La madre de Estefanía siempre fue “la otra”. La amante secreta de un hombre rico. Y ella… la hija ilegítima que la familia Rosales mantiene lejos en un convento.
Cuando el imperio de los Castellanos queda al borde de la quiebra, Alexander Castellanos, el CEO de la familia quien sufrió un accidente quedando discapacitado y necesita de un bastón para caminar, acepta casarse con la hija de la familia Rosales para salvar los negocios.
Pero la madrastra de Estefanía idea un engaño cruel: enviarla a ella como la hija legítima, aprovechando que nadie conoce la existencia de la bastarda.
Deseando por fin salir del lugar donde ha estado por años, Estefanía acepta convertirse en la esposa por contrato de Alexander.
Lo que comienza como un acuerdo frío pronto se vuelve peligroso. Porque vivir bajo el mismo techo despierta una tensión imposible de ignorar, mientras los secretos amenazan con destruirlo todo.
Y cuando la verdad salga a la luz, ninguno estará dispuesto a perder lo que considera suyo.
NovelToon tiene autorización de Frida Escobar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La razón detrás del plan.
A la mañana siguiente, Estefanía seguía profundamente dormida entre las enormes sábanas blancas.
El cabello castaño le cubría parte del rostro completamente desordenado.
La cama era tan grande que había terminado atravesada sobre ella, ocupando espacio como nunca antes había podido hacerlo.
Una almohada yacía en el suelo.
La sábana estaba medio enredada en sus piernas.
Y otra almohada permanecía aplastada contra la pared como si hubiera peleado dormida.
Dana llevaba varios minutos tocando la puerta.
Cada vez con más fuerza.
Pero al no recibir respuesta comenzó a preocuparse.
—¿Señora?
Nada.
La mujer suspiró antes de sacar la llave de servicio.
Entró lentamente.
Y apenas vio el estado de la habitación abrió ligeramente los ojos sorprendida.
Parecía que alguien había sobrevivido a una batalla.
Su mirada terminó posándose en Estefanía.
Dormía completamente abrazada a una almohada mientras una pierna colgaba peligrosamente fuera de la cama.
Dana no pudo evitar sonreír.
La joven se veía demasiado pequeña en una habitación tan enorme.
—Señora… señora.
La llamó acercándose.
Estefanía apenas se removió.
—Señora Castellanos.
La joven finalmente abrió los ojos lentamente.
Tardó varios segundos en entender dónde estaba.
Miró a Dana confundida mientras se tallaba los ojos como una niña pequeña.
Aquello enterneció inmediatamente a la mujer.
Le recordó demasiado a su hija que estudiaba en el extranjero.
—Su abuelo acaba de llegar y el señor dice que baje.
Estefanía parpadeó confundida.
—¿Mi abuelo?
Dana soltó una pequeña risa.
—El abuelo de su esposo. Por lo consiguiente… también es abuelo suyo.
Estefanía solo asintió lentamente todavía medio dormida.
Se levantó torpemente de la cama y caminó hacia el baño arrastrando los pies.
Minutos después salió nuevamente ya más despierta.
Pero seguía usando el mismo vestido blanco de la noche anterior.
Dana la observó en silencio mientras recogía las almohadas del suelo.
Aquella chica definitivamente no era como imaginaba a una Rosales.
Mientras tanto, abajo en la sala, el abuelo de Alexander esperaba sentado con ambas manos apoyadas sobre el sofá.
La expresión severa de su rostro intimidaba incluso a los empleados.
Alexander todavía no salia.
Y cuando finalmente vio aparecer a Estefanía en las escaleras, su expresión cambió de inmediato.
Su mirada recorrió rápidamente el vestido arrugado.
Luego desvío su vista hacia la habitación de abajo.
Tal como sospechaba.
Dormían en habitaciones separadas.
Alexander apareció segundos después acomodando el reloj sobre su muñeca mientras caminaba hacia la sala apoyado de su bastón.
El anciano ni siquiera esperó a que lo saludara.
—Fui muy claro respecto a esto.
La voz grave llenó la habitación.
