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Almas En Distinto Cielo

Almas En Distinto Cielo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Almas que están destinadas a encontrarse aunque estén del otro lado del mundo.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La noche que no debía ser y elnadios que tampoco

Almas en Distinto Cielo

✦ ✦ ✦

Capítulo XVII

La noche que no debía ser

y el adiós que tampoco

— Porque hay cosas que ocurren antes de que uno decida si las permite —

Buenos Aires — La última semana del rodaje

★ ★ ★

Los dos

La semana que siguió a la fiebre fue diferente a todas las anteriores. No en lo visible — Valeria seguía con su turno, Sebastián con sus reuniones, el rodaje avanzando hacia su última etapa. Pero había algo en el aire entre ellos que no estaba antes. Una corriente que ninguno de los dos nombraba porque nombrarlo hubiera obligado a hacer algo con ello.

Sebastián la buscaba. No de manera obvia — con esa discreción que era parte de su naturaleza. Un café que mandaba a la salita de maestranza a nombre de nadie. Un mensaje de Kenji que le preguntaba si necesitaba algo del hotel a las once de la noche cuando ella hacía su turno. Pequeñas cosas que Valeria notaba y que guardaba en el mismo lugar donde guardaba todo lo que no sabía cómo procesar todavía.

Un martes a la noche Sebastián bajó al set donde Valeria terminaba su trabajo. No había pretexto — lo cual, en él, era una novedad absoluta. Siempre había pretexto. Esa noche simplemente bajó.

"¿Terminaste?" preguntó desde la entrada del set.

Valeria lo miró. Llevaba el carrito recogido, el saco colgado del brazo, lista para irse.

"Sí."

"¿Tomás algo antes de irte?"

Valeria lo miró un segundo más largo de lo habitual. Evaluó. Tenía miedo — lo sabía, lo reconocía, había aprendido a vivir con él. Pero había algo en la manera en que Sebastián preguntaba que no era los otros. No era el tono de quien busca algo. Era el tono de quien ya lo encontró y no sabe muy bien qué hacer con eso.

"Un café," dijo. "Solo un café."

"Solo un café," repitió él. Y en esas tres palabras había, simultáneamente, un acuerdo y una promesa y la conciencia de que un café a veces no es solo un café.

Hablaron hasta la una de la mañana en la pequeña salita de reuniones de la suite que Sebastián había mandado a preparar — sin fanfarria, con dos tazas de café y esa luz baja que hace que las conversaciones sean más honestas que de día.

Valeria habló de sus hijos. De Alma que iba a ser médica kinesióloga. De Mateo y sus ojos azules y su básquet. No habló de Franco — eso era demasiado — pero habló de su abuelo con esa mezcla de amor y duelo que tienen las personas que perdieron a alguien que era su estructura entera.

Sebastián escuchaba de esa manera que tenía — completa, sin interrupciones, sin el teléfono, sin la distracción de estar pensando en qué iba a decir después. Escuchaba de verdad. Y eso — eso que parecía tan simple y era tan raro — fue lo que terminó de romper algo que Valeria llevaba años manteniendo con fuerza de voluntad y miedo.

✦ Lo que ocurrió esa noche ✦

No fue planeado. Las cosas que importan raramente lo son.

Fue en el momento en que Sebastián, sin decir nada, extendió la mano y la puso sobre la de ella. Solo eso. La mano grande y quieta sobre la mano pequeña que había sostenido tanto. Y Valeria, que tenía todos los argumentos del mundo para retirarla, no lo hizo.

Porque ese contacto — esa mano que no pedía nada sino que simplemente estaba — era exactamente el tipo de abrazo que ella le había pedido a Dios en la oscuridad de su cuarto unas semanas atrás. El que protege sin apretar. El que sostiene porque puede.

Y Valeria, que tenía miedo del amor,

no tuvo miedo de eso.

Lo que siguió fue suave y honesto y pertenecía a los dos de una manera que ninguno podría haber explicado en términos racionales. Una noche que no se anunció ni se planeó ni se repitió al día siguiente con palabras. Una noche que existió en ese espacio donde las cosas son reales sin necesitar que nadie las nombre.

A las cuatro de la mañana Valeria recogió su saco. Sebastián no la detuvo. La miró desde el sillón con esa expresión que ella todavía no sabía leer del todo pero que guardó en algún lugar sin fecha de vencimiento.

"Valeria."

Se detuvo en la puerta.

"Gracias."

No respondió. Salió.

En el ascensor, bajando hacia la planta baja, apoyó la espalda en la pared de metal frío y cerró los ojos. No sabía qué había pasado. O sí sabía y no quería llamarlo por su nombre todavía. Porque ponerle nombre a las cosas las hacía reales, y lo real siempre había terminado doliéndole.

Por ahora era solo esa noche. Solo eso. Y eso, de momento, era suficiente.

Buenos Aires — La presentación de la canción

★ ★ ★

La canción

La presentación fue tres días antes de que terminara el rodaje. Jinho había convocado a todo el equipo, a representantes del canal porteño, a periodistas de entretenimiento que habían seguido el proyecto. El salón principal del hotel transformado: luces, pantallas, la energía de algo que está a punto de mostrarse por primera vez.

