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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Al escuchar sus palabras guarde silencio invadida por la rabia, queriendo negar una verdad a voces.

—¿Yo? —Sin titubear acercándome, con la furia dándome fuerzas. —He cumplido con cada letra pequeña de este pacto con el diablo, aun dejando mi orgullo de lado. — He sonreído, mentido y hasta permitido que me toques frente a todos. ¿Qué más quieres de mí?

Él se giró bruscamente, golpeando el vaso de whisky aún en su mano contra la barra; sus ojos azules ardían con una intensidad que me hizo retroceder un paso.

—¡Quiero que dejes de observarme como si yo fuera el enemigo! —Dijo en un susurro ronco. —En esa mansión llena de serpientes, yo era el único que no quería destruirte; pero sigues tratándome como si fuera otra cadena en tu cuello. —Si vamos a sobrevivir diez años bajo el mismo techo, vas a tener que aprender a distinguir entre quien te ata y quien te sostiene para que no te hundas.

—¡Tú me ataste a este teatro, a este circo Ragnar! —Le recordé, con mi voz temblando llena de impotencia. —¡No finjas que esto es solo tu maldita obra de caridad del año!

—¡Te di una opción! —Replicó viéndome fijamente a los ojos.  —Dejando el vaso para caminar lentamente.

— Podrías haber dejado que tu padre te vendiera a cualquiera, pero elegiste este camino, un infierno junto a mí; así que asume también tú responsabilidad y deja de culparme por haberte dado la única salida que tenías.

El silencio que siguió era asfixiante como el sol abrasador del desierto, pero nos quedamos allí, en medio de la inmensa sala, como dos sobrevivientes de un naufragio que se odian. Sin embargo, por primera vez, me di cuenta de que Ragnar no solo estaba huyendo de su padre; sino de algo mucho más profundo, que intentaba ocultar detrás de sus millones y su arrogancia.

—Mañana tengo cirugía temprano —Dije, tratando de recuperar mi compostura. —No esperes que aparezca en ninguna reunión social durante el resto de la semana.

—¡Cómo quieras, Doctora Eisen!, recuperando su tono gélido y profesional.

Subí las escaleras sosteniendo el aire en mis pulmones, llegando a mi ala; sintiendo el roce de la seda como si fuera una lija sobre mi piel, en la habitación, me apoyé contra la puerta, dejando salir el aire en un sollozo ahogado que no me permití soltar frente a él. —Me quité el vestido y lo dejé caer en el suelo, para mí solo era una mancha perla sobre la alfombra oscura. El intentar dormir se convirtió en una utopía; esperé que Morfeo se dignara a visitarme, pero el sueño era un extraño que no planeaba llegar pronto. —En la oscuridad, mis labios todavía sentían el rastro de los suyos, aunque lo quisiera negar a voces.

—Estoy segura que eso no fue solo una actuación, porque si lo fuera, él ganaría todos los premios Oscar al mejor actor; pero entonces, ¿por qué mi corazón latía así y mi lógica no lo hacía entrar en razón?

La oscuridad de mi cuarto en esta fastidiosa pecera parecía cobrar vida, moviéndose al ritmo de mi respiración todavía agitada de solo recordar el roce con sus labios. Cubrí mi cabeza con la almohada, pero mi mente se negaba a darme un leve intervalo; Ragnar tenía razón en algo: la guerra apenas comenzaba; sin embargo, estaba equivocado en lo más importante, yo no era una niña, ni una grieta en su armadura, que iba a permitir que mi padre siguiera utilizándome a su antojo.

El despertador sonó a las cinco de la mañana, sentí que cada uno de mis huesos pesaba como si estuviesen hechos de cemento; le resté importancia y simplemente me preparé para ir al hospital con una precisión mecánica, buscando el refugio de mi bata blanca, allí no era la "prometida perfecta de Ragnar Graf"; sino la Jefa de Oncología.

