Connie Callahan, había guardado su virtud como tesoro para cuando llegara el día de entregársela como muestra de amor a Erick Bennett su novio, lo amaba se entregaría a él en el día de su cumpleaños, lo haría como un regalo. Pero lo que jamás esperaba fuera que lo encontraría con su hermana en pleno acto sexual. Su hermana lo había vuelto hacer todo lo que ella poseía su hermana lo quería para ella. Y lo peor que sus padres la apoyaban en todo y ella terminaba siendo castigada por lo que Brenda su hermana hacía.
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La realidad de la lógica
Kellen tenía en su despacho un altero de papeles que no tuvo tiempo de revisar en su oficina, pero tenía que mandarlos ya firmados, sin embargo no era posible sin revisar uno a uno.
— ¿Me permites ayudar? - la voz dulce de Conny lo hizo desviar la mirada hacia ella.
— Ve a descansar mi niña, yo me haré cargo. - besó su rostro.
— Es que te quiero conmigo. - coqueteó pasando a su lado, rosando su espalda con un dedo.
Kellen sonrió.
— Traviesa, - ¿que es lo que intentas? - la atrapó llevándola a sus brazos.
Nada amor. - contestó, es verdad quiero ayudarte, solo explícame, aprendo rápido.
Fue envano seguir negándose, admitió que fue de gran ayuda, y terminando en menos tiempo del que había pensado, además el espacio quedó totalmente ordenado.
Kellen contestó una llamada, mientras veía a su esposa salir de su visión. Conny había decidido ordenar su armario de una vez por todas, recordó que lo tenía hecho un desastre.
Mientras ella estaba sumergida en la ropa que colgaba y descolgaba, Kellen entró a ducharse saliendo en poco tiempo.
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Kellen salió con una toalla enredada, y con el torso descubierto, se secaba con otra toalla el pelo y no había visto que Conny lo observaba.
Era un espectáculo verlo.
¿Te gusta lo que ves? - le preguntó divertido.
Connie no iba a mentir. Pero su rostro la traicionó su tono rosado hizo que Kellen se carcajeara.
— ¿En qué estás pensando traviesa? - la jaló del brazo, en el movimiento se zafó la toalla quedando como Dios lo trajo al mundo.
Conny inconsciente se tapó los ojos, haciendo de nuevo carcajear a su esposo.
— Ya es tarde para asustarte - ¿no crees? - le susurró en la oreja, - me has visto la polla más veces que las que yo lo he hecho.
— Pero fueron en otras circunstancias. - se atragantó con su saliva.
Entonces deberías explicarme. - sonrió levantándola para llevarla hasta la cama.
Su excusa de explicación no le valió de nada. Las manos de su esposo eran rápidas, en tiempo récord la desnudó, repartiendo mordidas por su cuello.
Kellen podía sentir como esa dulzura de su piel se deslizaba por sus labios. Era una fuerza irresistible, una atracción feroz que lo consumía.
Mientras la sostenía de la cintura, con sus labios apenas rozando los de ella, comprendió que esa dulzura peligrosa fue su perdición desde el día que la miró.
— No sabía cuánto te deseo, mi niña. - musitó el haciéndola sonreír al mismo tiempo que desearlo.
— Una verdad que no debes olvidar, eres mi todo, lo más valioso que tengo.
Empezó a comerse sus senos tan ansioso que no quiso alejarse de ninguna manera, al mismo tiempo bajo una mano tocando ese botón que lo hacía delirar.
Sus dedos se movían en su centro en donde ella los sintió ingresar en su interior, tan decidido a tocar cada centímetro que era suyo, que se perdería sin pensar.
Connie arqueó la espalda extendiéndose en el momento que correrse sobre sus dedos del mafioso fue algo imposible de evitar. Los dedos se movían sobre su canal aumentando cada oleada qué solo la tensó más.
Conny sentía perderse de la realidad y no importó. Sentir esa explosión tan fuerte la hizo apretar las piernas sosteniendo con ellas la mano enorme y los dedos que no dejaban de moverse.
El retrocedió un poco para ir por su boca, mientras presionaba el glande en la abertura qué lo recibió.
Y creí que no podías conmigo, belleza.
Le separó las piernas para ver la imagen de su polla deslizarse dentro y fuera de la entrepierna, que desbordaba esas sensaciones que lograban mejorar acceso.
Con su pulgar acariciaba y pellizcaba los senos, mientras le sostenía la cadera, saliendo del todo y entrando con un golpe fuerte que Conny casi sintió romperse por dentro. El hombre no se detuvo cuando su nombre fue jadeado por chiquilla que lo atrajo fuerte hacia ella.
El disfrutaba de la visión y lo bien que se veía con tantas pulgadas abriéndose paso entre esas paredes, que lo apretaban y tenían al borde de la locura. Y ella buscar más.
Sus labios solo aumentaron más los espasmos que la cubrieron, esas manos tan grandes la sujetaban, el solo se prendió de su boca como si todo lo que quisiera de la vida fuera eso.
Sus ojos se abrieron, permitiendo que pudiera ver ese rostro esculpido y la mirada imponente que siempre la desarmaba.
La cicatriz en su ceja derecha solo sumaban más atractivo a ese hombre que le comía la boca y le sumergía su longitud con ferocidad.
Su mirada la sumergía en ese sitio tan alejado de su realidad, le mostraba un lado con la sensación de una mezcla entre una brisa suave y el más arrebatador vendaval. Su estómago se encogió cuando sintió esa corriente surgir sin medida.
Sus piernas lo rodearon.
— Cada deseo tuyo debe girar en torno a mí. - suprimió su jadeo, encegueces mis ganas mi amor. Estás ganas de ti de siempre tenerte así solo mía.
Se hundió hasta el fondo querdandose en ese sitio sin moverse para dejarla sentir las sacudidas de su miembro que se vació para llenar su interior, que se negó abandonar.
Ella era todo lo que necesitaba, y le encantaba. Un fuerte olor y sabor a ella impregnaba el ambiente.
Los gruesos brazos la tenían aprisionada, de nada le sirvió querer serenar su mente cuando este la puso en el suelo, contra la mesa, enterrando su longitud desde esa posición.
Prácticamente ella tenía los pies en el aire por la diferencia de alturas, sin embargo a este no se le hizo difícil pese a tener sus piernas colgando, cargando su peso con mucha facilidad sin dejar de soltar las estocada salvajes que le nublaron el juicio.
Ambos perdidos en los labios, las manos y en complacer esas deliciosas fantasías. Kellen se rindió ante la locura, dejando de lado la lógica o la realidad que debía volver. Pero ser preso de un sonido nuevo como lo eran los gimoteos de Connie lo hizo olvidarse de todo.
Si ella era su perdición, la aceptaría sin rechistar, no podía evitar pensar, que por un idiota y un error de su sobrino él ahora era su dueño y él le pertenecía a ella.
En la tarde después del trabajo trataré de subirles otro. :)
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