✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Dime que no te vas con ella
Noah no fue a casa de sus padres. No quería ver a Fiorella y fingir que todo estaba bien con su novia perfecta. Sus pies, por puro instinto, lo llevaron de vuelta al edificio de Zane.
Subió el ascensor sintiendo que el pecho le iba a estallar. Cuando llegó al piso del monoambiente, vio a Zane sentado en el suelo del pasillo, apoyado contra la puerta de su propio apartamento. Zane tenía la cabeza entre las rodillas y las manos entrelazadas en la nuca. Se veía pequeño, derrotado.
Al escuchar los pasos, Zane levantó la vista. Sus ojos azules estaban rojos, llenos de lágrimas que no se había molestado en limpiar.
—Noah... —susurró Zane, intentando ponerse de pie, pero tropezó un poco—. Yo... lo siento. Llamé a Jessica. Fui un imbécil. Mauro me va a matar, y tú probablemente también quieras hacerlo.
Noah se detuvo a un metro de él. La rabia que sentía por la manipulación de Zane en la secundaria seguía ahí, pero al verlo así, tan vulnerable y destruido por el miedo de perderlo, algo en Noah se rompió.
—¿Por qué lo hiciste, Zane? —preguntó Noah con voz suave—. ¿Por qué llamar a Jessica y decir esas cosas?
—Porque tengo miedo, Noah —confesó Zane, apoyándose contra la pared—. Porque ella tiene años de cartas y promesas, y yo solo tengo un monoambiente pequeño y el recuerdo de un beso que te hizo salir corriendo. Sentí que ella tenía todas las de ganar y yo... yo no soy nada sin ti. Preferiría que me odiaras por ser un loco a que me olvidaras por ser solo tu "hermano".
Noah suspiró y se acercó. Sacó la llave que Zane le había dado (y que Noah todavía conservaba en su bolsillo) y abrió la puerta del apartamento.
—Entra, Zane. Estás dando un espectáculo en el pasillo.
Entraron al monoambiente. El olor a café frío y libros seguía ahí. Zane se quedó de pie cerca de la cama, esperando el juicio final.
—Jessica quiere que me vaya al extranjero —dijo Noah, dándole la espalda mientras dejaba su mochila en el suelo—. Dice que esta universidad no vale nada y que mis amigos son un lastre.
Zane sintió un nudo en la garganta. —¿Y qué le dijiste?
Noah se giró y lo miró fijamente.
—Le dije que necesitaba pensar. Pero la verdad es que... cuando ella hablaba de ese futuro perfecto, yo solo podía pensar en que en ese lugar no habría nadie que me obligara a estudiar cuando tengo sueño. No habría nadie que supiera que me gustan los hoyuelos cuando sonrío de verdad.
Noah caminó hacia Zane. La tensión era eléctrica.
—Zane, lo que hiciste en la secundaria estuvo mal. Muy mal. Me quitaste el derecho a elegir.
—Lo sé —dijo Zane, bajando la cabeza—. Lo siento mucho.
—Pero —continuó Noah, acortando la distancia hasta que sus pechos casi se tocaban—, Jessica me hace sentir como si fuera un niño pequeño que necesita ser rescatado. Tú... tú me haces sentir que este lugar, este pequeño cuarto, es el único sitio donde puedo respirar.
Noah extendió la mano y, por primera vez, fue él quien tomó la iniciativa. Acarició la mandíbula tensa de Zane.
—No vuelvas a llamarla. No vuelvas a decidir por mí.
Zane cerró los ojos, disfrutando del tacto de Noah como si fuera agua en el desierto.
—No lo haré. Lo prometo. Solo no te vayas con ella, Noah. Por favor.
Noah sonrió tímidamente, y sus hoyuelos aparecieron por un segundo.
—No creo que pueda irme, Zane. Resulta que me acostumbré demasiado a dormir en una cama que huele a ti.
Zane no pudo contenerse más y rodeó la cintura de Noah, escondiendo el rostro en su cuello. Noah no se alejó. Al contrario, lo abrazó de vuelta, aceptando por fin que su corazón no pertenecía al pasado de Jessica, sino al presente caótico, posesivo y profundamente real de Zane.
