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Almas En Distinto Cielo

Almas En Distinto Cielo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Almas que están destinadas a encontrarse aunque estén del otro lado del mundo.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La magia de las manos que nadie esperaba

...Almas en Distinto Cielo...

...✦   ✦   ✦...

...Capítulo X...

...La magia de las manos...

...que nadie esperaba...

...— Porque a veces el alma llega disfrazada de comida —...

...Hotel Palermo Grand — Segundo día de rodaje★ ★ ★...

Valeria

Cuando la jefa del hotel la llamó aparte a las ocho de la mañana con esa expresión de quien está a punto de pedir algo que no debería estar pidiendo, Valeria ya lo supo antes de que abriera la boca. Lo supo por el tono, por el gesto de las manos, por esa manera que tienen los jefes de mirar hacia los costados antes de decir algo incómodo.

El chef había amanecido con fiebre. Tres ayudantes de cocina también. La gripe había pasado por la cocina del hotel con la eficiencia de un vendaval, y lo que quedaba en pie era un equipo de media mañana que no alcanzaba para lo que el día exigía. Una producción internacional. Actores. Un equipo de sesenta personas que necesitaba comer.

"Valeria." La jefa la miró directo. Solo su nombre. Con todo lo que ese nombre significaba en ese momento: confianza, urgencia, la certeza de que si alguien podía, era ella.

"¿La cocina?" dijo Valeria.

"La cocina."

Valeria no preguntó si estaba segura. No pidió que le explicaran más. Miró a Soledad, que estaba parada a dos metros escuchando con esa expresión de yo voy donde vos vayas.

"Bueno," dijo. "¿Qué hay en la heladera?"

Lo que siguió fue una de esas mañanas que no tienen explicación lógica pero que ocurren de todas formas: dos mujeres en una cocina industrial que ninguna de las dos conocía del todo, con ingredientes que tuvieron que inventariar en tiempo récord, produciendo en tres horas algo que no estaba en ningún menú oficial.

Lo que salió de esa cocina

...Locro reconvertido con lo que había. Empanadas de humita que Valeria había aprendido a hacer con su abuela a los doce años y que no había olvidado nunca. Un postre — dulce de leche casero con bizcochuelo que Soledad juró que no sabía que sabía hacer hasta que lo hizo....

...Platos que no figuraban en ninguna carta internacional. Platos que olían a hogar, a cocina de barrio, a esa memoria gustativa que se instala en la infancia y no se va nunca más....

...Los actores del set comieron en silencio. Ese silencio particular que tiene la gente cuando algo los sorprende de verdad....

Valeria no supo nada de lo que ocurrió después. Dejó los platos del quinto piso y salió de la habitación antes de que nadie llegara. Tenía más trabajo. El turno de la noche empezaba en pocas horas. No había tiempo para curiosidades.

Lo que no supo fue que al otro lado de esa puerta, cuatro minutos después, un hombre salía de la ducha con el cabello todavía húmedo y encontraba el plato sobre la mesa del comedor de la suite y miraba a su asistente con una expresión que equivalía a una pregunta.

...Suite 501 — El mismo mediodía★ ★ ★...

Sebastián

Sebastián Rhys tenía una relación con la comida que sus colaboradores describían, en voz muy baja y lejos de él, como complicada. No era un capricho —era un sistema. Años de viajes internacionales, de comidas en lugares desconocidos que habían terminado mal, le habían enseñado que la única manera de no perder días enteros de trabajo por una intoxicación era conocer exactamente lo que ponía en su cuerpo. Nada sin verificar. Nada sin fuente. Nada que su asistente no pudiera describir con precisión.

Cuando salió de la ducha y encontró el plato, llamó a su asistente con ese tono monocorde que sus empleados distinguían perfectamente del silencio: significaba explicame esto ahora.

"El chef del hotel está enfermo. La jefa de personal tomó la situación y—"

"¿Quién cocinó?"

"Dos empleadas del área de limpieza que aparentemente tienen conocimientos culinarios. La jefa del hotel asegura—"

"Quiero hablar con el chef."

"No hay chef disponible, señor."

Sebastián miró el plato. Lo miró con esa atención que le daba a los balances y los contratos. Luego levantó los ojos.

"Entonces quiero hablar con quien cocinó."

Cinco minutos después la jefa del hotel entró a la suite con Soledad a su lado, las dos con una expresión que era mezcla de disculpa profesional y dignidad intacta. Sebastián las observó. Evaluó. Y supo en ese mismo instante que el aroma que lo había detenido en el pasillo el día anterior no pertenecía a ninguna de estas dos mujeres.

Suite 501 — Lo que Sebastián sintió al abrir la puerta

Cuando la jefa abrió la puerta de la suite y entró, algo llegó con ella. Algo que flotaba en el aire del pasillo, que se había colado por el umbral antes de que nadie cruzara.

Sebastián lo sintió en el centro del pecho antes de procesarlo con el cerebro.

Ese aroma.

Tenue, casi imperceptible, como el rastro que deja alguien que acaba de marcharse. Pero inconfundible. Absolutamente inconfundible para él.

Ella había estado aquí. Minutos atrás. En este pasillo. Había entrado a esta habitación.

Sebastián miró el plato sobre la mesa con otros ojos.

...Ella lo había cocinado....

La jefa explicó el plato con la precisión nerviosa de quien sabe que está en terreno delicado. Soledad, a su lado, completó lo que la jefa no sabía: los ingredientes, el método, el tiempo de cocción. Sebastián escuchaba con esa atención que desconcertaba a la gente porque parecía ausencia pero era exactamente lo contrario.

"¿Y el postre?" preguntó. Su voz era la de siempre — plana, controlada. Pero había algo debajo que Soledad, que no lo conocía, no supo leer, aunque lo sintió.

"Eso lo hizo mi compañera," dijo. "Yo no sabría explicarle, señor. Es una receta de familia. De las suyas."

Sebastián miró el postre. El dulce de leche casero. El bizcochuelo que olía a algo que no podía nombrar pero que reconocía de algún lugar sin dirección.

"¿Cómo se llama su compañera?" preguntó.

Soledad abrió la boca. La jefa del hotel —que tenía protocolos sobre la privacidad del personal— intervino antes de que pudiera responder.

"El personal no está autorizado a—"

"Entiendo." Sebastián no insistió. Pero tomó nota del nombre que no había escuchado todavía con una determinación silenciosa que era, en él, exactamente lo mismo que una promesa.

Los probó. Los dos platos. Comió despacio, con esa concentración que le daba a las cosas que merecían atención completa. Y cuando terminó se quedó un momento con la vista en el plato vacío pensando en algo que no tenía que ver con los ingredientes ni con la técnica culinaria.

El postre le había dado nostalgia. No de algo que recordara. De algo que todavía no había vivido pero que su cuerpo ya reconocía como propio. Como el sueño. Como el aroma. Como todo lo relacionado con ella.

Era el sabor de algo que siempre debió haber sido suyo.

...Ella había estado en esa habitación. Había dejado su aroma, su sazón, un postre que le producía nostalgia de cosas que no había vivido todavía....

Y él seguía sin saber su nombre.

Pero ya sabía una cosa más: ella era real. Completamente, irrevocablemente real. Y estaba cerca.

...✦   ✦   ✦...

Continuará en el Capítulo XI

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