Valeria llegó sin saber exactamente por qué la habían convocado. Con su ropa de siempre — no tenía ropa de eventos, nunca la había necesitado. Se sentó en un costado, entre Soledad que había conseguido permiso para estar y Kenji que la había buscado personalmente para decirle que su presencia era necesaria.

El momento en que sonó

La voz de la cantante coreana que había grabado la canción llenó el salón con una precisión que hacía que las palabras llegaran de una manera diferente a como suenan en la cabeza cuando uno las escribe.

Las palabras de Valeria. Su canción. Ese texto escrito en la madrugada en la salita de maestranza con un café frío y el cuerpo cansado y algo que no sabía nombrar pero que había encontrado la manera de salir.

El silencio que siguió al final de la canción duró exactamente cuatro segundos. Luego empezaron los aplausos y no pararon.

Jinho buscó a Valeria con los ojos en la sala y cuando la encontró le hizo un gesto — ese gesto universal que significa: sos vos, levantate. Valeria no se levantó de inmediato. Soledad tuvo que darle un codazo.

Cuando se puso de pie, pequeña entre tanta gente, con su ropa de siempre y ese aroma que era solo suyo, recibió los aplausos de un salón lleno de gente que no la conocía pero que acababa de escuchar algo que venía de lo más honesto que ella tenía.

Sebastián, desde el fondo del salón, la miró. Y pensó que era exactamente como la había soñado. Solo que más real. Siempre más real que cualquier sueño.

El aeropuerto — Cuatro días después

★ ★ ★

Sebastián

El rodaje terminó un jueves. El equipo de Jinho empezó a empacar el viernes. Y el sábado a la mañana Sebastián recibió una llamada de Tokio que lo hizo salir de la suite con una expresión que Kenji, en seis años, no le había visto nunca: algo entre la urgencia y la confusión, como quien recibe información que no termina de encajar.

Su madre. Una supuesta enfermedad. El médico de familia que había llamado a las tres de la mañana hora japonesa con una urgencia que requería su presencia inmediata.

Sebastián conocía a su madre. Midori Rhys no se enfermaba — o si lo hacía, lo hacía en silencio y sin avisar a nadie. Una llamada del médico a las tres de la mañana no era el estilo de ninguno de los dos.

"Algo no cuadra," le dijo a Kenji mientras preparaba la valija con esa velocidad mecánica de quien ha viajado de urgencia demasiadas veces.

"¿Qué quiere decir?"

"Que mi madre no llama al médico a las tres de la mañana a menos que algo sea realmente grave. Y si algo fuera realmente grave, me llamaría ella."

Kenji esperó.

"Pero puede que me equivoque," dijo Sebastián. Y cerró la valija. Porque aunque algo no cuadrara, cuando se trata de la madre uno no se puede dar el lujo de equivocarse.

Lo que no pudo hacer antes de irse

No había tiempo para buscarla. No había tiempo para decirle lo que necesitaba decirle. Había una cosa que llevaba semanas postergando — el mensaje de Franco y Antonio, el encargo que dos muertos le habían dejado y que todavía no había cumplido porque no había encontrado el momento correcto y porque el momento correcto con Valeria era algo que requería más que tres minutos antes de un vuelo.

Le pidió a Kenji que le dejara una nota en el casillero del personal. Kenji la escribió de su puño y letra, sin preguntas:

"Valeria — necesito hablar con vos cuando vuelva.

No desaparezcas.

— S."

La nota llegó al casillero el sábado a la tarde. Valeria la leyó, la dobló, la guardó en el bolsillo del uniforme. Y no supo qué hacer con ella durante todo el turno.

Esa noche Soledad la llamó desde el pasillo.

"¿Todo bien?"

"Sí."

"Val. Que sí no es una respuesta."

Valeria miró la nota doblada en su bolsillo. "Se fue," dijo. "Se fue a su país."

Silencio de Soledad. Luego: "¿Y eso qué significa para vos?"

Valeria pensó en la noche de la suite. En la mano que había puesto sobre la de ella. En la manera en que había dicho gracias como si agradecerle fuera lo más serio que había hecho en mucho tiempo.

"No lo sé," dijo. Y era verdad. Pero debajo del no saber había algo que empezaba a parecerse, muy tímidamente y con mucho miedo, a algo que sí sabía.

Sebastián voló hacia Tokio sin saber que lo que lo esperaba no era la enfermedad de su madre sino una trampa armada con flores y buenos deseos y la determinación de Midori de que su hijo se casara antes de que el mundo siguiera girando sin él.

Valeria se quedó en Buenos Aires con una nota doblada en el bolsillo y algo nuevo instalado en algún lugar del pecho que todavía no le había dado permiso de estar ahí.

Los dos mundos, que habían estado tan cerca, volvían a separarse. Pero esta vez había algo entre ellos que no existía antes.

Una noche. Un nombre dicho dormido. Una canción. Y la promesa incumplida de una conversación que todavía no había ocurrido.

✦ ✦ ✦

Continuará en el Capítulo XVIII

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