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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:795
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23: EL LLAMADO DEL TRONO

La torre brillaba a lo lejos. En lo alto de la montaña. Una columna de luz plateada atravesaba la tormenta como si la luna hubiera abierto el cielo con una espada.

El resplandor caía sobre el bosque oscuro, sobre los riscos húmedos y sobre las nubes que giraban lentamente alrededor de la cima.

Todo el puerto quedó en silencio.

Incluso el mar.

Incluso los ejecutores del consejo parecieron olvidar por un instante que estaban en medio de una guerra.

Lía respiraba agitada.

Tenía la daga antigua en las manos. La hoja seguía brillando con un pulso suave.

Vivo.

Como si hubiera esperado siglos a que alguien como ella volviera a tocarla.

La lluvia caía sobre su cabello mojado.

Sobre la corona de luz que aún flotaba sobre su cabeza.

Sobre los cuerpos heridos repartidos por el muelle destruido.

Y aun así…lo único que Lía podía mirar era la torre.

El Trono Lunar te está llamando.

La voz de la bestia seguía resonando dentro de ella. Como un eco imposible de ignorar.

Kael se acercó lentamente.

Tenía sangre mezclada con lluvia en el rostro. La herida de plata en su hombro seguía humeando apenas.

Pero aun así permanecía de pie.

Firme.

Protegiéndola.

Siempre protegiéndola.

—Tenemos que movernos ya —dijo con voz grave.

Darius avanzó unos pasos entre los ejecutores.

Su bastón golpeó la madera húmeda del puerto.

Tac.

Tac.

Tac.

El sonido retumbó entre el viento.

—La prueba ha sido aceptada —declaró.

Sus ojos dorados se clavaron en Lía.

—La coronación debe completarse antes del amanecer.

Ragnar soltó una risa baja.

—Mira eso.

Escupió sangre al suelo.

—El viejo consejo finalmente inclinando la cabeza.

Darius ni siquiera lo miró.

—No confundas respeto con obediencia.

Ragnar sonrió con frialdad.

—Nunca lo hago.

Lía apretó más fuerte la daga.

—¿Qué pasa si no llego a tiempo?

Silencio.

Kael tensó la mandíbula.

No quería que preguntara eso.

Pero Darius respondió igual.

—La marca terminará de consumir tu energía.

Lía sintió un vacío en el estómago.

—¿Consumirme?

Ragnar cruzó los brazos.

—La sangre lunar no puede despertar por completo sin un vínculo con el trono.

Miró la marca en su clavícula.

La media luna brillaba debajo de la ropa mojada.

—Y la tuya ya despertó demasiado.

Lía recordó las descargas.

El fuego bajo la piel.

La energía creciendo cada vez más.

El miedo.

La furia.

La sensación de perder el control.

Kael dio un paso al frente.

—No va a pasarle nada.

Darius lo observó con calma.

—Eso ya no depende de ti.

La frase cayó como una amenaza.

Kael endureció la mirada.

Por un segundo, Lía creyó que volverían a atacarse.

Pero entonces Selene comenzó a reír.

Una risa suave.

Oscura.

Todavía seguía inmovilizada por la energía lunar, arrodillada entre restos de madera rota y charcos de agua negra.

Aun así…seguía viéndose peligrosa.

—Qué romántico.

Todos giraron hacia ella.

Selene levantó lentamente el rostro.

La lluvia resbalaba sobre su piel perfecta.

—Todos peleando por quién llevará a la reina al trono.

Miró a Lía.

Y sonrió con crueldad.

—¿Todavía no entiendes?

Kael la miró con odio.

—Cállate.

Pero Selene continuó.

—Nunca fue sobre protegerte.

Sus ojos se clavaron en Lía.

—Siempre fue sobre el poder que llevas dentro.

El silencio se volvió pesado.

Lía sintió el golpe de esas palabras.

Porque una parte de ella…todavía dudaba.

