En un mundo donde humanos y demonios no pueden coexistir, el destino une a dos almas completamente opuestas. Lo que comienza como un encuentro inesperado podría cambiar el equilibrio de todo un reino.
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Capítulo 1: El valor de un sanador
El viento helado golpeaba con fuerza las montañas del norte.
El cielo estaba cubierto por nubes oscuras, como si el propio mundo supiera que algo estaba mal. Un grupo de caballeros avanzaba con dificultad entre la nieve, sus armaduras manchadas, sus rostros tensos.
Eran los héroes del reino.
Los mejores.
O al menos, eso creían.
—Mantengan la formación… —ordenó uno de ellos, apretando los dientes.
Pero ya era tarde.
Una sombra se movió entre la ventisca.
Y luego otra.
Y otra más.
—¡Vienen!
El suelo tembló.
Criaturas deformes emergieron de la nieve, con ojos brillantes y cuerpos retorcidos. No eran simples monstruos… eran algo peor.
Un error.
Un desastre.
—¡Ataquen!
Las espadas chocaron.
La magia explotó.
El caos comenzó.
Pero algo no estaba bien.
Los ataques no funcionaban.
Las bestias resistían todo.
Uno por uno… los héroes comenzaron a caer.
—¡No… no puede ser…! —gritó uno, siendo derribado.
—¡Retirada…!
—¡No podemos—!
Un rugido lo interrumpió.
Un caballero fue atravesado.
Otro cayó de rodillas.
La formación se rompió.
El miedo se apoderó del campo.
Y en medio de todo eso…
había alguien que no atacaba.
Solo observaba.
—…esto es suficiente.
Lysandor avanzó.
Su capa oscura se movía suavemente con el viento, en contraste con el caos a su alrededor. Sus ojos carmesí brillaban con una calma inquietante.
Se arrodilló junto a un herido.
Colocó su mano sobre él.
Una luz azul suave apareció.
La herida desapareció.
El caballero respiró de nuevo.
—¿Q-qué…?
—Levántate —dijo Lysandor con serenidad.
Luego se puso de pie.
Y caminó hacia el enemigo.
—¡¿Qué haces?! —gritó uno de los héroes— ¡No podrás solo!
Lysandor no respondió.
Siguió caminando.
Paso a paso.
Sin prisa.
Sin miedo.
Una de las criaturas se lanzó hacia él.
Entonces—
Un destello.
Un solo movimiento.
Silencio.
La criatura cayó.
Los demás se detuvieron.
Algo había cambiado.
El aire… se volvió pesado.
Los ojos de Lysandor ya no eran cálidos.
Eran fríos.
Vacíos.
—Les di suficiente tiempo.
Su voz ya no era amable.
—Retírense… o desaparezcan.
Las criaturas rugieron.
Y atacaron todas a la vez.
Nadie vio lo que pasó exactamente.
Solo vieron…
sombras moverse.
Luz azul mezclada con acero.
Y silencio.
Cuando todo terminó…
no quedaba nada.
Ni una sola criatura en pie.
El viento volvió a soplar.
Pero esta vez…
no había batalla.
Solo supervivientes.
Y un silencio incómodo.
🏰 Días después — Castillo del reino
El gran salón estaba lleno.
Los héroes estaban alineados frente al trono.
Pero no había orgullo en sus rostros.
Solo tensión.
—Esa misión fue un fracaso —dijo una voz fría.
El rey observaba desde lo alto.
—Esperábamos resultados… no una humillación.
Nadie respondió.
Porque todos sabían la verdad.
Si seguían vivos…
no era por ellos.
—Majestad… —dijo uno de los caballeros— sobrevivimos gracias a…
Se detuvo.
Miró a Lysandor.
Todos lo hicieron.
El silencio se volvió pesado.
Incómodo.
Peligroso.
—…a él.
No hubo aplausos.
No hubo reconocimiento.
Solo miradas.
Miradas llenas de algo peor que el odio.
Desprecio.
—Un sanador… —dijo otro con burla— salvándonos.
—Patético.
—Esto no es lo que hace un héroe.
Lysandor permanecía en silencio.
De pie.
Tranquilo.
Como siempre.
—No luchaste desde el inicio —acusó uno— ¡esperaste hasta que todos cayeran!
—¡Nos hiciste ver débiles!
—¡Dependimos de ti!
Ahí estaba el verdadero problema.
No era que los hubiera salvado.
Era que…
los había hecho ver inútiles.
—No necesitamos a alguien como tú —dijo uno finalmente.
—Aquí no hay lugar para alguien que no lucha como un verdadero caballero.
Un silencio final cayó sobre la sala.
El veredicto ya estaba decidido.
—Lysandor —habló el rey—, tus habilidades son… inusuales.
Pausa.
—Pero no encajan con lo que este reino necesita.
Y entonces—
—Quedas expulsado del escuadrón de héroes.
Nadie lo detuvo.
Nadie habló por él.
Nadie lo defendió.
