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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

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capitulo 8

El regreso a la oficina fue un borrón de rostros preocupados y pasillos grises. Los guardias me dejaron en la puerta del despacho del Capitán Vane, pero mi mente seguía en el patio, bajo el peso de Alistair, oliendo el humo y su piel. Me senté en mi mesa coja, con las manos manchadas de barro y hollín, intentando organizar los sellos de movilización que casi me cuestan la vida.

—Elena, por todos los santos... —Vane entró corriendo, jadeando—. El Duque está furioso. Dice que si vuelves a pisar el patio durante una maniobra, te enviará a las fronteras a contar ovejas en lugar de soldados.

—Estoy bien, capitán —respondí, aunque mis labios todavía sentían el fantasma de su aliento.

Pero no estaba bien. Mi cuerpo vibraba con una energía que no era miedo. Era una necesidad física de volver a verlo, de terminar ese silencio que se había roto bajo su cuerpo.

Una hora después, cuando la mayoría de los regimientos ya habían salido por las puertas de la ciudad y el silencio empezaba a reclamar el edificio, llegó un mensajero.

—La ayudante Valois. El Duque la requiere en su despacho. De inmediato.

Me levanté tan rápido que la silla volcó. No me molesté en arreglarme el cabello desordenado ni en limpiar las manchas de mi vestido. Crucé el pasillo, subí las escaleras y, esta vez, no llamé a la puerta. Entré.

Alistair estaba de pie frente a su mesa, de espaldas a la entrada. Había cambiado su uniforme manchado de barro por uno de viaje, de cuero negro y grueso, que hacía que su figura pareciera aún más imponente. Al escuchar la puerta, se giró lentamente. La luz de la chimenea proyectaba sombras largas sobre sus pómulos marcados y su mandíbula tensa.

—Cierra la puerta, Elena —dijo, con una voz que era puro acero.

Hice caso. El clic de la cerradura resonó como una sentencia. El despacho se sentía más pequeño que nunca, saturado por su presencia dominante y el calor del fuego.

—¿Sabe que casi muere hoy por unos trozos de cera y madera? —Se acercó a mí con pasos lentos, como un lobo que rodea a su presa—. ¿Qué pasaba por esa cabeza tuya, además de una imprudencia suicida?

—Pasaba mi deber, Excelencia —mentí, aunque el fuego en mis ojos decía la verdad—. Usted dice que la precisión gana guerras. Yo soy su precisión.

Alistair se detuvo frente a mí, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Su mirada gris me recorrió de arriba abajo, deteniéndose en el rasguño que tenía en la mejilla, producto de nuestra caída. Su expresión se suavizó un milisegundo antes de volver a endurecerse.

—Tu deber es obedecer mis órdenes. Y mi orden fue que te quedaras en la oficina.

—A veces, las mejores estrategias requieren romper las reglas —susurré, dando un paso hacia él, invadiendo ese espacio que él tanto se esforzaba por proteger.

El silencio que siguió fue denso, cargado de una sensualidad que nos envolvía como una niebla. Podía ver cómo su pecho subía y bajaba con una respiración contenida. La máscara de hielo de Alistair estaba agrietada, y por esas fisuras se filtraba un deseo tan crudo que me robaba el aire.

Él alargó la mano, de forma casi involuntaria, y sus dedos rozaron el rasguño de mi mejilla. Su tacto era sorprendentemente tierno, una caricia de seda que contrastaba con la fuerza bruta que había mostrado en el patio. Cerré los ojos, inclinando mi rostro hacia su mano, entregándome a ese contacto.

—Eres peligrosa —murmuró, su voz bajando a un registro ronco que hizo que mis rodillas temblaran—. No porque seas fuerte, sino porque no te importa mi oscuridad.

—No me importa porque sé que debajo de ella hay un hombre que siente —abrí los ojos y lo miré con toda la determinación de la que era capaz—. Un hombre que me salvó hoy.

Alistair soltó un gruñido bajo, una mezcla de frustración y hambre. Sus dedos se enterraron en mi cabello, desarmando por completo mi trenza, y me obligó a mirar hacia arriba. Sus ojos estaban oscuros, las pupilas tan dilatadas que apenas se veía el gris.

—No sabes lo que estás pidiendo, Elena —dijo, acercando su rostro al mío—. Si cruzas esta línea, no habrá vuelta atrás. No soy un hombre de palabras dulces ni de promesas románticas.

