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¿Hay Un Lobo Entre Nosotros?

¿Hay Un Lobo Entre Nosotros?

Status: En proceso
Genre:Escuela / Amor prohibido / Fantasía épica
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Mar de cristal

La escuela está en pánico, en el pueblo pasan cosas extrañas, los padres ya no dejan salir a sus hijos, algunos murmuran sobre un animal raro, ¿un perro grande, o algo más?, nadie se atreve a decirlo en voz alta.

NovelToon tiene autorización de Mar de cristal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La caída de Valeria

Jonathan tiene el hocico en alto, las orejas tiesas. El agua del arroyo les gotea del pelaje y ni eso se atreve a sonar. Por un segundo, ni el viento respira.

Y entonces.

Un silbido.

Corto, limpio, quirúrgico, como si alguien hubiera cortado el aire con un bisturí.

Valeria está a mitad del salto. Blanca, perfecta, con las patas delanteras estiradas hacia la otra orilla. Por un segundo más, sigue siendo un fantasma entre los árboles.

El dardo le besa el cuello.

No hay grito ni gemido. Solo el sonido seco de algo que entra donde no debe, y el chasquido húmedo de su cuerpo perdiendo el ritmo.

Cae....

Golpea el agua del arroyo con un ruido demasiado fuerte, demasiado humano para algo que hace dos segundos corría como un dios. El agua salpica, fría, y se la traga hasta la mitad. La corriente la arrastra un metro más de la manada y su pelaje blanco se tiñe de barro.

Por un segundo, nadie se mueve. Ni Jonathan, ni Eitan, ni Cool. El bosque entero contiene el aliento.

Del otro lado del arroyo, algo metálico hace click.

El olor del dardo le quema la nariz a Zack, y le revuelve el estómago. No es sangre vieja. Es laboratorio, es jaula, es hombre.

Y Valeria no se levanta.

Su cabeza queda ladeada en el agua, los ojos ámbar abiertos, desenfocados. El agua le lame el hocico y ella no gruñe, no se sacude, no respira como debería.

Zack se gira. Todo él, ciento ochenta grados en el aire, las patas clavando surcos en la tierra húmeda. El gruñido le sube desde el estómago, le parte las costillas, le incendia la garganta.

Es furia pura, cruda, sin palabras.

Va a saltar. Va a cruzar el arroyo aunque le metan diez dardos. Va a arrancarle la garganta a lo que sea que esté del otro lado, porque Valeria lo miró antes de caer. Lo miró y no dijo “ayuda”. Dijo “corre” con los ojos. Y él no corrió.

No llega a tocar el agua.

Una pared de pelo gris y cicatrices se le cruza en frente. Es Jonathan, no gruñe. No enseña los dientes. Solo planta las cuatro patas y baja la cabeza, y el mensaje es más viejo que cualquier palabra.

Si paras, morimos todos.

Zack choca contra él. Hocico contra hocico. Por un segundo, padre e hijo se miden, y el bosque entiende que hay dos alfas en el claro. Uno viejo, con el lomo lleno de historias, y uno nuevo, con la rabia de quien acaba de perder algo.

Zack le lanza el mordisco. No para herirlo, para apartarlo, para llegar a ella.

Jonathan no se mueve. Recibe el amago y le devuelve un golpe bajo con el hombro, tirándolo de costado contra el barro. No es una pelea. Es una orden.

Del otro lado del arroyo, las ramas se abren.

Zack no ve al cazador. Huele la pólvora fría, el aceite de un arma recién cargada, y algo más.

El aullido se le muere en la garganta y se vuelve otra cosa. Un quejido roto.

Jonathan lo agarra del cogote con los dientes. No para dañarlo, para arrastrarlo. Y cuando tira, Zack no tiene fuerza de lobo nuevo para oponerse a cincuenta años de cicatrices.

Corre, porque Jonathan tira. Porque los demás ya arrancaron. Porque el click del otro lado del arroyo se vuelve dos, tres, cuatro y hasta cinco.

Corre con la cabeza girada, hasta que los árboles tapan el blanco del pelaje de Valeria en el agua.

Y lo último que escucha antes de que el bosque se cierre, no es un disparo.

Es una risa, baja, humana. Satisfecha.

La manada se rompe en pedazos pero sigue moviéndose. Eitan va primero, porque el miedo lo hace rápido. No mira atrás. No pregunta. Solo huye, negro contra la noche, con la cola entre las patas. Diego y Cool van pegados, chocándose los hombros, respirando como si el aire fuera vidrio molido.

