Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lord Dacre
Cuando por fin terminaron, las doncellas dieron un paso atrás casi al mismo tiempo, como si contemplaran una obra terminada.
—My Lady…
Gia abrió los ojos lentamente.
Se miró en el espejo.
Y por un segundo… olvidó respirar.
El vestido caía perfectamente sobre su cuerpo, marcando su figura con elegancia sin exagerar. Los detalles brillaban con cada pequeño movimiento, atrapando la luz como si la siguieran. Su cabello, cuidadosamente acomodado, enmarcaba su rostro de una forma suave y delicada. El flequillo le daba un aire juvenil… pero el resto del peinado equilibraba todo con sofisticación.
Sus ojos parecían más grandes.
Su piel… impecable.
Sus labios… ligeramente resaltados.
[…wow…]
Parpadeó.
[…bien… si yo fuera el duque… me casaría conmigo sin dudarlo…]
Giró apenas el rostro.
Luego el cuerpo.
Observándose desde distintos ángulos.
[…esto no es nivel ‘bonita’… esto es nivel ‘problemas’…]
Una sonrisa divertida apareció en sus labios.
Se giró hacia las doncellas.
—¿Cómo me veo?
Las dos sonrieron de inmediato.
—Hermosa, My Lady.
—Perfecta.
Gia asintió, satisfecha.
[…correcto… respuesta adecuada…]
[…punto extra por honestidad evidente…]
Sonrió, esta vez con más seguridad.
Pero ese momento ligero no duró mucho.
El sonido en la puerta hizo que su espalda se tensara apenas.
Una de las doncellas fue a abrir.
Un sirviente inclinó la cabeza.
—My Lady, Lord Dacre la está esperando para escoltarla al gran salón.
El aire cambió.
De inmediato.
El nombre cayó como una piedra.
[…Lord Dacre…]
[…mi padre…]
Su sonrisa desapareció por un instante.
Solo un segundo.
Pero dentro de ella… todo se agitó.
Recordó.
La decisión fría.
Las palabras.
La traición.
El hombre que debía protegerla…
Había ordenado su muerte.
[…todo por dinero…]
Un escalofrío recorrió su espalda.
Sus manos se tensaron apenas.
[…qué tipo de padre hace eso…]
Pero entonces…
Se detuvo.
Cerró los ojos un segundo.
Respiró profundo.
[…no… no ahora…]
Al exhalar…
Su expresión cambió.
La duda se desvaneció.
El miedo se guardó.
Y en su lugar…
Apareció algo distinto.
Determinación.
[…ya sé cómo termina esta historia…]
Abrió los ojos.
[…y no va a repetirse…]
Enderezó la espalda.
Levantó el mentón.
Una sonrisa volvió a dibujarse en sus labios.
Pero esta vez…
No era suave.
Era firme.
Segura.
[…voy a cambiar mi destino…]
Caminó hacia la puerta.
Cada paso medido.
Elegante.
Como si hubiera nacido para eso.
Se detuvo un instante antes de cruzar.
[…y si alguien intenta detenerme…]
La sonrisa se acentuó apenas.
[…se va a arrepentir]
Salió de la habitación.
Con la cabeza en alto.
Y una presencia que ya no era la de una víctima…
Sino la de alguien que estaba lista para jugar.
Y ganar.
Cuando Gia bajó las escaleras, el sonido suave de sus pasos parecía perderse en la amplitud del lugar. Todo era elegante, perfectamente dispuesto… pero su atención no estaba en el entorno.
Estaba en él.
Lord Dacre.
De pie, esperándola.
Y cuando sus miradas se cruzaron…
Ahí estaba.
Esa expresión.
Fría.
Despectiva.
Exactamente como la recordaba.
[…sí… no cambió nada…]
Pero hubo algo más.
Un leve destello de sorpresa.
Sus ojos se detuvieron en ella un segundo más de lo normal.
Recorrieron su vestido. Su porte. Su rostro.
[…no se esperaba esto, ¿verdad?]
Gia lo notó.
Y por dentro… sonrió.
Pero él no tardó en recomponerse.
Su expresión volvió a endurecerse.
—Más te vale comportarte.
Su voz fue seca.
Cortante.
—Y no avergonzar a la familia Dacre.
Silencio.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Pesadas.
Como si no fueran una advertencia… sino una orden.
Gia lo miró.
Fijamente.
[…familia…]
[…¿de verdad vas a usar esa palabra?]
Por un instante, la respuesta estuvo en la punta de su lengua.
[no podrás hablarme así por mucho tiempo…]
[voy a ser duquesa…]
[y tú… no serás nada para mí…]
Las frases se alinearon.
Listas para salir.
Pero…
No lo hizo.
Cerró la boca.
Respiró.
[…todavía no…]
Porque tenía claro algo.
Aún no era duquesa.
Aún no tenía poder.
Y enfrentarlo ahora…
No le daría nada.
Solo problemas.
[…paciencia…]
Entonces…
Sonrió.
Dulce.
Controlada.
Perfecta.
Asintió levemente.
—Por supuesto, padre.
[…disfruta mientras puedas… viejo de mierda…]
Su sonrisa no se movió.
Pero sus ojos…
Ya no eran los de antes.
Porque esta vez…
Ella no era la hija indefensa.
Ni la víctima silenciosa.
Era alguien que sabía exactamente cómo terminaba la historia.
Y que estaba decidida…
A reescribirla.