“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: Mi vida, mi familia y mi amistad con Katrina
Narra Sabrina Villegas
Hola, yo soy Sabrina Villegas, tengo 19 años. Nací en Colombia, en la hermosa Santa Marta, el 21 de marzo del 2007. Soy de esa tierrita costeña donde el calor nunca falta, donde la gente habla sabroso y donde uno aprende a ser fuerte desde pelaito.
Yo soy una muchacha sencilla, pero con mi propio estilo. A mí me gusta el color morado, y eso no es un capricho, eso es parte de mí. Todo lo que tengo es morado: mi habitación es morada, mis cortinas son moradas, mi celular tiene su funda morada, mis cuadernos, mi ropa cuando puedo elegir… todo. La gente me dice:
—Sabrina, ¿por qué no te pones otros colores?
Y yo solo me río porque no necesito otro color. El morado me representa, me da paz, me hace sentir yo misma.
Mi vida en Santa Marta ha sido tranquila, pero con responsabilidades grandes por mi familia.
Mi papá se llama Jorge Villegas, tiene 49 años, nació en 1976. Es empresario y maneja una empresa familiar importante en la ciudad. Él es serio, trabajador, de esos hombres costeños que siempre están pensando en cómo hacer crecer el negocio.
La empresa de mi familia se dedica a la distribución y exportación de productos del mar, especialmente pescado, camarón, langosta y otros mariscos. Trabajamos con pescadores de la zona, compramos el producto fresco, lo procesamos y lo enviamos a restaurantes grandes en Colombia y también a otros países. Es un negocio fuerte aquí en la costa, porque el mar es nuestra principal riqueza.
Mi mamá se llama Claudia Méndez, tiene 46 años, nació en 1980. Ella es la que administra todo lo de la empresa: cuentas, contratos, pagos, organización. Es una mujer muy estricta, pero muy organizada. A veces es dura conmigo, pero sé que lo hace porque quiere que yo también sea responsable.
Yo soy la menor de dos hermanos, y eso hace que a veces me protejan demasiado… o me controlen mucho.
Mi hermano mayor se llama Alejandro Villegas, tiene 26 años, nació en 2000. Él ya está casado. Su esposa se llama Natalia Ríos, tiene 25 años. Ella es una mujer muy amable, tranquila y trabaja con mi mamá en la parte administrativa de la empresa. Alejandro es el que más está metido en la parte fuerte del negocio, viajes, exportaciones y reuniones importantes. Él es muy serio conmigo, pero siempre me cuida como si fuera su hija.
Mi hermana del medio se llama Camila Villegas, tiene 23 años, nació en 2003. Ella también está casada. Su esposo se llama Andrés Bermúdez, tiene 24 años. Andrés es contador y trabaja directamente con la empresa familiar manejando finanzas y números. Camila es más relajada que Alejandro, pero igual de responsable. Ella es más cercana a mí, me entiende más, y a veces es la que me aconseja cuando tengo dudas en la vida.
Y luego estoy yo.
La menor.
La que todavía está estudiando, la que todavía está buscando su camino.
A veces siento presión porque mis hermanos ya tienen su vida más organizada, con matrimonio, trabajo estable y responsabilidades grandes. Y yo todavía estoy en ese proceso de descubrir qué quiero hacer.
Pero no me siento mal por eso, simplemente estoy en mi propio ritmo.
Y en medio de todo esto, lo más importante de mi vida no es la empresa, ni el dinero, ni el apellido.
Es mi mejor amiga.
Ella se llama Katrina Villacres.
Nos conocemos desde que éramos pequeñas. Yo tenía 5 años y ella 4 cuando nos conocimos en el jardín. Desde ese día nos volvimos inseparables. Crecimos juntas, compartimos escuela, recreos, cumpleaños, momentos buenos y momentos difíciles.
Katrina es una persona muy especial para mí. A veces la gente cree que ella es fría o distante, pero en realidad es muy sensible. Ella carga muchas cosas por dentro que no siempre muestra.
Con ella puedo hablar de todo. No tengo que fingir nada. Puedo ser yo misma sin miedo.
A veces nos sentamos a hablar de la vida, de lo que queremos, de lo que sentimos, de lo que nos preocupa. Y aunque venimos de familias con dinero, eso no significa que nuestra vida sea fácil.
De hecho, a veces es más complicada.
Porque hay muchas expectativas sobre nosotras.
Mucho control.
Muchas reglas.
Y poco espacio para decidir por nosotras mismas.
Katrina ha sido mi apoyo en muchos momentos, y yo el de ella. Hemos crecido juntas en medio de todo ese mundo de apariencias, pero nuestra amistad ha sido real desde el primer día.
A veces salimos juntas por Santa Marta, caminamos por la ciudad, hablamos, nos reímos, nos quejamos de la vida. Ella es de esas personas que, aunque no lo diga mucho, siempre está ahí.
Yo la considero como una hermana.
Mi vida no es perfecta, aunque mucha gente piense que sí por mi familia. Tengo comodidad, sí, pero también tengo presión, responsabilidades y decisiones que todavía no he tomado.
Y aunque a veces no lo digo en voz alta…
yo también estoy buscando mi propio camino.
Y en ese camino, Katrina es una de las personas más importantes que tengo.
Porque en medio de todo lo que soy y todo lo que tengo…
ella es la única persona con la que puedo ser completamente yo.