Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 14
El cambio no fue inmediato.
No fue evidente.
Pero estaba ahí.
Y Leonardo lo notó antes que nadie.
Elena ya no lo miraba igual.
De hecho…
Casi no lo miraba.
Cumplía.
Siempre.
Perfecta.
Impecable.
Intocable.
Pero distante.
Demasiado.
Y eso…
No debería haberle importado.
Porque era exactamente lo que él había pedido.
Pero algo…
No encajaba.
El evento de esa noche era diferente.
Más relajado.
Menos formal.
Pero igual de estratégico.
Elena estaba a su lado.
Como siempre.
Vestido claro.
Elegante.
Sutil.
Hermosa.
Y él lo notó.
No como antes.
No de forma automática.
Esta vez…
Se detuvo un segundo más.
Y eso…
Fue un error.
—¿Tu esposa?
Un hombre se acercó.
Sonrisa amplia.
Mirada interesada.
—Sí.
Respuesta directa.
—Encantado.
La mirada del hombre se posó en Elena.
Demasiado tiempo.
Demasiado evidente.
—Elena.
Ella extendió la mano.
Educada.
Correcta.
Pero no fría.
Sonrió.
Y esa sonrisa…
No era para Leonardo.
El hombre no soltó su mano de inmediato.
—No sabía que Volkov tenía tan buen gusto.
Comentario disfrazado.
Pero claro.
Leonardo lo notó.
Y no le gustó.
Nada.
—Mi esposa no es tema de conversación.
Su voz fue firme.
Más de lo habitual.
El hombre levantó las manos.
—Tranquilo, solo era un cumplido.
Pero ya estaba hecho.
Elena retiró la mano.
Sin drama.
Sin reacción.
Como si no le afectara.
Como si no notara nada.
Y eso…
Eso fue peor.
La noche avanzó.
Y Leonardo empezó a ver cosas.
Detalles.
Pequeños.
Pero constantes.
Hombres que la miraban.
Que se acercaban.
Que intentaban hablarle.
Y ella…
Respondía.
Educada.
Correcta.
Pero sin cerrarse.
Sin marcar distancia.
Sin… pertenecerle.
Y eso…
Lo tensaba.
Más de lo que debería.
Más de lo lógico.
Más de lo permitido.
—Estás muy sociable.
La voz de Leonardo fue baja cuando se acercó a ella otra vez.
Elena lo miró.
Tranquila.
—Estoy siendo educada.
—No hace falta tanto.
Eso la hizo alzar una ceja.
—¿Ahora sí hace falta menos?
Golpe directo.
Leonardo apretó la mandíbula.
—No malinterpretes.
—No lo hago.
Silencio.
—Estoy haciendo exactamente lo que querías.
Otra vez esa frase.
Otra vez ese tono.
Y otra vez…
Ese efecto.
Porque no era desafío.
Era verdad.
—No quiero que se acerquen tanto.
La confesión salió sin filtro.
Y en cuanto lo dijo…
Lo sintió.
Error.
Elena lo miró.
Fijo.
Más atenta que antes.
—¿Por?
Silencio.
Leonardo no respondió.
Porque no tenía una respuesta lógica.
Porque no encajaba.
Porque no debería importarle.
—Es irrelevante.
Intentó corregir.
Pero ya era tarde.
Elena lo observó unos segundos más.
Y luego…
Asintió.
—Entiendo.
Pero no sonó como antes.
No sonó sumisa.
No sonó neutra.
Sonó…
lejana.
Y eso…
Lo irritó más.
Porque no discutió.
No insistió.
No reaccionó.
Simplemente…
Se alejó.
Y eso…
Eso fue peor que cualquier pelea.
Leonardo la siguió con la mirada.
Mientras otro hombre se acercaba a ella.
Mientras ella sonreía.
Mientras hablaba.
Mientras existía…
Sin él.
Y ahí…
Lo sintió.
Claro.
Directo.
Innegable.
Celos.
Pero no tenía sentido.
No debía.
No podía.
Porque ella no era suya.
Nunca lo había sido.
Y él mismo se había encargado de dejarlo claro.
Entonces…
¿Por qué…
le molestaba tanto?
Esa noche, cuando volvieron…
El silencio volvió.
Pero no era el mismo.
No era frío.
Era…
tenso.
Elena bajó del auto sin decir nada.
Caminó hacia la entrada.
Pero antes de subir…
Se detuvo.
Giró apenas.
—No te preocupes.
Leonardo la miró.
—¿Por qué?
—No voy a confundirme.
Esa frase…
Golpeó.
Más de lo esperado.
Porque no hablaba de otros hombres.
Hablaba de él.
Elena sostuvo su mirada.
—Esto sigue siendo un contrato.
Silencio.
—Nada más.
Y subió.
Sin esperar respuesta.
Leonardo se quedó ahí.
Inmóvil.
Pensando.
Sintiendo algo que no podía controlar.
Y lo peor…
Que no quería aceptar.
Porque si eso era celos…
Entonces…
Algo estaba cambiando.
Y no estaba seguro de querer eso.