Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7
(Punto de vista de Lou)
En nuestra isla, el sol decidía el ritmo de la vida.
No los relojes.
No el tiempo.
Solo el sol.
Cada mañana despertaba antes del amanecer para recoger agua del río junto a las demás mujeres jóvenes de la tribu. El aire siempre era frío a esas horas y la selva parecía distinta, más silenciosa, como si todavía estuviera dormida.
Yo vivía cerca del templo principal junto a mi madre y mi abuela. Nuestra casa estaba construida de piedra y madera oscura, decorada con telas rojas que se movían constantemente con el viento del mar.
La tribu de los Anari llevaba siglos viviendo en aquella isla.
Eso contaban los ancianos.
Decían que nuestros antepasados habían sido elegidos por los dioses del océano y protegidos del resto del mundo. Nadie podía entrar en la isla.
Y nadie podía salir.
Desde pequeña crecí escuchando historias sobre los “hombres del exterior”. Personas diferentes que traían guerras, enfermedades y destrucción. Por eso la tribu evitaba cualquier contacto con el mundo fuera del océano.
Pero yo siempre tuve curiosidad.
Especialmente después de encontrar objetos arrastrados por el mar.
Botellas.
Telas extrañas.
Fragmentos de metal.
Y una vez… un libro.
No entendía casi nada de aquel idioma, pero una anciana que había vivido muchos años atrás cerca de extranjeros me enseñó algunas palabras antes de morir.
Por eso podía comunicarme un poco.
Muy poco.
Aunque jamás imaginé que terminaría necesitándolo de verdad.
Aquella mañana parecía normal.
Los hombres habían salido a pescar y varias mujeres preparaban comida cerca de las fogatas. Los niños corrían alrededor de las pirámides mientras los ancianos hablaban entre ellos bajo la sombra.
Y Kai…
Kai seguía siendo igual de aterrador que siempre.
Lo conocía desde niña.
Todos lo conocíamos.
Era el hijo del antiguo líder de la tribu y desde muy joven había demostrado ser diferente al resto. Más fuerte. Más rápido. Más inteligente.
Y mucho más peligroso.
Las personas le obedecían sin cuestionarlo.
No solo porque fuera el líder actual.
Sino porque Kai parecía nacido para mandar.
Incluso de niño daba miedo cuando se enfadaba.
Aunque las mujeres jóvenes suspiraban cada vez que él pasaba cerca.
Yo incluida… a veces.
Era imposible no mirarlo.
Kai rara vez hablaba demasiado, pero cuando lo hacía todos escuchaban. Los guerreros lo respetaban y los ancianos confiaban en él.
Decían que los dioses lo habían marcado.
Por sus ojos dorados.
Solo los líderes nacían así.
Aquella tarde, Kai regresaba de las montañas junto a otros guerreros cuando los ancianos comenzaron a hablar sobre señales extrañas vistas en el océano durante la noche.
Humo.
Fuego.
Un rugido enorme proveniente del cielo.
Yo apenas presté atención al principio.
Hasta que Kai habló.
—“Algo cayó al mar.”
Su voz siempre era tranquila, incluso cuando sospechaba peligro.
Los demás hombres comenzaron a discutir inmediatamente. Algunos creían que eran espíritus. Otros pensaban que quizá el océano había traído restos de embarcaciones extranjeras.
Pero Kai no parecía convencido.
Esa misma noche, mientras regresaba del río, escuché ruidos cerca de la selva.
Pensé que era un animal.
Hasta que la vi.
La extranjera.
Rose.
Estaba escondida entre las plantas observando la aldea como un animal asustado.
Nunca había visto alguien como ella tan de cerca.
Era pequeña.
Muy pequeña comparada con nuestra gente.
Su piel era clara como la arena mojada por la luna y su cabello parecía mezclarse entre tonos dorados y marrones bajo la luz del fuego.
Pero lo más extraño eran sus ojos verdes.
Verdes de verdad.
Como hojas iluminadas por el sol.
Parecía frágil.
Perdida.
Y completamente aterrada.
Por un momento me quedé inmóvil observándola.
Ella también me miró.
Noté inmediatamente que no entendía nuestro idioma.
Y entonces pensé algo peligroso.
“No pertenece aquí.”
Debí llamar a los guerreros enseguida.
Pero parte de mí sentía curiosidad.
Hasta que escuché pasos acercándose detrás de mí.
Kai.
Su presencia siempre se sentía antes de verlo.
Cuando miré hacia él, noté algo extraño en su expresión apenas sus ojos se posaron sobre la extranjera escondida entre los árboles.
Se quedó completamente quieto.
Eso nunca pasaba.
Kai observó a Rose durante varios segundos sin decir una palabra.
Y después dijo algo que hizo que mi corazón se detuviera.
—“Es ella.”
Fruncí el ceño confundida.
—“¿Ella quién?” —pregunté.
Pero Kai no respondió.
Seguía mirando a la extranjera como si hubiera encontrado algo que llevaba años buscando.
Y entonces ocurrió.
Rose se movió accidentalmente entre las ramas y yo reaccioné por instinto, gritando para alertar a los demás.
Los guerreros aparecieron inmediatamente rodeándola.
Ella parecía asustada.
Muy asustada.
Y aun así Kai no apartaba los ojos de ella.
Ni siquiera cuando la llevaron frente a él.
Recuerdo perfectamente lo que dijo uno de los ancianos aquella noche mientras la observaban.
—“Es una señal.”
Muchos en la tribu estaban nerviosos.
Porque jamás un extranjero había llegado tan lejos.
Pero Kai…
Kai parecía decidido desde el primer momento.
Cuando se acercó a ella y percibió su aroma, entendí inmediatamente lo que estaba ocurriendo.
Y sinceramente…
Sentí pena por Rose.
Porque en nuestra tribu existía una antigua tradición.
Cuando el líder reclamaba a alguien como su compañera… la decisión rara vez cambiaba.
Y por la forma en que Kai miraba a la extranjera…
Supe que ya no pensaba dejarla ir jamás.