Miró a Kael.

El agua corría por el rostro de él.

Sus ojos dorados estaban fijos en ella.

Intensos.

Sinceros.

Pero también llenos de secretos.

—Dime la verdad —susurró ella.

Kael respiró profundo.

Por primera vez desde que lo conocía, pareció cansado.

No físicamente.

Por dentro.

—Al principio no sabía quién eras.

Lía sostuvo su mirada.

Necesitaba escuchar todo.

Sin mentiras.

Sin evasivas.

Kael dio un paso más cerca.

—Después descubrí que eras la marcada.

Otro paso.

La distancia entre ambos desapareció.

—Y ahora sé que eres la heredera legítima.

La lluvia golpeaba el puerto. El viento hacía vibrar las estructuras metálicas. Pero el mundo parecía haberse reducido solo a ellos dos.

—Entonces Selene tiene razón —dijo Lía con dolor contenido—. Todo esto siempre fue por el trono.

Kael cerró los ojos un segundo.

Solo uno.

Como si esa frase realmente pudiera herirlo.

Cuando volvió a abrirlos, la intensidad en su mirada era brutal.

—No.

La voz le salió grave.

Real.

—Me quedé porque eras tú.

Lía sintió que el pecho le ardía.

Kael levantó lentamente la mano.

Rozó apenas la daga antigua entre los dedos de ella.

—El trono existía antes de conocerte.

Sus ojos no se apartaron de los suyos.

—Pero tú te convertiste en algo mucho más importante.

El silencio entre ambos fue peligroso.

Demasiado íntimo.

Demasiado intenso.

Ragnar soltó una carcajada seca detrás de ellos.

—Hermosa confesión.

Miró hacia la montaña iluminada.

—Ahora sería fantástico que sobrevivan lo suficiente para terminarla.

La tensión se rompió.

Darius levantó una mano.

Los ejecutores comenzaron a retroceder lentamente.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué haces?

—La guerra se suspende hasta la coronación —respondió Darius.

Ragnar arqueó una ceja.

—¿Desde cuándo respetan las antiguas leyes?

Darius sostuvo la mirada del enorme alfa.

—Desde que la luna reconoció a la heredera.

La frase hizo que todos guardaran silencio otra vez.

Incluso Selene.

Porque nadie podía negar lo que había ocurrido.

La bestia lunar se había inclinado ante Lía.

Y eso cambiaba todo.

La madre de Lía se acercó lentamente.

Todavía temblaba.

Sus ojos estaban llenos de miedo.

Pero también de culpa.

—No vayas.

Lía giró hacia ella.

El dolor que sintió fue distinto.

Más humano.

Más profundo que cualquier pelea.

—Tengo que hacerlo.

La mujer negó lentamente.

Las lágrimas se mezclaron con la lluvia.

—Tu padre también creyó eso.

Kael levantó apenas la cabeza.

Ragnar dejó de sonreír.

Darius permaneció inmóvil.

La tensión regresó de inmediato.

Lía sintió un escalofrío.

—¿Mi padre murió en esa montaña?

La mujer cerró los ojos.

Como si recordar doliera demasiado.

—Murió intentando proteger el trono de las personas equivocadas.

Sus ojos se movieron hacia el consejo.

Darius no reaccionó.

Pero Kael sí.

Los puños se le cerraron.

Ragnar habló esta vez.

—El antiguo rey fue traicionado la noche de la coronación.

Lía giró bruscamente hacia él.

—¿Por quién?

Silencio.

Kael bajó la mirada apenas.

Eso fue suficiente.

Lía sintió que el corazón se detenía.

—Kael…

Él levantó el rostro de inmediato.

—Yo no participé.

La voz le salió tensa.

Urgente.

—Pero mi familia sí estuvo involucrada.

El aire pareció congelarse.

Ragnar soltó una risa amarga.

—Ahora sí estamos contando la historia completa.