—No quiero este tipo de cosas. Si la gente llega a enterarse será un escándalo innecesario.
Estefanía bajó rápidamente la mirada mientras jugaba nerviosamente con sus dedos al llegar a la sala.
Alexander mantuvo el rostro serio.
—La única que lo sabe es Dana. Ella no dirá nada.
El anciano lo vio molesto.
—Quiero que las maletas de tu esposa sean trasladadas inmediatamente a tu habitación.
El silencio cayó de golpe.
Alexander sonrió apenas.
Una sonrisa sin humor.
Porque no había nada que trasladar.
Estefanía no tenía maletas.
—Bien —continuó el anciano con calma peligrosa—. Entonces el dinero que tengo pensado invertir en tu empresa puede sufrir un retraso.
Alexander tensó la mandíbula al instante.
Odiaba sentirse presionado.
Controlado.
Manipulado.
Y su abuelo sabía exactamente cómo hacerlo.
hoy tenía una reunión importante.
El silencio volvió a hacerse pesado.
Estefanía apenas contenía el aire.
No quería mirar a ninguno de los dos.
—Pase las cosas de la señora a mi habitación.
Alexander prácticamente escupió las palabras entre dientes.
Dana intercambio una mirada confundida.
No sabía exactamente qué debía mover.
Porque la joven literalmente no tenía nada.
Alexander le dio un último vistazo a Estefanía antes de marcharse junto a su abuelo.
La puerta principal se cerró detrás de ambos.
Y el enorme silencio de la casa regresó nuevamente.
Estefanía se dejó caer lentamente sobre uno de los sillones de la sala.
La felicidad de dormir sola en aquella cama enorme no había durado mucho.
Suspiró resignada.
Cuando vio a Dana regresar, se levantó rápidamente.
—¿Puedo pedirle un favor?
La mujer sonrió amablemente.
—Claro, señora.
Estefanía bajó la voz con algo de pena.
—¿Puede prestarme dinero para tomar un camión?
Dana la observó completamente sorprendida.
Era la primera vez en años que escuchaba a alguien de un apellido como Rosales pedir dinero para transporte público.
—Claro… pero el chofer está disponible si desea salir.
Estefanía negó rápidamente.
—No quiero molestar.
Dana siguió mirándola confundida mientras iba a buscar algo de dinero.
La joven apretó ligeramente las manos.
Solo quería regresar al hotel.
Necesitaba recuperar su mochila.
Cambiarse esas horribles zapatillas que seguían lastimándole los pies.
Ponerse sus zapatos viejos.
Y después buscar una escuela donde terminar la preparatoria.
También necesitaba trabajar.
No quería depender de nadie.
Mucho menos de personas que podían devolverla al convento cuando quisieran.
Horas después, mientras Estefanía caminaba por la ciudad intentando seguir exactamente el plan que había armado desde el momento en que despertó…
En el otro extremo de la ciudad, Alexander enfrentaba algo completamente diferente.
La sala de juntas de Castellanos Corporation estaba llena.
Varios inversionistas discutían entre ellos molestos mientras revisaban documentos.
El ambiente era tenso.
La confianza en la empresa seguía cayendo.
José permanecía frente a todos explicando números, nuevos proyectos y futuros contratos con tranquilidad impresionante.
—La alianza con los Rosales traerá estabilidad inmediata al mercado.
—Los nuevos inversionistas ya comenzaron a reaccionar positivamente.
—Además, Castellanos Corporation sigue siendo una de las empresas más fuertes del país.
Poco a poco logró convencer a la mayoría.
Alexander observaba todo desde la cabecera de la mesa sin intervenir demasiado.
Pero incluso en silencio seguía imponiendo respeto.
Aun así, el verdadero estratega de toda aquella situación permanecía sentado al fondo de la sala.
El abuelo Castellanos observaba todo en absoluto silencio.
Pensando.
Calculando.
Planeando.
Porque mientras todos intentaban salvar la empresa…
Él ya pensaba en algo más.
En cómo lograr que Alexander le diera un heredero antes de que terminara aquel año.
Me encanta💕💕