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Bajo El Juramento De Sangre

Bajo El Juramento De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:790
Nilai: 5
nombre de autor: Crismeldy Vásquez P

En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .

NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1: El primer encuentro

La mañana amaneció clara sobre Valenora.

Desde lo alto de los edificios de cristal, la ciudad parecía tranquila. El puerto brillaba bajo la luz temprana y el mar se extendía sereno, como si nada pudiera alterar aquella calma elegante que envolvía cada calle, cada torre y cada mansión.

Pero en Valenora las apariencias nunca contaban toda la verdad.

Detrás de las puertas de madera fina y las oficinas impecables, se movían acuerdos silenciosos, nombres poderosos y decisiones capaces de cambiar el destino de familias enteras.

Alessia Bellandi observaba la ciudad desde la ventana de su oficina.

Tenía veinticinco años, pero había aprendido muy pronto que nacer Bellandi significaba mucho más que llevar un apellido importante. Significaba aprender a leer silencios, desconfiar de las sonrisas fáciles y comprender que incluso dentro de casa podían existir secretos.

Su oficina era amplia, sobria y luminosa. El escritorio de nogal estaba perfectamente ordenado. Sobre una de las paredes colgaba un cuadro antiguo que había pertenecido a su abuelo. Detrás del cristal, Valenora parecía extenderse hasta el horizonte.

Su teléfono vibró.

“Baja. Te esperamos.”

El mensaje era de su padre.

Alessia dejó el móvil sobre la mesa y respiró despacio.

Desde temprano sentía una inquietud difícil de explicar. No era miedo. Era esa sensación que aparece cuando algo cambia en el aire.

La puerta se abrió.

Giulia Ferretti apareció con una taza de café en la mano.

—Tienes cara de haber dormido poco.

Alessia tomó la taza.

—Dormí.

Giulia arqueó una ceja.

—Dos horas no cuentan.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Alessia.

—¿Qué pasa?

Giulia cerró la puerta antes de responder.

—Hubo movimiento extraño en el puerto durante la madrugada.

La expresión de Alessia cambió.

—¿Qué tipo de movimiento?

—No lo sé. Pero tu padre recibió llamadas desde temprano.

Alessia dejó la taza sobre la mesa.

En su familia casi nada se hacía por simple nerviosismo.

Si Vittorio Bellandi estaba inquieto, había una razón.

—Voy abajo —dijo.

Al otro lado de la ciudad, el ambiente era distinto.

Más frío.

Más silencioso.

Más calculado.

Mikhail Orlov observaba el puerto desde el ventanal de su despacho.

Llevaba el traje oscuro perfectamente ajustado. La corbata recta. La expresión imposible de descifrar.

Tenía treinta años y una calma que a veces parecía más peligrosa que la violencia.

Detrás de él, Yuri Sokolov dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Los Bellandi están preguntando por los movimientos de anoche.

Mikhail no se giró.

—Era de esperarse.

—También hubo vigilancia cerca del muelle tres.

Ahora sí volvió la cabeza.

—Entonces alguien quería que los vieran.

Yuri cruzó los brazos.

—¿Crees que sea una advertencia?

Mikhail guardó silencio unos segundos.

—No.

Su mirada volvió al puerto.

—Es una prueba.

En ese momento el teléfono vibró.

“Ven al puerto. Ahora.”

El mensaje era de Viktor Orlov, su tío.

Mikhail guardó el móvil en el bolsillo.

—Vamos.

Una hora después, el puerto de Valenora respiraba actividad.

Los barcos se balanceaban suavemente.

Trabajadores descargaban mercancía.

Camiones entraban y salían.

Guardias discretos vigilaban cada movimiento.

Alessia caminaba junto a su padre por el muelle principal.

Vittorio Bellandi avanzaba con la mandíbula tensa y los ojos atentos.

—¿Qué estamos buscando? —preguntó ella.

—Respuestas.

Fue lo único que dijo.

Alessia no insistió.

Entonces lo vio.

A unos metros, al otro lado del muelle, un grupo de hombres vestidos de oscuro acababa de detenerse junto a un automóvil negro.

