⚠️🚫Un nuevo "asesino perfecto" aparece en la ciudad. No usa feromonas, usa tácticas militares que Ben reconoce. Y ese es solo el inicio de los problemas de la familia Volkov Masson. 🚫⚠️ 💡Estilo staempunk💡
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Voy a quemar su recuerdo de este mundo
El muelle de Puerto Gris amaneció bajo una nube de vapor amarillento que se mezclaba con la neblina marina. Cerca de una de las grúas de carga, un grupo de oficiales federales y curiosos se amontonaban frente a una escena que parecía sacada de una pesadilla.
Ben Connors, llegó en su auto blindado. El motor de combustión interna, una tecnología que solo los soberanos de la ciudad podían costear, rugía suavemente mientras se abría paso entre las carretas de madera de los pescadores. Al bajar, el Capitán sintió que el aire le faltaba.
Sobre una pila de cajas de madera, yacía el cuerpo de uno de los contadores principales de Valerius. El hombre no tenía ni un solo moretón. Su rostro estaba tranquilo, pero sus ojos estaban abiertos, fijos en la nada. En su cuello, la pequeña marca morada en el punto nervioso del occipital gritaba un nombre que solo Ben conocía.
—Es el trabajo del Fantasma —murmuró un oficial de la ley, sin notar que Ben estaba detrás de él—. Una muerte limpia. Sin rastro. Solo el omega de Volkov mata así.
Ben apretó los puños. La rabia le subía por la garganta como ácido. Bruce Albor estaba usando su firma. En su mundo original, Bruce le había disparado tres veces en el pecho, una ejecución brutal y directa. Pero aquí, Bruce estaba jugando a ser un artista. Estaba usando la reputación del Fantasma para poner a toda la ciudad en contra de la mansión.
—Señor Masson —dijo un periodista, acercándose con una libreta y una lámpara de aceite que chispeaba en la penumbra—. Se dice que este hombre le debía dinero a su esposo. ¿Es esta su forma de dar un mensaje? ¿Ha vuelto el Fantasma a sus viejos métodos de limpieza?
Ben no respondió. Sus ojos azules brillaron con una intensidad eléctrica que hizo que el periodista retrocediera. El Capitán quería gritarle a la ciudad que él no era un asesino de aliados, que había un traidor de otro mundo caminando entre ellos. Pero no podía. No podía decir que su alma era de la Tierra. En este mundo, lo tomarían por loco o por un demonio.
—Retírense —ordenó Ben con una voz que cortó el aire como una navaja—. Este es territorio Volkov. Nosotros nos encargaremos de la investigación.
Horas después, en el gran salón de la mansión, el ambiente era insoportable. Sage caminaba de un lado a otro, su rostro tierno estaba desfigurado por la angustia. Jasper, se mantenía firme junto a la puerta, con la mano en su arma y los ojos fijos en Sage, deseando poder abrazarlo para detener su temblor.
—Están apareciendo más, Ben —dijo Sage, con la voz quebrada—. El jefe de los muelles, la encargada de la refinería... todos aliados. Todos con la misma marca. La gente está empezando a decir que te has vuelto loco, que estás eliminando a los nuestros para tomar el control total.
Ben estaba de pie frente a una mesa de cristal, golpeando la superficie con los nudillos.
—¡Es Bruce! ¡Él sabe que no puedo explicarlo! Está usando mi propia leyenda para ahorcarme.
—Las familias del Norte han enviado cartas —intervino Vane, analizando los informes desde su silla—. Quieren respuestas. Exigen saber por qué el Fantasma está cazando a sus propios socios. Si no les damos una explicación lógica, tendremos una guerra civil en Puerto Gris antes de que termine la semana.
Ben soltó un rugido de frustración y barrió todo lo que había sobre la mesa con un brazo. Los cristales estallaron en mil pedazos. Sus feromonas de omega dominante estallaron en una frecuencia de ozono tan potente que Sage tuvo que taparse la boca para no marearse.
—¡No puedo darles una explicación lógica porque la verdad es imposible! —gritó Ben, con los ojos fuera de sí—. ¡Bruce me mató en un callejón y ahora está aquí usando mis manos para matar a mis amigos!
