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Hielo Y Alquitrán

Hielo Y Alquitrán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Zen, el gélido estratega Grimhand, y Hendrik, el indomable lobo De Vries, desafiaron la biología y el poder corporativo. Tras huir, fundaron un imperio. Su amor prohibido, transformó la guerra en una dinastía inquebrantable.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Incendio

La Academia para Herederos no era una escuela; era un criadero de tiburones. Sus pasillos de piedra fría y techos altos estaban diseñados para que los jóvenes Alfas aprendieran que el mundo no se ganaba con amabilidad, sino con una sonrisa educada mientras le cortabas el cuello financiero a tu oponente.

Eran las tres de la mañana. Zen Grimhand, a sus dieciséis años, caminaba por el pasillo de los dormitorios con la elegancia de un fantasma. Llevaba una camiseta gris de algodón y unos pantalones deportivos, pero incluso así, su porte era impecable. El insomnio era su única compañía constante. Su mente, siempre trabajando tres pasos por delante de los demás, no le permitía apagarse.

—Solo un poco más —susurró para sí mismo—. Camina hasta que las piernas te pesen.

Al doblar la esquina del ala oeste, un sonido rompió el silencio del internado. Risas. Voces graves y descuidadas que subían de tono. Zen se detuvo frente a la habitación 285. No era la habitación de Hendrik De Vries, pero reconoció esa carcajada al instante. Era una risa ronca, vibrante, que siempre lograba irritarlo bajo la piel.

—¡Bebe otra ronda, tonto! ¡No seas un Omega cobarde! —gritó la voz de Hendrik.

Zen arrugó la nariz. El olor a alcohol de contrabando, un whisky barato y fuerte, se filtraba por debajo de la puerta junto con el aroma denso de cuatro Alfas adolescentes en plena efervescencia. Era una reunión clandestina, una violación directa de las reglas del instituto que podría costarles la expulsión.

—Tontos —murmuró Zen, negando con la cabeza—. Juegan a ser hombres y solo son cachorros haciendo ruido.

No le interesaba delatarlos. No era un soplón, simplemente los despreciaba. Siguió de largo, sus pasos silenciosos sobre la alfombra roja, dirigiéndose hacia el gimnasio del sótano. Sabía que los guardias de turno no dirían nada; ya los tenía comprados con botellas de vino caro que robaba de la bodega de su padre durante las vacaciones.

Lo que Zen no sabía era que, en el momento exacto en que se detuvo frente a esa puerta, su aroma a enebro joven —fresco y gélido— se había colado por la rendija.

Dentro de la habitación, Hendrik De Vries dejó de reír en seco. Su vaso de whisky se quedó a medio camino de sus labios. Su rostro, que hace un segundo irradiaba diversión, se volvió sombrío, casi depredador.

—¿Hendrik? ¿Qué pasa? —preguntó uno de sus amigos, confundido por el cambio repentino de atmósfera.

Hendrik no respondió. Se puso de pie con una agilidad que asustó a los presentes y salió de la habitación sin decir una palabra, dejando a sus compañeros en un silencio incómodo. Hendrik no necesitaba ver quién había pasado; su instinto Alfa, que a los dieciocho años ya era una bestia despierta, le gritaba que él estaba cerca.

En el gimnasio, la luz era tenue. Zen se había vendado las manos con rapidez. Lo suyo era el esgrima —el arte de la precisión y la distancia—, pero esa noche necesitaba algo más bruto. Se paró frente al saco de boxeo pesado y comenzó a golpear.

Pum. Pum. Pum.

El sonido de sus puños chocando contra el cuero resonaba en la sala vacía. Zen sudaba. Una gota corrió por su sien, bajando por su cuello hasta perderse en su camiseta. Su respiración se volvió pesada, rítmica. Estaba concentrado en vaciar su mente, en olvidar que en unos meses Hendrik se graduaría y él se quedaría solo en ese nido de víboras.

Hendrik llegó a la puerta del gimnasio y se quedó allí, oculto en las sombras. Ver a Zen así, despeinado, con la piel brillante por el sudor y los nudillos rojos, le provocó un escalofrío que no pudo controlar. Se sintió idiotizado, como si un hilo invisible lo arrastrara hacia el rubio.

Zen se detuvo un segundo para recuperar el aire, apoyando la frente contra el saco. En ese instante de debilidad, Hendrik se movió.

No hizo ruido. Se colocó justo detrás de Zen. El calor que emanaba el cuerpo de Hendrik fue la primera señal de alerta. Zen se tensó, pero antes de que pudiera girarse o soltar un golpe, Hendrik lo rodeó con sus brazos masivos.

—¡Ah! ¡Suéltame! —gritó Zen, asustado, tratando de forcejear.

—Cállate, Grimhand —gruñó Hendrik al oído de Zen. Su voz vibraba con una intensidad que Zen nunca había escuchado.

Hendrik no le dio oportunidad de luchar. Usando su mayor peso y estatura, arrastró a Zen hacia el ring de boxeo que estaba en el centro de la sala. Lo empujó contra las cuerdas elásticas, que cedieron bajo el peso de ambos. Zen se sintió atrapado, acorralado entre el cuerpo de Hendrik y el abismo del ring.

—¿Qué crees que haces, De Vries? Estás borracho, vete a tu...

Hendrik no lo dejó terminar. Se lanzó sobre sus labios.

