¿Qué pasa cuando solo quieres dormir, pero el universo te convierte en la villana más temida del imperio?
Tras morir por exceso de trabajo en su vida pasada sin haber tenido jamás unas vacaciones, nuestra protagonista despierta en un mundo de fantasía. ¿Su reacción? ¡Por fin el descanso eterno! No me importa dónde estoy ni conozco a nadie, solo sé que no pienso mover un dedo. Su plan es perfecto: ser una vaga profesional y recuperar todos sus años de sueño acumulado.
El pequeño problema es que ha reencarnado en el cuerpo de la Duquesa Cassandra, la villana más fría y despiadada del reino, famosa por su mirada sombría (que en realidad es solo cara de sueño) y su temible poder militar.
NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: El dilema del pasillo y la realidad del engaño
La noche había caído sobre la mansión, pero la paz estaba lejos de recuperarse. Después del desastre de la cena y el filete volador, el Príncipe Jarek andaba dando vueltas por los pasillos como un león enjaulado. Sus botas resonaban con furia contra el suelo de madera mientras murmuraba maldiciones; estaba desesperado por engancharnos a Gideon y a mí en alguna mentira, buscando cualquier descuido que sirviera de evidencia para acusarnos de alta traición ante el Rey.
Ajena al drama real y fiel a mi filosofía de vida, yo salí de mi habitación en plena madrugada vistiendo mi cómodo pijama de seda violeta, con las pantuflas arrastrándose sin ningún tipo de glamour, impulsada únicamente por la necesidad mística de buscar un vaso de agua en la cocina.
A mitad del pasillo principal, una sombra alta y conocida me cortó el paso. Era Gideon. Se había quitado la armadura ligera y vestía una camisa negra suelta, con los primeros botones desabrochados y el cabello ligeramente revuelto por el insomnio.
—¿Tampoco podés dormir, duque? ¿Te quedaste pensando en el avioncito de carne? —le susurré con una sonrisa pícara, recuperando el filtro de la provocación en un segundo.
Gideon amagó con contestar, pero de repente, el eco nítido de unos pasos furiosos y el tintineo de una capa real resonaron al doblar la esquina del pasillo. Jarek venía directo hacia nuestra posición. Si nos encontraba ahí parados, hablando de forma distante y vestidos de entrecasa, la mentira del romance apasionado que habíamos montado se iría directo al tacho, dándole al príncipe la excusa perfecta para descubrir el engaño.
Antes de que pudiera emitir una sola queja burocrática, Gideon reaccionó con la velocidad de un estratega militar. Me tomó firmemente del brazo, abrió la puerta de madera más cercana y me arrastró con él hacia el interior, cerrando el cerrojo con un clic casi inaudible justo en el momento en que la sombra de Jarek pasaba por afuera.
Estábamos metidos en un armario de suministros. Una habitación ridículamente pequeña, a oscuras, rodeada de sábanas limpias, estantes con velas de repuesto y frascos de perfume ambiental.
El espacio era tan reducido que la comedia y los chistes se apagaron en un milisegundo. Estábamos pegados, sintiendo la respiración agitada del otro y el calor embriagador que emanaba de nuestros cuerpos. El perfume a madera de Gideon llenaba el aire encerrado, volviéndolo denso, pesado y peligrosamente íntimo.
Traté de acomodarme el pijama para romper el hielo y soltar algún comentario desvergonzado, pero esta vez, el cazador no me dio ventaja.
Gideon dio un paso hacia adelante, acorralándome contra la pared de madera del armario pero esta vez en serio, sin el apuro del pasillo del palacio ni el público de la boutique. Apoyó ambas manos a los costados de mi cabeza, inclinándose hasta que sus ojos azules, brillantes incluso en la penumbra, se clavaron fijos en los míos.
—Te lo advertí, Cassandra... —susurró con una voz jodidamente ronca, tan baja que me vibró directo en el pecho—. Te dije que jugar a esto iba a ser peligroso y que las líneas se iban a volver difusas.
Su rostro quedó a escasos centímetros del mío, tanto que podía sentir el roce sutil de su aliento cálido en mis labios.
—Ya no sé si estoy actuando —confesó, y la honestidad brutal de sus palabras me dio un vuelco absoluto en el estómago—. Ya no me importa el príncipe, ni la corte, ni el Ejército de las Sombras. Cuando te tengo así de cerca, solo puedo pensar en el probador de ayer. Y tengo unas ganas locas de repetirlo.
Me quedé muda. Completamente estática, con la boca entreabierta y con el corazón latiéndome a mil por hora por segunda vez en mi vida. El chip de empleada experimentada y los códigos de oficina se me borraron del mapa; el cortocircuito mental fue tan masivo que ni siquiera mi magia pasiva atinó a reaccionar.
El duque me miró fijamente, saboreando su victoria absoluta al notar que me había dejado completamente desarmada y colorada como un tomate en la oscuridad. El cazador finalmente había aprendido mis tácticas de seducción, y las estaba aplicando con una precisión militar letal.
Afuera, los pasos de Jarek se alejaron lentamente hacia el ala este, pero ahí adentro, el verdadero peligro recién estaba empezando.
.
.
.
Hola lectoras. Aclaró algo por si no se dieron cuenta es que la novela es en la época donde ya habían las primeras cámaras, los primeros autos..
Bueno eso es lo que tengo en la cabeza.