Zack va último. Porque aunque las patas se le mueven, la cabeza no.

Cada dos zancadas gira el hocico. Busca el blanco, busca el arroyo, busca el olor químico que se va diluyendo entre pinos y tierra mojada.

Jonathan marca el ritmo. No va rápido. Va parejo. Como si tuviera cincuenta años menos y cincuenta muertes más en el lomo. No jadea. No se cansa. Solo corre, y cada tanto gira la cabeza y le clava los ojos amarillos a Zack.

___ Sigue, no parés y no pienses.

Pero Zack piensa.

Un tronco caído a la vista. Eitan lo salta sin drama. Diego lo roza. Cool lo pisa mal y se va de hocico, rodando, gimiendo por un segundo, frena.

Jonathan ni se inmuta, sigue. Eitan también.

Es Zack quien frena.

Se gira completo, las patas clavadas, el pecho subiendo y bajando como un fuelle roto. Un gruñido le nace en el pecho. No es a Jonathan. Es al bosque. Es a él mismo. Es a la orden de los cinco que ahora son cuatro.

Cool se levanta y cojea. Mira a Zack. Mira a Jonathan. Mira el camino que hicieron y el que falta. Y toma una decisión que le cuesta: sigue a Jonathan. Porque el miedo a morir es más grande que la culpa de dejar a una compañera.

Zack se queda solo en el claro un segundo. Un segundo que dura años.

El olor de Valeria ya no está. Se lo llevó el viento, se lo llevó el agua, se lo llevó el cazador.

El aullido le sube otra vez. Este no es de rabia. Es de cachorro. Es de chico humano metido en un cuerpo de lobo que no pidió. Es de alguien que entiende, por primera vez, que ser fuerte no significa salvar a todos.

Jonathan aúlla, una sola vez. Grave, sin pena.

Zack arranca.

No porque quiera. Porque si se queda, se muere. Y si se muere, nadie vuelve por ella.

Corre. Las patas le queman, el pecho le arde, la garganta le sabe a barro y a sangre propia de tanto morderse la lengua.

La manada se cierra adelante. Jonathan al frente, Eitan, Diego, Cool. Y él, el gris más grande, el de ojos ámbar, cerrando la fila que ahora cojea.

Corren hasta que el bosque deja de ser bosque y se vuelve túnel, y la luna se vuelve un ojo blanco que los juzga desde arriba.

Y cuando por fin Jonathan frena, horas después, en una cueva que huele a musgo y a viejo, nadie habla. Nadie se queja. Nadie se lame las heridas.

Porque la herida no está en la carne.

Zack se tira en el rincón más oscuro, lejos de su padre, y entierra el hocico entre las patas y de repente todo es oscuro.

1
Isabel
Caroline ya es besada por los dos, habrá batallas 😂👏
Isabel
el corazón no elige a quien amar Angi
Isabel
uuufffff 🔥🔥🔥🔥🔥 intenso
Isabel
buenísimo 🤭
Isabel
cinco contra uno* cobardes.
Isabel
👌👌👌👌👌
Isabel
opaaaa 🔥🔥
Mary Ney
zack espero la marque como tuya ☺️
Martha Divas Delgado
k deje k se la coma luke
Martha Divas Delgado
hayyy k niña tan berrinchuda pobre zack
Isabel
oohhhh eso si no me lo esperaba, Luke y Zack son hermanos? Vaya.
Mary Ney
Excelente libro recomendado algo diferente buena trama
Mar de cristal: 🥰/Rose//Rose//Rose//Heart/
total 1 replies
Mary Ney
Que bueno que regreso Carolina tiene a los dos hermanos 🤭☺️
Aracelis Durango
Bueno no entiendo mucho solo que están huyendo de un humano que no es humano porque correr ala velocidad de un lobo es otro lobo ó vampiro 🤔🤔🤔🤔🤔🤷🤷🤷
Isabel
Buen capitulo, espero el siguiente.
Isabel
😨😨😨😨/Sob//Sob//Sob//Sob/
Isabel
El único valiente es Zack 👌
Isabel
Era obvio que el padre no lo dejaría arriesgarse
Isabel
Difícil decisión pero tiene que correr o dejarse atrapar y saber quien es el cazador 🔥
Isabel
uy pobre valeria, la atraparon 😨
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