Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Doncellas 2
Gia quedó rodeada de telas.
Literalmente.
Vestidos extendidos sobre la cama, colgados en biombos, doblados con una precisión casi sagrada. Blancos, marfil, con bordados en hilo de plata, incrustaciones de piedras que atrapaban la luz como si tuvieran vida propia.
Se acercó a uno lentamente.
Pasó la mano por la tela.
Suave.
Demasiado suave.
[…esto no es ropa… esto es inversión]
Sus ojos bajaron hacia el corsé adornado con pequeñas joyas.
Las observó con atención.
Calculando.
[…esto… esto vale mucho dinero…]
Una sonrisa pequeña, casi traviesa, apareció en sus labios.
[…bien… nuevo punto en el plan de supervivencia]
Tomó mentalmente nota, con una seriedad que contrastaba con lo absurdo de la situación.
[si algún día tengo que huir…]
Giró apenas el vestido, examinando cada detalle.
[…vendo esto… y vivo tranquila un buen tiempo…]
Asintió para sí misma.
[…sí… muy buen tiempo]
Luego alzó otro vestido.
Más pesado.
Más brillante.
[…y este… para emergencias de emergencia]
Soltó una pequeña risa.
[perfecto… entonces plan actualizado: casarme, sobrevivir… y acumular joyas]
Miró alrededor.
El cuarto estaba lleno de cofres, cajones, pequeños estuches.
[…definitivamente necesito un escondite…]
Se llevó un dedo al mentón, pensativa.
[…un cofre secreto… debajo del suelo… o detrás de una pared falsa…]
Sus ojos brillaron.
[…esto ya parece juego de estrategia… me gusta]
Pero ese momento de conspiración interna se vio interrumpido.
—Mi Lady, es hora.
Las doncellas se acercaron con eficiencia impecable.
Y Gia… decidió rendirse.
Por ahora.
[…bien… si voy a sobrevivir aquí… también tengo que disfrutarlo…]
Se dejó guiar.
La sentaron con cuidado.
Comenzaron por su cabello.
Dedos expertos deslizándose entre los mechones rubios.
Cepillos suaves.
Aromas delicados.
[…esto… esto sí es vida…]
Cerró los ojos sin darse cuenta.
Luego vinieron los aceites.
Masajes suaves en los hombros.
En el cuello.
En las manos.
Su cuerpo, que apenas horas antes estaba tenso por el pánico… comenzó a relajarse.
[…bien… no me quejo… nada de esto es terrible…]
Un suspiro escapó de sus labios.
[…podría acostumbrarme…]
Se hundió un poco más en el respaldo.
[…sí… definitivamente podría acostumbrarme…]
Mientras las doncellas trabajaban, ella flotaba entre pensamientos prácticos y una comodidad peligrosa.
[…joyas escondidas… rutas de escape… pero también… baños calientes… comida sin cocinar… nadie gritándome por teléfono…]
Una pausa.
Y luego..
[…nadie diciendo ‘esto es inaceptable’…]
Sonrió con los ojos cerrados.
[…esto ES aceptable… muy aceptable…]
El contraste con su vida anterior era tan grande que casi daba risa.
Aquí no había estrés constante.
Ni ruido.
Ni urgencias absurdas.
Solo… calma.
Lujo.
Atención.
[…bien… conclusión preliminar…]
Abrió los ojos lentamente mientras terminaban de arreglarla.
[…no sé cuánto va a durar esto… pero mientras dure…]
Su sonrisa volvió.
Más relajada.
Más genuina.
[…lo voy a disfrutar]
Cuando por fin terminaron, las doncellas dieron un paso atrás casi al mismo tiempo, como si contemplaran una obra terminada.
—My Lady…
Gia abrió los ojos lentamente.
Se miró en el espejo.
Y por un segundo… olvidó respirar.
El vestido caía perfectamente sobre su cuerpo, marcando su figura con elegancia sin exagerar. Los detalles brillaban con cada pequeño movimiento, atrapando la luz como si la siguieran. Su cabello, cuidadosamente acomodado, enmarcaba su rostro de una forma suave y delicada. El flequillo le daba un aire juvenil… pero el resto del peinado equilibraba todo con sofisticación.
Sus ojos parecían más grandes.
Su piel… impecable.
Sus labios… ligeramente resaltados.
[…wow…]
Parpadeó.
[…bien… si yo fuera el duque… me casaría conmigo sin dudarlo…]
Giró apenas el rostro.
Luego el cuerpo.
Observándose desde distintos ángulos.
[…esto no es nivel ‘bonita’… esto es nivel ‘problemas’…]
Una sonrisa divertida apareció en sus labios.
Se giró hacia las doncellas.
—¿Cómo me veo?
Las dos sonrieron de inmediato.
—Hermosa, My Lady.
—Perfecta.
Gia asintió, satisfecha.
[…correcto… respuesta adecuada…]
[…punto extra por honestidad evidente…]
Sonrió, esta vez con más seguridad.
Pero ese momento ligero no duró mucho.
El sonido en la puerta hizo que su espalda se tensara apenas.
Una de las doncellas fue a abrir.
Un sirviente inclinó la cabeza.
—Mi Lady, Lord Dacre la está esperando para escoltarla al gran salón.
El aire cambió.
De inmediato.
El nombre cayó como una piedra.
[…Lord Dacre…]
[…mi padre…]
Su sonrisa desapareció por un instante.
Solo un segundo.
Pero dentro de ella… todo se agitó.
Recordó.
La decisión fría.
Las palabras.
La traición.
El hombre que debía protegerla…
Había ordenado su muerte.
[…todo por dinero…]
Un escalofrío recorrió su espalda.
Sus manos se tensaron apenas.
[…qué tipo de padre hace eso…]
Pero entonces…
Se detuvo.
Cerró los ojos un segundo.
Respiró profundo.
[…no… no ahora…]
Al exhalar…
Su expresión cambió.
La duda se desvaneció.
El miedo se guardó.
Y en su lugar…
Apareció algo distinto.
Determinación.
[…ya sé cómo termina esta historia…]
Abrió los ojos.
[…y no va a repetirse…]
Enderezó la espalda.
Levantó el mentón.
Una sonrisa volvió a dibujarse en sus labios.
Pero esta vez…
No era suave.
Era firme.
Segura.
[…voy a cambiar mi destino…]
Caminó hacia la puerta.
Cada paso medido.
Elegante.
Como si hubiera nacido para eso.
Se detuvo un instante antes de cruzar.
[…y si alguien intenta detenerme…]
La sonrisa se acentuó apenas.
[…se va a arrepentir]
Salió de la habitación.
Con la cabeza en alto.
Y una presencia que ya no era la de una víctima…
Sino la de alguien que estaba lista para jugar.
Y ganar.