Fue un choque violento, torpe y cargado de una electricidad que ninguno de los dos comprendía. Hendrik era inexperto, impulsado solo por un deseo ciego de marcar, de poseer. En su urgencia, sus dientes chocaron contra el labio inferior de Zen, mordiéndolo sin querer.

—¡Mmgh! —Zen soltó un quejido, sintiendo el sabor metálico de la sangre llenando su boca.

El dolor debería haberlo hecho reaccionar, debería haberlo hecho pelear, pero ocurrió algo extraño. El aroma de Hendrik —ese abedul ahumado que empezaba a volverse denso— envolvió a Zen por completo. Por primera vez en su vida, el joven Grimhand sintió que su control de hielo se derretía. El miedo se transformó en una curiosidad ardiente.

Zen dejó de forcejear. Sus manos, que antes empujaban el pecho de Hendrik, se cerraron sobre la camiseta del Alfa mayor. Abrió la boca, permitiendo que el beso se profundizara, dejando que Hendrik explorara su cavidad bucal con una desesperación que parecía que se le iba la vida en ello.

Estuvieron así durante lo que parecieron horas, solos en un ring sucio, rodeados de sombras y el olor al sudor de Zen y al whisky de Hendrik. Hendrik se sentía el dueño absoluto del mundo. Tenía a Zen Grimhand, el chico de hielo, deshaciéndose en sus brazos.

—Eres mío —murmuró Hendrik entre besos, su voz sonando como un reclamo posesivo que su Alfa exigía—. Siempre has sido mío, Zen.

Esa palabra, "mío", fue lo que rompió el hechizo.

Zen abrió los ojos. La realidad lo golpeó como un balde de agua fría. Eran dos Alfas. Herederos de familias enemigas. La biología decía que esto era imposible, que Hendrik solo quería dominarlo por orgullo.

Reuniendo toda su fuerza, Zen apoyó las palmas en los hombros de Hendrik y lo empujó. Aprovechando que Hendrik estaba con la guardia baja por el placer, Zen le propinó un golpe seco en el estómago que hizo que el Alfa mayor se doblara un poco, perdiendo el aire.

—¡No me vuelvas a tocar! —gritó Zen, con los labios hinchados y ensangrentados, y los ojos brillantes de una furia que ocultaba su confusión.

—Zen, espera... —intentó decir Hendrik, recuperando el aliento, estirando una mano hacia él.

Pero Zen ya estaba corriendo. Salió del gimnasio a toda velocidad, atravesando los pasillos oscuros hasta llegar a su habitación. Cerró la puerta con llave y se dejó caer contra la madera, deslizándose hasta el suelo. Se tocó los labios, sintiendo el sabor de Hendrik todavía en ellos.

—Es un animal... es un estúpido animal —susurró Zen, aunque su corazón latía tan fuerte que sentía que le iba a romper las costillas.

En el gimnasio, Hendrik se quedó solo, mirando el lugar donde Zen había estado. Se lamió un rastro de sangre de Zen que había quedado en su propio labio y sonrió de una forma sombría. No importaba que hubiera huido. Ahora sabía que Zen podía arder, y él iba a ser el incendio que lo consumiera.

Fin del Flashback.

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(@®|t0💖💖😁
jajajaja... no chingues mijo deja tu los cayos nuevos.... te lo vas a terminar arrancando con tanta jaladera..... 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
(@®|t0💖💖😁
Algo así me esperaba.... un grandioso enigma o un precioso Delta..... algo más allá del alfa dominante...🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗 ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAA...
!!!
(@®|t0💖💖😁
santas margaritas.... hasta a mí se me.bajo la presión .... casi me muero del susto junto con el Hendrick...... 😩😩😩😩😩
(@®|t0💖💖😁
"pequeña aberración" sigue cosita.... lucha por tu vida.... todos te queremos y esperamos desde el CAP 1.... y eso que no sabíamos que ibas a existir..... los viejos horrorosos que se mueran de un infarto del puritito coraje.... total ni falta que hacen.... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
soooooopas ya nos los preño .... hay caray como que se le cumple al Joel que le sampara tres chamacos de jalón.... 🤭🤭🤭🤭
(@®|t0💖💖😁
tsssssssss..... ya se nos muto el príncipe de hielo a omeguita después de tanta acción y nudito tras nudito,... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
cómo que habitaciones??? no que solo había una sola??? eso sí con una camota...🤔🤔🤔
Maru19 Sevilla
Muy entretenida la novela, emocionante y sensual. Gracias por publicarla
Skay P.: Gracias por leernos😘😘
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Maru19 Sevilla
Muy sensual historia 💖
Skay P.: Amo que te gustara😘
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Maru19 Sevilla
Muy 👏👏👏👏👏👏
Skay P.: ¡Grs!😘
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Maru19 Sevilla
Que bueno, que ardan los viejos 👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Muy bien , acaben con esos carcamanes🤣
Maru19 Sevilla
Pobre Hendrik
Skay P.: ¡Auch!😔👆
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Maru19 Sevilla
Es tremendo Kassar🤭
Maru19 Sevilla
Ojalá que Kassar doblegue a los ancianos
Maru19 Sevilla
Sigo emocionada 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que emocionante 👏👏👏👏😱
Maru19 Sevilla
Quiero saber cómo será ese nuevo Alfa😊
Maru19 Sevilla
Maldito Arthur como me cae mal, ojalá le de un paro cardíaco de tanto coraje🤭
Maru19 Sevilla
Me encanta que públicas varios capitulos, está muy buena la novela 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias Chikis!😘
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