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El Mafioso y la Promesa Rota

El Mafioso y la Promesa Rota

Status: Terminada
Genre:Acción / Mafia / Madre soltera / Reencuentro / Completas
Popularitas:38
Nilai: 5
nombre de autor: marilu@123

El Mafioso y la Promesa Rota

Dante nunca quiso tener hijos.
Y mucho menos una familia.
Pero todo cambia cuando una joven llega con dos adolescentes, y una verdad increíble:
Ellos son sus hijos.

Como si fuera poco, ella también es perseguida por un hombre peligroso… y Dante es el único que puede protegerlos.
Ahora, obligados a convivir, lo que empieza con desconfianza se transforma en algo mucho más intenso.

Porque Dante no confía en ella.
Y ella lo odia.
Pero cuanto más intentan alejarse el uno del otro…
más peligrosa se vuelve su conexión.

🔥 Entre secretos, promesas rotas y un deseo imposible de ignorar…
Algunas historias no empiezan con amor.
Empiezan con el caos.

NovelToon tiene autorización de marilu@123 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Visión de Rebecca

Me desperté antes del despertador.

De hecho... ni siquiera sé si llegué a dormir bien.

Mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente... no se apagaba.

Todo lo que pasó ayer seguía repitiéndose en mi cabeza.

La llamada.

Su voz.

La mirada de Dante.

La forma en que todo cambió en cuestión de minutos.

Respiré hondo.

Pasé la mano por mi rostro.

Y me levanté.

El silencio de la casa era extraño.

Demasiado grande.

Demasiado vacío.

Demasiado frío.

Caminé despacio hasta el pasillo.

Y me detuve frente a la habitación de los chicos.

Mi mano vaciló en el pomo.

Pero abrí.

Despacio.

Ellos estaban allí.

Durmiendo.

Profundamente.

Como si nada hubiera pasado.

Como si no estuvieran en medio de todo aquello.

Mi pecho se apretó.

Heitor estaba de lado, tranquilo.

Henrique tirado en la cama, cubierto solo hasta la mitad, como siempre.

Una leve sonrisa apareció en mi rostro.

Aún eran solo... Adolescentes.

Incluso intentando parecer adultos.

Incluso intentando ser fuertes.

Me acerqué.

Arreglé la cobija de Henrique.

Pasé la mano levemente por el cabello de Heitor.

—No voy a dejar que les pase nada...

Susurré.

Bajo.

Casi sin voz.

Y salí de la habitación.

Cerrando la puerta con cuidado.

Fui directo a la cocina.

Y no me sorprendió cuando vi a Jason allí.

Apoyado en la encimera.

Café en mano.

Postura relajada.

Pero atento.

Siempre atento.

Él me miró cuando entré.

—¿Dormiste?

La pregunta vino simple.

Sin juzgar.

Sin presión.

Solté una pequeña risa.

—Más o menos.

Él asintió.

Como si ya esperara esa respuesta.

—¿Café?

Miré la taza.

Y por un segundo... pensé en rechazar.

Pero asentí.

—Acepto.

Él sirvió.

Sin decir nada.

Me entregó.

Acerqué la taza a mis labios.

Pero no bebí.

Mis manos aún estaban inquietas.

Mi estómago revuelto.

Él lo notó.

Claro que lo notó.

—¿Ansiosa?

Lo miré.

—Mucho.

No tenía sentido mentir.

Él apoyó el cuerpo en la encimera.

—Es normal.

Suspiré.

—No parece normal.

—En tu mundo, no.

Él respondió.

Simple.

Directo.

—En el mío... es rutina.

Aquello me hizo encararlo mejor.

De verdad.

Jason no era solo un hombre elegante en un traje caro.

Había algo allí.

En la mirada.

En la postura.

Algo... peligroso.

Controlado.

Experimentado.

—¿No tienes miedo?

Pregunté.

Antes de pensar.

Él arqueó levemente la ceja.

—¿De qué?

—De todo esto.

Hice un gesto vago.

—De este tipo de vida.

Él se quedó en silencio por un segundo.

Como si escogiera las palabras.

—El miedo es útil.

Dijo por fin.

—Te mantiene vivo.

—Pero no puede controlarte.

Miré la taza.

Aún intacta.

—Creo que me controla.

Confesé.

Bajo.

Jason no respondió en el momento.

—¿Y los chicos?

Preguntó.

Cambié la mirada hacia él.

—Están durmiendo.

—Mejor así.

Asentí.

—No se merecían esto.

Mi voz salió más cargada.

—Ninguno de los dos.

Jason cruzó los brazos.

—Nadie se lo merece.

Silencio.

Pero no era incómodo.

Era... diferente.

Más ligero.

—¿Confías en él?

Preguntó de repente.

Levanté la mirada.

—¿En quién?

—En Dante.

Mi corazón dio un pequeño apretón.

Pensé.

De verdad.

—No lo sé.

Fui sincera.

—Ni siquiera lo conozco.

—Pero viniste a él.

—Porque no tuve elección.

Mi respuesta salió rápida.

—No fue confianza.

Fue desesperación.

Jason asintió lentamente.

—A veces... da igual.

Fruncí levemente el ceño.

—¿Cómo así?

—A veces solo descubres si puedes confiar en alguien... cuando no tienes otra opción.

Aquello se quedó en mi cabeza.

Dando vueltas.

Pesado.

—¿Y tú?

Pregunté.

—¿Confías en él?

Jason soltó un leve aire por la nariz.

Casi una sonrisa.

—Trabajo para él.

—No fue lo que pregunté.

Él me miró.

De verdad.

Y respondió.

—Confío.

Simple.

Sin dudar.

Sin duda.

Aquello me impactó.

Porque viniendo de alguien como él...

Significaba mucho.

Mucho más de lo que parecía.

Miré la taza de café.

Respiré hondo.

Y finalmente di un sorbo.

Amargo.

Caliente.

Real.

—¿Va a creer?

Pregunté, casi en un susurro.

Jason no respondió en el momento.

Pero tampoco desvió la mirada.

—Si es verdad...

Dijo por fin.

—No solo va a creer.

Hizo una pequeña pausa.

Y completó:

—Va a resolver.

Mi corazón latió más fuerte.

Y por primera vez desde que todo comenzó...

Sentí algo diferente al miedo.

No era confianza aún.

Pero...

Era un comienzo.

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