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Cadenas De Terciopelo Y Sangre

Cadenas De Terciopelo Y Sangre

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Venganza
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Alan, el implacable heredero de un imperio financiero con raíces oscuras, no conoce la palabra "no". Su vida es un tablero de ajedrez donde cada pieza se mueve bajo su obsesivo control. Sin embargo, para consolidar su dominio total frente a las facciones rebeldes de la mafia, necesita una alianza que solo el apellido de Madelyn puede sellar.

​Madelyn, conocida en el bajo mundo como la "Princesa Letal", es la heredera del Grupo Moral. Ella no es una ficha que se pueda mover; es una tormenta que se niega a ser domada. Orgullosa, rebelde y con las manos manchadas de la pólvora de su pasado, acepta un matrimonio arreglado no por sumisión, sino por una sed insaciable de venganza contra quienes destruyeron a su rama familiar.
​En una mansión que se siente como una jaula de oro, estalla una guerra fría de voluntades. Alan busca poseerla y quebrantar su orgullo; Madelyn busca quemar el mundo de Alan desde adentro. Pero en el roce de sus pieles y el choque de sus egos, surge una tensión

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capitulo 4

​El aroma a café recién molido y cera para muebles de lujo inundaba el despacho de Alan Valerius, un espacio donde el desorden era una blasfemia. Alan estaba sentado tras su escritorio de cristal, con la mirada fija en el contrato de unión matrimonial que descansaba frente a él. Para cualquier otro hombre, aquel documento representaba el fin de su libertad; para él, era simplemente la adquisición del activo más valioso del mercado.

​No había rastro de duda en sus gestos. Con una pluma estilográfica de oro, Alan firmó su nombre con una caligrafía tan precisa que parecía impresa.

​—Es una transacción lógica —murmuró para sí mismo, cerrando la carpeta con un clic seco—. El Grupo Moral es el motor; yo soy el cerebro. El matrimonio es solo el pegamento legal.

​Para Alan, los sentimientos eran variables incontrolables que enturbiaban el juicio. No sentía alegría, pero sí una profunda satisfacción intelectual. Había movido su torre y su caballo, y el resultado era el control total. Se ajustó los gemelos de plata, comprobando que estuvieran perfectamente alineados, y se permitió un segundo de quietud. En su mente, Madelyn no era una mujer con voluntad propia, sino una leona que sería enjaulada en una estructura de diamantes.

​A tres kilómetros de allí, en la sede del Grupo Moral, el ambiente no era de calma analítica, sino de combustión inminente.

​Madelyn Moral estaba de pie frente al ventanal de su oficina, con la espalda tan rígida que parecía a punto de quebrarse. Su padre, Vincenzo, acababa de salir de la habitación tras soltar la "noticia" con la misma frialdad con la que se informa de una caída en la bolsa.

​«Te casarás con Alan Valerius en tres semanas. Está firmado. Es por la familia».

​Esas palabras resonaban en sus oídos como el pitido sordo que sigue a una explosión. Madelyn sintió un calor abrasador que subía desde su pecho hasta sus mejillas. No era rubor; era la sangre hirviendo de una heredera que había sido criada para mandar, no para ser entregada como tributo.

​—¿Por la familia? —susurró, y su voz salió como un siseo letal.

​Se giró hacia su escritorio, donde un jarrón de cristal de Murano con lirios blancos —un regalo de un socio que intentaba congraciarse con ella— lucía ofensivamente pacífico. Madelyn lo agarró con una mano y lo lanzó contra la puerta cerrada. El estallido del cristal contra la madera fue el único sonido que logró aplacar por un segundo el rugido en su cabeza.

​El orgullo de la "Princesa Letal" no era una fachada; era su columna vertebral. Había sangrado por ese apellido, había liderado misiones en la oscuridad y había demostrado ser más capaz que cualquier hombre en el consejo. Y ahora, su padre la reducía a una firma en un contrato de fusión.

​—Me ha vendido —dijo, y esta vez su voz se quebró ligeramente por la traición—. Me ha vendido al hombre que más desprecio.

​Caminó hacia su escritorio y vio la notificación oficial en su tableta. El logotipo de los Valerius brillaba en la pantalla. Alan. El hombre del orden asfixiante, el que la miraba como si fuera un problema matemático que necesitaba resolución. La sola idea de pertenecer a su mundo, de respirar su aire controlado, le producía una náusea física.

​Madelyn agarró una pesada figura de bronce —un jaguar en posición de ataque— y la estrelló contra la tableta, destrozando la pantalla en mil fragmentos electrónicos. Pero no fue suficiente.

​La rabia de Madelyn era expansiva. Se acercó a la estantería y comenzó a tirar los libros de leyes y registros de rutas, esparciendo las hojas por el suelo. Sus gestos eran erráticos, violentos, una danza de pura frustración. Se sentía como un animal acorralado en su propio reino.

​—Él cree que puede domarme —siseó, apoyando las palmas de las manos sobre el escritorio, respirando con dificultad. Sus nudillos estaban blancos por la presión—. Cree que voy a sentarme a su mesa y a sonreír para las cámaras mientras él absorbe mi legado.

​Se miró en el espejo de pared que aún quedaba intacto. Su trenza se había deshecho, algunos mechones de cabello oscuro caían sobre su rostro encendido y sus ojos brillaban con una promesa de violencia que habría hecho retroceder al guardia más veterano.

​En ese momento, su mente conectó con la carpeta roja que aún guardaba en su caja fuerte privada. La sospecha de que los Valerius estaban implicados en la muerte de su madre ya no era solo una herida abierta; era una herramienta.

​—Quieres una transacción, Alan —dijo Madelyn al espejo, y una sonrisa gélida y carente de humor curvó sus labios—. Pues vas a recibir la más cara de tu vida.

​El orgullo herido empezó a mutar en algo más peligroso: una resolución fría. Si la obligaban a entrar en la jaula de oro de los Valerius, entraría con los dientes afilados. No sería la esposa sumisa; sería el cáncer que devoraría su imperio desde el corazón.

​Madelyn se enderezó, se apartó el cabello del rostro con un gesto brusco y elegante, y comenzó a caminar sobre los cristales rotos de su oficina. Cada crujido bajo sus botas era un recordatorio de lo que estaba dispuesta a romper para recuperar su libertad.

​Vincenzo y Alan habían hecho su movimiento de apertura, creyendo que la reina era una pieza fácil de capturar. No entendían que una reina, cuando se siente traicionada, es capaz de quemar el tablero entero con tal de no ser movida por la mano de otro.

​La noticia del compromiso se filtraría en horas. El mundo vería una unión de poder. Madelyn, sin embargo, solo veía el inicio de su guerra personal. Recogió un encendedor de plata de la mesa, lo encendió y observó la llama por un instante antes de apagarlo.

​—Prepárate, Alan —susurró al aire viciado de su oficina—. Porque voy a convertir tu cristal en cenizas.

​El despacho de la Princesa Letal quedó en ruinas, un testamento silencioso de que el matrimonio no traería la paz, sino una tormenta que ningún contrato podría contener. Madelyn salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí, lista para enfrentar al mundo con la máscara de hierro que el deber exigía, pero con el corazón ardiendo en una rebelión irrevocable.

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Lobelia ❣️
espero que sepa jugar sus cartas 😃😘
Lobelia ❣️
si que lo va volver loco 👏🥰
Celina Espinoza
vamos bien 😍🙏
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