⚠️ por favor no denunciar y no apto para sensibles ⚠️🙏🏻
Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 22
Killa miró el papel firmado.
La tinta aún fresca. El nombre de Nox —Luz— escrito con una letra temblorosa, como si cada trazo le hubiera costado sangre.
Sonrió.
Una sonrisa amplia. Sincera. Triunfante.
Se había salido con la suya.
Ahora Nox era soldado. Era del ejército. Era suya.
Dejó el documento sobre la mesa con cuidado, como quien coloca un tesoro en un altar. Luego se giró hacia ella.
Nox seguía sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en la ventana. El cuerpo encogido. Los brazos rodeando sus piernas. Parecía frágil. Rota.
Pero él sabía que no lo estaba.
Esa mujer era más fuerte que cualquier soldado que hubiera entrenado.
Y ahora le pertenecía.
Killa se acercó a ella sin hacer ruido. Se arrodilló frente a Nox. Le levantó la cara con dos dedos bajo la barbilla.
—Eres mía —dijo, en voz baja—. Ahora también sobre el papel.
Nox no respondió. No lo miró.
Él no necesitaba que hablara.
La besó.
Fue un beso suave al principio. Casi tierno. Pero la ternura no duraba en Killa. Pronto se volvió hambriento, desesperado. La tomó en sus manos, la apretó contra su pecho, la tumbó sobre la cama.
Y la poseyó.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
No podía parar. Necesitaba sentirla. Necesitaba que su olor, su piel, sus gemidos, se grabaran en él para siempre. Cada vez que terminaba, necesitaba volver a empezar. Como si fuera la última vez. Como si el mundo se fuera a acabar y solo quedaran ellos dos.
Nox no opuso resistencia. No por sumisión. Porque había entendido que resistirse no servía de nada. Y porque, en algún rincón oscuro de su corazón que no quería mirar, algo de aquel fuego también la quemaba a ella.
Cuando por fin terminaron, el sol ya se había movido en la ventana.
Killa yacía detrás de ella, con el pecho pegado a su espalda, el brazo rodeando su cintura. Bajó la cabeza y comenzó a besarle la espalda. Vértebra por vértebra. Con una lentitud. Con una ternura.
No sabía que podía ser tierno.
No sabía que podía sentir algo así.
Nadie le había enseñado.
Pero ahí estaba. Besando la espalda de Nox como si fuera un objeto sagrado.
—Te amo —susurró.
Las palabras salieron solas. No las pensó. No las planeó. Simplemente brotaron de algún lugar profundo que él mismo desconocía.
Nox no respondió.
Killa cerró los ojos. Apretó el abrazo.
—Te amo —repitió, contra su piel.
Y por primera vez en su vida, no tuvo miedo de decirlo.
La interrupción
Un golpe en la puerta.
Killa frunció el ceño. El mundo exterior volvió a existir.
—Coronel —dijo la voz del subordinado al otro lado—. Llegué por la cadete Nox. Tiene visitas.
Killa se incorporó de inmediato. Su cuerpo pasó de la ternura al hielo en menos de un segundo.
—¿Quién? —preguntó, con la voz afilada como un cuchillo.
El subordinado dudó.
—Es Ko —exclamó, con un hilo de voz.
Killa sintió cómo la sangre se le calentaba. Los puños se le cerraron solos.
Ko.
Otra vez.
Siempre Ko.
—Dile que se espere —dijo Killa, con los dientes apretados—. Voy ahora mismo.
El subordinado se fue. Las botas resonaron en el pasillo.
Killa se levantó de la cama. Comenzó a vestirse con movimientos bruscos, rápidos, llenos de rabia contenida.
Nox lo miró desde la cama, envuelta en las sábanas.
—Ko —dijo, probando el nombre como quien prueba veneno—. ¿Qué quiere?
—A ti —respondió Killa, abrochándose la chaqueta—. Siempre quiere lo que es mío.
Nox no dijo nada.
Killa se giró hacia ella. Se acercó a la cama. Le agarró la barbilla con fuerza.
—No vas a decirle nada de lo nuestro —dijo, con los ojos ardiendo—. Nada de lo que pasó aquí. Nada de los papeles. Nada de nosotros. ¿Entendido?
Nox lo miró fijamente.
—¿Por qué me importaría proteger tus secretos? —preguntó.
Killa sonrió. Una sonrisa fría.
—Porque si hablas, Sofía lo pagará.
La amenaza cayó como un hacha.
Nox apretó la mandíbula. Pero no dijo nada.
Killa la soltó. Se enderezó. Ajustó su uniforme.
—Vístete —ordenó—. Ko te espera.
Salió de la habitación sin mirar atrás.
Nox se quedó sola.
Con el cuerpo marcado.
Con la espalda llena de besos.
Con el sabor de la palabra "te amo" todavía flotando en el aire.
Y con la certeza de que la guerra entre Killa y Ko recién empezaba.