Al llegar, la atmósfera era un campo de minas; los periódicos en la cafetería y en las salas de espera mostraban una foto nuestra en portada bajo el titular: "La Unión que Sanará al Mundo: Eisen y Graf sellan su destino". Sentí las miradas de los internos, el cuchicheo de las enfermeras y la curiosidad casi obscena de mis colegas clavándose en mi espalda mientras caminaba hacia la oficina. Todo esto era tan risible como si, de la noche a la mañana, mis años de investigación o de especialización y mis manos expertas hubieran sido eclipsados por el anillo de compromiso que ahora estaba colocado en mi dedo.

Intenté sumergirme en el trabajo para no llorar de la frustración. Tenía una cirugía compleja programada para las ocho de la mañana, que tenía una duración aproximada de cuatro horas, era una resección de un sarcoma retroperitoneal en un paciente joven. Durante cuatro horas, el mundo exterior dejaría de existir, ya que, bajo las luces blancas del quirófano, rodeada del sonido de los monitores y el olor a antiséptico, yo no era la mujer de nadie; solamente la doctora Ayla Eisen y en ese espacio, yo tenía el control absoluto.

Al salir de cirugía, todavía con el gorro puesto y el cansancio evidente marcando mis profundas ojeras, me encontré con mi secretaria, Elena, que parecía estar al borde de una crisis nerviosa en el pasillo.

—Doctora Eisen, qué bueno que salió —Dijo, escoltándome hacia mi consultorio privado con pasos apresurados. —Hay alguien esperándola, no tiene cita agendada, pero no acepta un "no" por respuesta y nadie en este hospital se atrevió a sacarlo.

Al escuchar sus palabras arquee una de mis cejas, con un poco de molestia. Masajeando suavemente mi cien

—Elena, sabes perfectamente que no atiendo a nadie sin cita previa y mucho menos después de una cirugía de cuatro horas. —Respondí, abriendo la puerta de mi despacho con un suspiro de agotamiento. —Solo dile que se marche o que pida espacio para el próximo mes.

Al voltear la mirada, se encontraba sentado en uno de los sillones de cuero frente a mi escritorio, con una postura de absoluta soberanía, un hombre que parecía haber sido esculpido en bronce que emanaba autoridad. Llevaba un traje de sastre en color claro que resaltaba su piel morena y unos ojos tan verdes y profundos como las esmeraldas; él no solamente era atractivo; tenía esa aura de poder antiguo que hace que el aire en la habitación se vuelva más pesado. No obstante, al verme entrar, se puso de pie con una elegancia felina, casi depredadora.

—Doctora Eisen. He cruzado medio mundo para encontrarme con la mujer que está desafiando los límites de la oncología moderna —Dijo, con su voz de barítono profundo con un acento extranjero marcado, elegante y fluido. —Soy Malik Al-Zahrani. Me disculpo por no seguir los lineamientos que usted estableció que siguiera su secretaria.

—Señor Al-Zahrani, mis servicios en este hospital son exclusivamente para casos derivados y protocolos de investigación; no hago consultas privadas de pasillo. —Empecé a decir, tratando de recuperar mi autoridad mientras me quitaba el tapabocas.

Él no se inmutó ni un poquito, al contrario, se acercó un paso, invadiendo mi espacio personal, ese que yo guardo con tanto recelo. Su perfume, era una mezcla de sándalo y especias deliciosas que llenó mis pulmones.

—Sé exactamente quién es usted, Ayla, me di a la tarea de investigarla, sé que su tiempo vale más que el oro de mi familia. —Sacó una carpeta de piel de su maletín.

—Mi hermano menor tiene un diagnóstico que sus colegas de Londres y Zúrich han dado por perdido; pero he leído sus estudios sobre la mutación de células madre financiado por “Ares Tech”, yo no busco a la "esposa de Ragnar Graf", esa figura decorativa de los periódicos, sino a la única cirujana que posee la mente capaz de operar a mi hermano.

Sus palabras fueron un bálsamo inesperado para mi orgullo herido, él veía mi intelecto. Cuando estaba a punto de responder tocaron a la puerta de mi consultorio, pero esta se abrió de golpe, golpeando la pared con una violencia innecesaria.

1
Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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