—No quiero palabras, Alistair.

Esa fue la señal. El control que él tanto apreciaba se hizo añicos. Su boca chocó contra la mía en un beso que no tuvo nada de suave ni de tímido. Fue una colisión de deseo acumulado, una batalla de lenguas y suspiros que me dejó sin aliento. Sus labios sabían a café y a urgencia, y sus manos, grandes y expertas, me atrajeron hacia él con una fuerza que me hizo gemir contra su boca.

Me levantó del suelo como si no pesara nada y me sentó sobre su escritorio de caoba, apartando informes y mapas con un movimiento brusco. El contacto del cuero de su uniforme contra mis muslos desnudos, ahora que mi vestido se había subido, fue una descarga eléctrica. Sentí la dureza de su cuerpo presionando contra mi entrepierna, un recordatorio brutal de su excitación.

Mis manos buscaron desesperadamente el cuero de su guerrera, intentando acercarlo más, si es que eso era posible. Su beso bajó por mi mandíbula hasta mi cuello, donde sus labios y dientes marcaron mi piel con una posesividad que me hizo arquear la espalda.

—Dije que te irías —gruñó él contra mi cuello, su respiración caliente quemándome—. Dije que eras una distracción.

—Pues distrágase —respondí, echando la cabeza hacia atrás, entregándole mi garganta.

Alistair subió sus manos por mis muslos, su tacto abrasador subiendo por la seda de mis medias hasta alcanzar la piel sensible de mis caderas. Su pulgar rozó la entrada de mi feminidad por encima de la fina tela de mi ropa interior, y solté un grito ahogado que él devoró con otro beso profundo. La sensualidad en la habitación era asfixiante; el contraste entre su fuerza militar y mi vulnerabilidad creaba un fuego que amenazaba con consumirlo todo.

Él se detuvo de golpe, con la frente apoyada contra la mía, jadeando. Sus manos seguían firmes en mis muslos, pero sus ojos estaban llenos de una lucha interna feroz.

—Me voy en una hora —dijo, su voz rota por la pasión—. Si sigo... si no me detengo ahora, no podré cruzar esas puertas.

La realidad nos golpeó como un balde de agua fría. La guerra lo llamaba. Su deber, ese muro que nos separaba, volvía a levantarse, aunque esta vez estaba lleno de cicatrices.

Me bajó del escritorio con cuidado, pero no me soltó de inmediato. Me mantuvo abrazada, con mi rostro hundido en su pecho, escuchando el galope salvaje de su corazón. Durante un minuto, no fuimos el Comandante y la escribiente; fuimos dos personas perdidas en medio de una tormenta.

—Escríbeme —susurré contra su pecho—. No solo informes de suministros. Escríbeme a mí.

Él no respondió, pero sentí cómo sus labios rozaban la coronilla de mi cabeza. Se separó lentamente, recuperando su máscara de hierro, aunque sus ojos seguían brillando con un rescoldo de deseo.

—Vuelve a tu casa, Elena. Y mantente a salvo —ordenó, esta vez sin furia, solo con una seriedad profunda—. Si regreso y no estás aquí, quemaré el reino entero para encontrarte.

No esperó mi respuesta. Tomó su capa, se la echó al hombro y salió del despacho sin mirar atrás, sus botas resonando en el pasillo con la cadencia de la marcha militar.

Me quedé sola en el despacho, rodeada de mapas desordenados y el aroma de su piel. Me toqué los labios, todavía hinchados por sus besos, y sentí la humedad entre mis piernas, un recordatorio de lo que casi había sucedido.

Él se había ido a la guerra. Pero se llevaba algo conmigo. Y yo me quedaba con la certeza de que el Muro de Invierno no solo tenía una grieta; el muro había caído.

Caminé hacia la ventana y vi cómo el último regimiento cruzaba el arco del palacio. Al frente de todos, sobre su caballo negro, Alistair Thorne no miró atrás. Pero yo sabía que, en la oscuridad del norte, él recordaría el mapa de mi piel tanto como los mapas de sus campos de batalla.

La fase del despertar había terminado. Ahora, empezaba la larga espera, y la verdadera lucha por el corazón de un hombre que, por fin, había empezado a sentir.

1
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
un trabajo impecable, me gustó mucho la trama, los personajes, la historia detrás de cada uno, mis felicitaciones para usted
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
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