Uno de ellos llamó su atención de inmediato.

Alto.

Traje impecable.

Postura firme.

Presencia silenciosa.

No parecía esforzarse por imponerse, y sin embargo lo hacía.

En ese mismo instante él levantó la vista.

Sus ojos se encontraron.

Por una fracción de segundo el ruido del puerto pareció alejarse.

Alessia no sintió miedo.

Sintió una curiosidad inesperada.

Algo extraño.

Como si ambos supieran, sin saber por qué, que aquel instante tendría consecuencias.

—¿Quién es? —preguntó en voz baja.

Su padre siguió la dirección de su mirada.

Su expresión se endureció.

—No te acerques.

Eso solo aumentó su interés.

Del otro lado, Yuri se inclinó apenas hacia Mikhail.

—Los Bellandi.

Mikhail seguía observando a la mujer.

—Ya lo noté.

—La de negro es Alessia Bellandi.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Mikhail no apartó la mirada.

Había algo en ella.

La forma en que sostenía la mirada.

La firmeza tranquila.

La manera en que parecía medirlo sin retroceder.

Entonces ocurrió.

Un estruendo seco cortó el aire.

Después otro.

Un disparo.

Todo cambió en un segundo.

Un trabajador cayó al suelo.

Gritos.

Pasos apresurados.

Guardias desenfundando armas.

El puerto entero se volvió caos.

—¡Alessia! —gritó su padre.

Ella giró justo cuando alguien chocó contra su hombro.

Perdió el equilibrio.

Y antes de tocar el suelo, una mano firme la sostuvo por la cintura.

Alessia alzó la vista.

Era él.

Mikhail Orlov.

—Muévete —dijo con voz baja.

La apartó justo cuando otro disparo golpeó la baranda metálica.

El corazón de Alessia se disparó.

Él la condujo con rapidez detrás de unos contenedores.

La cercanía le robó el aire por un instante.

Podía sentir su respiración.

La tensión de sus músculos.

La calma extraña con la que seguía atento a todo.

—¿Estás herida? —preguntó.

—No.

—Bien.

Alessia respiró hondo.

—¿Quién eres?

Una leve sombra de sonrisa apareció en él.

—No es el mejor momento para presentaciones.

Antes de que pudiera responder, un hombre surgió desde una esquina.

Arma en mano.

Mikhail reaccionó primero.

Lo interceptó con un movimiento seco y preciso.

El arma cayó al suelo.

El hombre terminó de rodillas.

Alessia lo miró sorprendida.

No.

Definitivamente no era un simple empresario.

Él giró apenas hacia ella.

—Quédate aquí.

—No me das órdenes.

Por primera vez, una sonrisa real cruzó sus ojos.

Breve.

Casi invisible.

Pero real.

—Entonces no te apartes de mí.

La frase la sorprendió más de lo que quiso admitir.

Los disparos comenzaron a disminuir.

Los guardias de ambos lados recuperaron el control.

El ruido fue bajando poco a poco.

La respiración de ambos seguía agitada.

Entonces escucharon pasos.

Vittorio Bellandi apareció acompañado por hombres armados.

Su mirada cayó de inmediato sobre Mikhail.

El aire cambió.

—Orlov.

La palabra salió fría.

Alessia giró la cabeza lentamente hacia el hombre que acababa de ayudarla.

Él dio un paso atrás.

La calma había vuelto a su rostro.

—Bellandi.

El corazón de Alessia dio un golpe seco.

Lo entendió en ese instante.

—¿Orlov?

Nadie respondió.

Por unos segundos solo se escuchó el mar.

Mikhail sostuvo su mirada.

Había algo nuevo en sus ojos.

Como si él también entendiera que aquello no había sido casualidad.

—Nos volveremos a ver —dijo.

Y se alejó.

Alessia se quedó inmóvil.

Mirándolo desaparecer entre hombres armados, humo y el reflejo del agua.

No sabía nada de él.

Solo un apellido.

Solo que pertenecía al lado opuesto.

Y aun así…

algo había cambiado aquella mañana.

Sin saberlo, el destino acababa de mover su primera pieza.

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