El beso no fue suave ni lento. Fue una colisión de años de secretos, celos y amor contenido. Cuando sus labios se encontraron, Noah soltó un gemido que se perdió en la boca de Zane. El sabor de la lluvia que aún humedecía sus cabellos se mezcló con el calor de sus pieles. Zane profundizó el beso de inmediato, su lengua buscando la de Noah con una urgencia que rozaba la desesperación.
Se encontraron en medio de un baile de saliva y respiraciones entrecortadas. Noah sentía el olor de la piel de Zane —esa mezcla de jabón cítrico, café y el aroma natural y cálido que solo él tenía—. Se sentía embriagador. Las lenguas se enredaban con una torpeza apasionada, explorándose, reconociéndose después de una vida de silencio.
Zane ejerció un agarre posesivo, sus manos apretando la espalda de Noah, subiendo por debajo de su camiseta para sentir el calor de su piel morena. El contacto era eléctrico. Noah, por su parte, se aferraba a los hombros de Zane, dejando que sus dedos se perdieran en su cabello largo. Había un deseo crudo que no buscaba la perfección, sino la entrega total. Era el beso de dos personas que se estaban diciendo te amo por primera vez sin necesidad de pronunciar una sola sílaba.
Se separaron jadeando, con los labios hinchados y los ojos brillantes. Un hilo de saliva los unió por un segundo antes de romperse, marcando la realidad de lo que acababa de pasar.
—No te vas —susurró Zane contra los labios de Noah, su aliento caliente chocando contra su piel—. Dime que no te vas con ella.
—No puedo irme, Zane —respondió Noah, escondiendo el rostro en el cuello de su amigo, aspirando su aroma con devoción—. No sé cómo vivir si no es a tu lado. Ella es mi pasado, pero tú eres mi aire.
Pasaron el resto del día encerrados en el pequeño refugio. Lo que necesitaban era tiempo. Se acostaron en la cama, rodeados de almohadas y libros olvidados, y hablaron. Noah le preguntó por cada chica de la secundaria, por cada vez que Zane había sentido celos.
—¿Recuerdas a Ariana? —preguntó Noah, apoyado en el pecho de Zane mientras este le acariciaba el brazo.
—La odiaba —confesó Zane con una risa suave—. Te miraba con demasiada insistencia. Tuve que invitarla a salir antes de que te entregara un espantoso sobre rosa.
—Eres un loco —rio Noah, sintiéndose extrañamente halagado—. Y yo que pensaba que simplemente eras el chico más popular del mundo.
Zane lo abrazó más fuerte. —Solo quería ser popular para ti, Noah. Para que siempre me miraras a mí.
En un momento de paz, Zane tomó su teléfono. Miró a Noah, que estaba medio dormido sobre su hombro, con los hoyuelos asomando en una sonrisa tranquila. Tomó una foto de sus manos entrelazadas sobre el edredón, con el fondo del desorden del monoambiente. Se la envió a Mauro.
Zane: "Gané. Se queda en casa".
Mauro, al otro lado de la ciudad, vio la foto y soltó un suspiro de alivio. Miró a Luke, que estaba intentando cocinar tomar un latte.
—Luke, parece que el plan funcionó. Zane y Noah finalmente se entendieron.
—¡SÍ! —gritó Luke, saltando y agitando unas hojas—. ¡Sabía que Zane lo lograría! ¡Tenemos que celebrar!
Jessica estaba en su habitación de hotel, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado. Su teléfono estaba en silencio; Noah no le había devuelto ni una sola llamada después del desayuno.
—¡No puede ser! —gritó, lanzando un cojín contra la pared—. ¿Cómo puede elegir ese cuarto apestoso y a ese bruto de Zane sobre la vida que yo le ofrezco? ¡Él es mío! ¡Yo lo esperé muchos años!
Se miró al espejo, con el maquillaje corrido por la furia. Sabía que Zane había ganado esta batalla, pero en su mente, la guerra no había terminado.
—Si crees que te lo voy a dejar tan fácil, Handrix, estás muy equivocado. Noah Brooks volverá conmigo, aunque tenga que arrastrarlo al aeropuerto yo misma.
Jessica tomó su teléfono y marcó un número. Era hora de llamar a los padres de Noah. Si Noah no escuchaba razones, tal vez la presión familiar y la deuda moral con el pasado lo obligarían a recapacitar. Pero lo que ella no sabía era que Noah, en ese monoambiente que olía a Zane y a libertad, ya no tenía miedo de romper con el pasado.