómo automotrices, petroleras, entre otras.
Heredero del millonario Simón Sanders su padre, junto con su hermano mayor Daniel Sanders quien falleció a temprana edad de un accidente que no se había aclarado, pero él lo iba a investigar todo.
Kellen se había hecho cargo del único hijo que tuvo su hermano con Anastasia Lincoln quien lo abandonó con él como si hubiera sido un animal, cuando el chico tenía dieciséis años, le pago colegios, cuando llegó a la edad le pidió un auto y un departamento, no se los negó.
Pero su sobrino no había querido hacerse responsable aún con su mayoría de edad.
MIENTRAS TANTO
Departamento de Erick
— Está vez te pasaste Erick. - advirtió Lían el chico asiático que era su amigo desde la secundaria. Si no te interesa Connie, no deberías hacerla crearse falsas ilusiones.
— Si siento algo por ella, aún no se que es, quizás sí no fuera tan…
— ¿Decente?
Contestó Lían por él.
— Estás jugando con fuego Erick, y podrías salir quemado. Te acabas de llevar a su hermana a la cama. - sentenció negando a su amigo.
— Si Connie se llega a enterar, la vas a lastimar de verdad.
— ¿Y quien se lo va a ir contar? - ¿tú? - inquirió disgustado.
Lían a pesar de que no estaba de acuerdo en muchas cosas que hacía no se atrevía a discutir con él, no era que le tuviera miedo ni nada por el estilo. Tenía agradecimiento con él.
Cuando llegó como inmigrante a este país tuvo muchos problemas para adaptarse, y fue Erick quien le tendió su apoyo, después conoció a Matheo jugaban en el mismo equipo, y desde entonces se hicieron buenos amigos.
Había muchas cosas que le disgustaban de Erick, y una de esas era que engañaba a su novia con cuanta mujer se le atravesaba por enfrente.
Ahora lo peor que había hecho era haberse metido entre las piernas de su hermanastra. Esa chica tenía una reputación ruidosa. Y sabía su amigo que Brenda Astorian era envidiosa con su hermana Connie, y no le daba un buen trato.
RESIDENCIA CALLHAN
Connie llegó con apetito directo a la cocina, encontrándose con su padre, quien la ignoró abiertamente.
— Hola padre, estoy bien gracias por preguntar. Fue obvio su sarcasmo.
— Firma los documentos y luego hablamos.
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