Lía retrocedió un paso.

La traición volvió a atravesarla.

Kael avanzó de inmediato.

—Escúchame.

—¿Tu familia ayudó a matar a mi padre?

Kael apretó la mandíbula.

No respondió enseguida.

Y ese silencio volvió a doler.

—El consejo quería controlar el reino —dijo finalmente—. Mi padre creyó que entregar el trono evitaría una guerra.

Ragnar sonrió con desprecio.

—Y en lugar de evitarla, condenó a todos.

Kael giró hacia él.

—Tú tampoco eres inocente.

Ragnar sostuvo la mirada.

La tensión entre ambos volvió a crecer.

Violenta.

Antigua.

Lía observó a los dos hermanos.

Dos hombres marcados por la misma sangre.

Pero destruidos por decisiones distintas.

Y en medio de ellos…ella.

La heredera.

La chica que hace apenas unos días creía tener una vida normal.

Selene comenzó a reír otra vez.

Más suave esta vez.

Más peligrosa.

—Mírate.

Lía giró hacia ella.

—El gran reino lunar destruido por hombres que creen saber amar.

Kael avanzó amenazante.

—Un paso más y te arranco la garganta.

Selene sonrió.

—Todavía no entiendes nada, Kael.

Sus ojos se clavaron en Lía.

—El trono no solo elige poder.

La sonrisa desapareció lentamente.

—También exige sacrificios.

Un rugido profundo resonó desde la montaña.

Todos levantaron la cabeza.

La torre brilló aún más fuerte.

Y entonces ocurrió.

La oscuridad del bosque comenzó a llenarse de ojos.

Decenas.

Cientos.

Brillando entre los árboles.

Lobos.

Esperándolos.

La montaña estaba viva.

Ragnar soltó el aire lentamente.

—Genial.

Kael observó la ladera iluminada.

—Nos están cazando desde este momento.

Darius apoyó ambas manos sobre el bastón.

—Toda manada que desee reclamar el trono irá por ella antes del amanecer.

Lía sintió que la marca ardía otra vez.

La energía vibró debajo de su piel.

Como si la montaña la estuviera llamando de verdad.

Como si algo allá arriba supiera exactamente quién era.

Kael tomó su mano.

La sujetó con fuerza.

—No importa cuántos sean.

Lía levantó la mirada hacia él.

La intensidad en sus ojos la golpeó.

—Voy a llevarte hasta el final.

Ragnar se acercó también.

—Odiaría admitirlo…

Miró la torre.

—Pero si ella cae, todos estamos muertos.

Kael soltó una risa seca.

—Qué discurso tan inspirador.

Ragnar sonrió apenas.

—No te acostumbres.

La madre de Lía sujetó su brazo.

—No quiero perderte.

Lía sintió un nudo en la garganta.

Por primera vez desde que todo comenzó, entendió algo.

No podía volver atrás.

Nunca más.

El mundo humano había desaparecido.

La chica normal había desaparecido.

Ahora existía otra cosa.

Algo más grande.

Más peligroso.

Más poderoso.

La heredera lunar.

Lía respiró profundo.

Miró la montaña.

Después la daga.

Después la corona de luz reflejada en el agua negra del puerto.

Y finalmente levantó el rostro.

La lluvia seguía cayendo sobre ella.

Pero ya no sentía frío.

Solo determinación.

—Entonces subimos esta noche.

El silencio cayó otra vez.

Kael sonrió apenas.

No con arrogancia.

Con orgullo.

Ragnar soltó una risa baja.

—Ahora sí hablas como reina.

Darius observó la escena con atención.

Como si intentara descubrir en qué momento la chica confundida se había convertido en alguien capaz de desafiar al mundo entero.

Y a lo lejos…en la cima de la montaña…la torre lunar brilló todavía más fuerte.

Como si el trono hubiera escuchado su decisión.

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me encanta leer
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