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Almas En Distinto Cielo

Almas En Distinto Cielo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Almas que están destinadas a encontrarse aunque estén del otro lado del mundo.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El número,el nombre y el aroma que no miente!

Almas en Distinto Cielo

✦ ✦ ✦

Capítulo XIV

El número,

el nombre y el aroma que no miente

— Porque hay momentos en que el mundo se detiene y dice: ahora —

Hotel Palermo Grand — La mañana siguiente

★ ★ ★

Sebastián

El derrame había ocurrido pasada la medianoche. Alguien del equipo técnico — nunca se supo exactamente quién — había dejado un rack de bebidas mal apoyado sobre el borde de la piscina que usaban como locación de una escena clave. El rack cayó. Las botellas cayeron. Y el set que debía estar impecable al día siguiente amaneció con un problema que no era catastrófico pero que requería atención inmediata y completa.

Sebastián lo supo cuando su asistente —Kenji, treinta y dos años, la eficiencia hecha persona— entró a la suite a las siete de la mañana con esa expresión que significaba hay un problema que no es mío pero que voy a tener que contarle igual.

"El set de la piscina. Necesita limpieza completa antes del mediodía."

Sebastián no levantó los ojos de los documentos. "¿Y el personal del hotel?"

"La jefa dice que tienen gente en turno, pero para el área de set específicamente hay una empleada asignada en las noches de esta semana."

"Llamala."

"¿Llamo directamente a la empleada?"

"Llamá a quien haga falta." Esta vez sí levantó los ojos. "Necesito ese set listo. No mañana. Esta mañana."

Kenji fue. Sebastián volvió a sus documentos. O intentó volver — en realidad se quedó mirando los números sin leerlos, pensando en la búsqueda que seguía sin resultado. El nombre existía. La persona existía. Estaba en este edificio. Y él seguía sin poder llegar a ella por los caminos habituales.

Diez minutos después Kenji volvió.

"Hablé con ella."

Sebastián levantó los ojos. Algo en el tono de Kenji — algo imperceptible para cualquier otra persona pero no para él — hizo que se sentara más derecho.

"¿Y?"

"Dijo que sí. Que en una hora está en el set." Kenji consultó su anotador. "Me dejó su número por si necesitamos algo más."

"¿Cómo se llama?"

Kenji miró la anotación. "Valeria."

Suite 501 — El momento

Sebastián no se movió durante dos segundos exactos.

Dos segundos en que algo que llevaba semanas buscando de frente se presentó de costado, sin anuncio, con la simplicidad desconcertante de las cosas que siempre estuvieron ahí.

Valeria.

Kenji lo miraba sin entender el silencio. En seis años de trabajo con Sebastián Rhys había aprendido a leer sus silencios, y este era uno que no había visto antes. No era el silencio de la evaluación ni el del desacuerdo. Era otro. Algo más hondo. Algo que Kenji decidió no preguntar.

"¿El número?" dijo Sebastián. Su voz era la de siempre — plana, controlada. Pero algo debajo temblaba de una manera que no llegaba a la superficie.

Kenji se lo dio.

Sebastián lo tomó. Lo miró. Y luego hizo algo que Kenji tampoco había visto en seis años: marcó él mismo. Sin pedirle que lo llamara. Sin esperar. Él mismo.

Salita de maestranza — El mismo instante

★ ★ ★

Valeria

Valeria había dormido tres horas en el sillón de la salita de maestranza — esas tres horas irregulares que se duermen entre turnos, sin del todo soltar la conciencia. Cuando sonó el teléfono lo atendió con esa velocidad de quien nunca puede darse el lujo de ignorar una llamada porque siempre puede ser algo de los chicos.

La llamada — 7:24 hs

"¿Valeria?" Una voz. Masculina. Un acento que no era del todo porteño — algo mezclado, algo que venía de lejos.

"Sí, soy yo. ¿Quién habla?"

"Necesito que vayas al set de la piscina. Esta mañana. En una hora si podés."

Valeria miró el reloj. Las siete y media. Las tres horas de sueño. El cuerpo que le pedía una tregua que no podía darle.

"¿Ahora?"

"Si podés."

No era una pregunta. Era esa clase de pedido que viene envuelto en cortesía pero que tiene debajo la certeza de quien no está acostumbrado a que le digan que no. Valeria lo notó. Le molestó levemente. Pero las horas extras eran las horas extras.

"En una hora estoy."

Colgó. Se estiró. Metió su cuaderno — el teléfono con la carpeta de escritos — en el bolsillo del uniforme. Y fue a buscar el carrito.

Refunfuñó un poco mientras lo preparaba. No en voz alta — Valeria no era de las que se quejan para que las escuchen — sino en ese monólogo interno que tienen las personas cuando están cansadas y el mundo les pide que sean más. Una hora. No pudieron avisar antes. El cuerpo pide la cama y hay que ir al set.

Pero fue. Siempre iba.

El set de la piscina — 8:40 hs

★ ★ ★

Sebastián

Sebastián salió de la suite diez minutos después de hacer la llamada. No hacia el set — hacia el pasillo del ala norte, que tenía una vista oblicua del área de piscina sin que nadie adentro pudiera verlo desde afuera. No era ocultarse. Era observar. Era lo que hacía siempre antes de entrar a cualquier situación que importaba.

Esperó.

La escuchó antes de verla. El chirrido característico del carrito — ese sonido que él había aprendido a asociar, sin saber por qué, con algo cercano. Luego ella apareció por la puerta lateral, con el uniforme del hotel, el cabello recogido, el carrito delante. Pequeña. Paso firme. Siempre ese paso.

Sebastián se quedó completamente inmóvil.

No era el momento de entrar. Todavía no. Necesitaba un segundo — solo un segundo — para que lo que estaba viendo terminara de registrarse en algún lugar que no era el cerebro sino algo más profundo y más antiguo.

Ella empezó a trabajar con esa eficiencia silenciosa que él ya conocía — sin saberlo — por el aroma, por la comida, por todo lo que ella había dejado en el edificio antes de que sus caminos se cruzaran de frente. Limpiaba con el mismo cuidado con que había cocinado: con las manos que recuerdan y el cuerpo que sabe.

Y entonces el carrito se atascó en el borde de la piscina. La rueda delantera salió del eje con un golpe seco. Valeria se trastabilló — no cayó, pero estuvo cerca. Se aferró al borde del carrito, recuperó el equilibrio en un segundo, y sin perder un instante se agachó, tomó la rueda, la reencajó con una precisión que hablaba de práctica, de cuántas veces había hecho eso antes, de cuántas veces el mundo le había fallado y ella sola lo había arreglado.

Sebastián dio un paso hacia adelante. Se detuvo. Ella ya lo había resuelto.

Fue en ese momento — en ese movimiento del carrito al volver a ponerse en marcha — que el cuaderno cayó del bolsillo del uniforme. El teléfono, sin funda, resbaló sobre el piso húmedo del set y quedó boca arriba, la pantalla encendida.

Valeria no lo vio caer. Siguió hacia adelante.

Sebastián lo vio.

Se acercó. Lo levantó. La pantalla seguía encendida — la carpeta abierta, las palabras visibles.

Y Sebastián Rhys, que sabía perfectamente que leer algo privado de alguien era exactamente lo que no debía hacer, no pudo moverse.

Porque en esa pantalla, en esa letra apretada y veloz de madrugada, estaban los nombres.

Franco. Antonio.

Era ella. Sin ninguna duda posible. Era ella.

✦ ✦ ✦

Continuará en el Capítulo XV

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