Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.
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Capítulo 14: El mensaje que llevaba meses esperando
Daniela se quedó dormida en mis brazos mientras yo seguía sentado en la sala pensando en todo lo que me había dicho mi mamá.
La casa estaba en silencio. Solo se escuchaba el ventilador girando y uno que otro carro pasando por la calle.
Miré a la niña dormida y suspiré.
Mi cabeza seguía llena de pensamientos.
Pensamientos sobre Aracely.
Sobre todo lo que llevaba meses sintiendo.
Y sobre las ganas enormes que tenía de buscarla.
Me levanté despacio para no despertar a Daniela y subí a mi habitación.
La acosté con cuidado en su camita y la arropé bien.
Después me senté en la cama mirando el teléfono.
Sentía nervios.
Muchísimos.
Porque llevaba demasiado tiempo pensando en ella.
Pero nunca me había atrevido a escribirle.
No tenía su número.
Así que lo único que podía hacer era buscarla por Facebook.
Abrí la aplicación.
Tragué saliva.
Y escribí:
Aracely Aguilar
Me aparecieron varios perfiles.
Pero apenas vi el suyo… lo reconocí de inmediato.
Y ahí me quedé congelado.
Parce…
Tenía una foto con uniforme de Medicina.
Bata blanca.
El cabello suelto.
Sonriendo.
Se veía demasiado bonita.
Más madura.
Más segura de sí misma.
Y honestamente me dejó impresionado.
—“Juemadre…” murmuré solo.
No podía dejar de mirar la foto.
Había algo en ella que seguía moviéndome el piso horrible.
Entré al perfil.
Tenía publicaciones de la universidad, fotos estudiando y memes sobre Medicina.
Y yo ahí, viéndola desde la pantalla como un bobo.
Duré varios minutos pensando si escribirle o no.
Abría el chat.
Lo cerraba.
Volvía a abrirlo.
Parecía un adolescente nervioso.
Hasta que respiré profundo.
—“Bueno, Rafael… deje el miedo.”
Y escribí:
Hola, ¿cómo estás?
Me quedé viendo el mensaje unos segundos.
Después cerré los ojos y lo envié.
TUN TUN
Apenas sonó Messenger sentí el corazón acelerarse.
—“No joda… ¿qué hice?”
Tiré el teléfono en la cama y me agarré la cabeza.
Pero casi enseguida volvió a sonar.
TIN TIN
Agarré el celular rápido.
Y ahí estaba la respuesta.
Aracely Aguilar:
Hola profe 😊 bien ¿y usted?
Respondió al segundo.
Al segundo.
Y eso me puso todavía más nervioso.
Sonreí sin darme cuenta.
Bien también… sobreviviendo jaja
TIN TIN
Aracely:
Qué raro verlo escribiéndome
Me reí bajito.
Sí… creo que me demoré mucho
Ella empezó a escribir.
Los punticos aparecieron enseguida.
TIN TIN
Aracely:
La verdad pensé que nunca me iba a buscar
Ese mensaje me dejó quieto.
Porque yo también había pensado demasiado en ella todo ese tiempo.
Tragué saliva y escribí:
Quería hacerlo hace rato
Duró unos segundos.
Y después respondió.
TIN TIN
Aracely:
¿Y por qué no lo hizo?
Me quedé mirando el teclado.
No sabía cómo explicar todo lo que tenía en la cabeza.
Pero igual decidí ser sincero.
Porque tenía miedo
Ella respondió rápido.
TIN TIN
Aracely:
¿Miedo de mí?
Solté una risa nerviosa.
No… miedo de lo que siento
Apenas mandé eso sentí el pecho latiéndome rapidísimo.
Pasaron varios segundos sin respuesta.
Yo ya estaba arrepintiéndome.
Hasta que volvió a sonar.
TIN TIN
Aracely:
Rafa…
Solo eso.
Pero verla llamarme “Rafa” me desarmó completo.
Nunca antes me había dicho así.
Respiré profundo y escribí:
Perdón si esto te incomoda
Ella respondió enseguida.
TIN TIN
Aracely:
No me incomoda
Sentí alivio inmediato.
Y luego llegó otro mensaje.
TIN TIN
Aracely:
La verdad pensé que ya ni se acordaba de mí
Sonreí mirando la pantalla.
Imposible olvidarme de ti
Ella reaccionó con un corazón.
Y ahí sentí que el corazón me iba a explotar.
La conversación empezó a fluir más natural después de eso.
Me contó que Medicina era agotadora.
Que casi no dormía.
Que la nivelación la tenía estresada.
Y yo me reía leyendo sus mensajes porque seguía escribiendo igual de rápido que antes.
Igual de intensa.
TIN TIN
Aracely:
¿Y usted cómo ha estado?
Miré el techo antes de responder.
Trabajando mucho… intentando sobrevivir también
Ella mandó un emoji riéndose.
TIN TIN
Aracely:
Eso suena demasiado serio jaja
Culpa del trabajo
Seguimos hablando de muchísimas cosas.
Del liceo.
De profesores.
De recuerdos.
De anécdotas.
Y mientras más hablábamos… más sentía que nada había cambiado realmente entre nosotros.
En un momento ella escribió:
TIN TIN
Aracely:
Extrañaba hablar con usted
Ese mensaje me golpeó directo al pecho.
Me demoré unos segundos antes de responder.
Yo también te extrañaba
Los punticos aparecieron y desaparecieron varias veces.
Hasta que respondió.
TIN TIN
Aracely:
Entonces por qué esperó tanto?
Respiré profundo.
Y decidí decir la verdad.
Porque intenté convencerme de que no debía buscarte
Ella respondió rápido.
TIN TIN
Aracely:
¿Y ahora?
Miré hacia la ventana antes de escribir.
Ahora creo que me cansé de pelear conmigo mismo
Pasaron unos segundos.
Y luego llegó el mensaje que terminó de desordenarme completo.
TIN TIN
Aracely:
Yo nunca dejé de pensar en usted
Sentí el pecho apretarse durísimo.
Y sin pensarlo demasiado escribí:
¿Puedo invitarte a salir?
Duró unos segundos respondiendo.
Yo estaba demasiado nervioso.
Hasta que Messenger volvió a sonar.
TIN TIN
Aracely:
Sí ❤️
Sonreí solo mirando la pantalla.
Como un completo idiota.
Pero no me importó.
Porque después de tantos meses sintiéndome vacío…
Por fin sentía que algo volvía a tener sentido.