Lysandor cerró los ojos un momento.
No había enojo.
No había tristeza visible.
Solo… aceptación.
—Entiendo.
Eso fue todo lo que dijo.
Se dio la vuelta.
Y caminó hacia la salida.
Pero justo antes de cruzar la puerta…
se detuvo.
—Aun así…
Sin mirar atrás.
—Si vuelven a necesitar ayuda…
pueden llamarme.
Y se fue.
El eco de sus pasos desapareció.
Y con él…
el único que realmente podía salvarlos.
🌲 Lejos del castillo…
El viento soplaba entre los árboles.
El bosque estaba en silencio.
Frío.
Vacío.
Una pequeña figura caminaba sin rumbo.
Temblando.
Con los ojos húmedos.
—…señor…
Una voz débil.
Una niña de cabello rojo miraba hacia atrás.
Como si esperara que alguien la siguiera.
Pero nadie lo hizo.
Sus pequeñas manos temblaban.
Sus pasos eran inestables.
—…tengo frío…
Y el bosque…
no respondió.
Capítulo 1: El valor de un sanador (Parte 2)
Las calles del reino estaban llenas de vida.
Personas caminaban de un lado a otro, comerciantes anunciaban sus productos y los carruajes avanzaban lentamente entre la multitud.
Pero entre toda esa normalidad…
había alguien que destacaba.
Lysandor.
Su presencia no pasaba desapercibida.
Su altura, su porte elegante, su mirada carmesí… todo en él llamaba la atención.
Varias miradas se posaron sobre él.
—¿Ese no es…?
—Sí… es de la academia…
—Dicen que estaba con los héroes…
Algunas chicas susurraban entre ellas, observándolo con curiosidad.
Otras simplemente lo miraban en silencio.
Pero Lysandor no respondía a ninguna de esas miradas.
No sonreía.
No hablaba.
Solo caminaba.
Tranquilo.
Como si nada hubiera pasado.
Finalmente, dejó atrás las calles del reino.
Frente a él…
se alzaba el bosque.
Oscuro.
Profundo.
Silencioso.
—…veamos.
Su voz era baja, serena.
—Debería haber suficientes hierbas aquí.
Sin dudarlo, se adentró.
El sonido de sus pasos desapareció entre los árboles.
La luz del sol apenas lograba filtrarse entre las ramas.
El aire era frío.
Pero no incómodo.
Lysandor caminaba con calma, observando su entorno.
Sus ojos analizaban cada detalle.
Cada planta.
Cada movimiento.
Hasta que finalmente…
se detuvo.
—Aquí están.
Frente a él crecían varias plantas medicinales, de hojas azuladas y tallos finos.
Se arrodilló.
Con cuidado, comenzó a recolectarlas.
El bosque estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Entonces—
Algo tiró de él.
Un pequeño impacto.
Ligero.
Pero firme.
Lysandor bajó la mirada.
Y la vio.
Una pequeña niña…
aferrada a su pierna con todas sus fuerzas.
Sus manos temblaban.
Su cuerpo también.
Su cabello rojo destacaba incluso en la oscuridad del bosque.
Pequeños cuernos sobresalían de su cabeza.
Y unas diminutas alas…
apenas visibles.
Lysandor no se movió.
No reaccionó de inmediato.
Solo la observó.
—…una niña perdida.
Su voz fue tranquila.
Sin amenaza.
Sin rechazo.
Se inclinó ligeramente.
—Oye… ¿qué te pasó?
La niña no respondió.
Solo apretó más fuerte su ropa.
Como si soltarlo significara desaparecer.
Su respiración era irregular.
Y entonces…
un susurro.
—…frío…
Lysandor entrecerró los ojos.
Y en ese momento…
lo notó.
No era humana.
Un demonio.
El aire pareció detenerse por un instante.
El bosque…
quedó en completo silencio.
La mano de Lysandor se movió lentamente.
Subió.
Hasta quedar cerca de la empuñadura de su espada.
Un solo pensamiento cruzó su mente.
“Demonio.”
Pero entonces…
miró de nuevo.
La niña…
temblaba.
Sus manos eran pequeñas.
Débiles.
Su agarre no era de ataque.
Era de miedo.
No había intención.
No había maldad.
Solo…
soledad.
La mano de Lysandor se detuvo.
No tomó la espada.
En cambio…
descendió lentamente.
Y se posó suavemente sobre la cabeza de la niña.
—…ya veo.
Su voz volvió a ser cálida.
—Tranquila.
La niña se tensó un momento.
Como si no esperara ese gesto.
Pero no se alejó.
Lysandor se quitó parte de su capa.
Y la colocó sobre ella.
—Estás helada.
Hizo una pequeña pausa.
—No te preocupes… ya no estás sola.
El bosque seguía en silencio.
Pero algo había cambiado.
Porque en ese momento…
sin saberlo…
el destino del reino comenzó a moverse.
🔥 FIN PARTE 2 DEL CAPÍTULO 1