Jasper dio un paso adelante, preocupado por la agitación de la casa, pero se detuvo cuando una sombra mucho más grande cruzó el salón.
Valerius Volkov entró como una tormenta de calma. El Lobo ignoró los cristales rotos y el caos. Caminó directamente hacia Ben, quien estaba temblando de furia pura. Valerius lo rodeó con sus brazos, hundiendo el rostro en el cuello de Ben y liberando su aroma de bosque quemado para anclarlo a la realidad.
—Respira, mi pequeño fantasma —susurró Valerius en su oído, con una voz profunda que solo Ben podía escuchar—. No dejes que gane. Esto es exactamente lo que Bruce quiere. Quiere que pierdas los estribos, que te veas como el monstruo que ellos creen que eres.
Ben se aferró a la camisa de Valerius, cerrando los ojos. Solo el contacto con su esposo podía silenciar los gritos del Capitán en su cabeza.
—Nos está acorralando, Valerius. Si no lo detengo, la ciudad nos va a devorar.
—Nadie va a devorarnos —sentenció Valerius, alejándose un poco para mirarlo a los ojos—. Vane, Jasper, Boris... escuchen bien. No daremos explicaciones a nadie. Si los del Norte quieren respuestas, que vengan a buscarlas a mis cañones. Bruce Albor cree que conoce a Ben Connors, pero no conoce a los soberanos de Puerto Gris.
Jasper asintió, su mirada de seguridad volviéndose gélida.
—Señor, he detectado un patrón. Los cadáveres aparecen siempre cerca de instalaciones de vapor de alta presión. Bruce no solo mata, está marcando una ruta hacia el centro de la ciudad.
—Quiere una reunión —concluyó Ben, recuperando la compostura gracias a Valerius—. Quiere que lo busque en el terreno que él elija. Vane, busca en los registros de propiedad de las viejas calderas del sector industrial. Debe haber algún lugar que no figure en los mapas actuales.
Sage se acercó a Ben y le tomó la mano con ternura.
—Hermanito, tienes que descansar. No puedes pelear esta guerra si tu mente está rota. Yo me encargaré de los niños, Leo y Vlad están preguntando por qué hay tanto ruido.
Ben suspiró y le dio un beso en la frente a Sage.
—Gracias, hermano. Jasper, por favor, acompaña a Sage a la habitación de los niños. No quiero que se mueva solo por la casa.
Jasper asintió con un brillo de gratitud en los ojos.
—Con mi vida, Capitán.
Cuando se quedaron solos, Valerius llevó a Ben hacia el balcón. Abajo, Puerto Gris brillaba con sus luces eléctricas para los ricos y sus antorchas de aceite para los pobres. Era un mundo de contrastes, igual que el alma de Ben.
—Él cree que todavía eres el policía que puede ser manipulado por el deber —dijo Valerius, abrazándolo por la espalda—. Pero ya no eres ese hombre. Ahora eres el Fantasma, y tienes a un Lobo que te cubre la espalda.
Ben miró el horizonte, donde el humo de las fábricas se mezclaba con la neblina. Bruce Albor había transmigrado, se había infiltrado y estaba jugando con su pasado. Pero Bruce había cometido un error: creía que Ben seguía jugando bajo las reglas de la Tierra.
—Bruce Albor me disparó en el pecho una vez —murmuró Ben, con el brillo azul eléctrico volviendo a sus pupilas—. Esta vez, no habrá chalecos antibalas ni segundas oportunidades. Voy a quemar su recuerdo de este mundo.
En un callejón oscuro, lejos de la mansión, un hombre con una chaqueta de cuero desgastada observaba una lámpara de aceite. En su mano, sostenía una moneda de Puerto Gris. No tenía placa, no tenía uniforme, pero tenía la misma mirada de cazador que Ben. Bruce sonrió al escuchar el eco de una sirena de vapor a lo lejos. El juego mental apenas comenzaba, y él estaba disfrutando ver cómo su viejo amigo se desmoronaba bajo el peso de una leyenda que él mismo había ayudado a crear.
¡Holis Chikis! Aquí, una nueva obra😘⬇️