Laura ya nos entregó su alma y el eco de sus suspiros, pero Él seguía siendo un enigma. Envuelto en un silencio peligroso, Adrián guardaba deseos y secretos que nadie logró desvendar... hasta hoy.
Ha llegado el momento de cruzar la línea. En esta entrega, nos sumergiremos en sus abismos más profundos para entender la intensidad de sus impulsos y la verdad tras su frialdad. Tres años después, la piel no ha olvidado y el destino los obliga a colisionar de nuevo.
¿Fue lo suyo una pasión inquebrantable o solo un placer oscuro que se consumió hasta hacerse cenizas? El fuego está a punto de reavivarse.
Déjate seducir por su verdad. Las invito a leerla de inmediato.
NovelToon tiene autorización de maucris para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: Propiedad Recuperada.
Días después... El despacho olía a victoria.
Un aroma más embriagador que el sándalo, más denso que el humo del habano que se consumía lentamente en el cenicero de cristal de roca. Era el olor de la capitulación.
Había movido una sola ficha en el tablero, una pieza insignificante, una prima con sueños de leyes y justicia. Y el rascacielos entero parecía haber vibrado bajo el peso de mi jugada.
Sabía que vendría...
Lo supe desde el momento en que envié ese mensaje, imaginando cómo el veneno de la sospecha y el celo protector le corroerían las entrañas.
La visualicé en su pequeño apartamento de Queens, temblando de rabia, con esa boquita deliciosa apretada en una línea de odio.
......................
Cuando escuché el eco de sus tacones contra el mármol del pasillo presidencial, mi cuerpo respondió con una violencia que ninguna otra mujer ha logrado jamás.
Mis músculos se tensaron bajo la camisa de seda; mis manos, apoyadas en el ventanal mientras contemplaba mi ciudad, se cerraron en puños. No era solo poder; era una sed física, una erección que castigaba la tela de mis pantalones, recordándome que Laura no es una empleada, ni una sombra, ni una amante.
Es mi vicio...
—Llegas diez minutos tarde, Laura. La desesperación suele ser más puntual —dije, manteniendo la voz baja, ese tono que sé que le recorre la columna como una descarga eléctrica.
No necesité girarme para saber que estaba ahí, exudando esa mezcla de fragilidad y furia que me vuelve loco. Podía oler su agitación, el sudor frío de la derrota mezclado con su perfume ligero, ese que intenta ser inocente pero que en mi presencia siempre se vuelve pecaminoso.
—No la toques, Adrián.
Su voz era un látigo de seda. Me giré con la lentitud de un depredador que tiene todo el tiempo del mundo porque la presa ya ha caído en el foso. La recorrí con los ojos, devorando cada detalle: el desorden de su pelo, la palidez de sus mejillas, y ese odio ardiente en su mirada que solo es la otra cara de un deseo que se niega a confesar.
—¿Es así como pides un favor? —pregunté, acercándome a ella con pasos felinos.
Me apoyé en el borde del escritorio, dejando que mi masculinidad quedara casi a la altura de sus ojos. Quería que viera lo que me hacía, que viera que mi cuerpo la reclamaba con la misma urgencia desquiciada con la que ella intentaba salvar a su prima.
Mencioné a Mariana solo para ver cómo se le dilataban las pupilas. Le recordé su idealismo, esa pureza que ella solía tener antes de que yo la arrastrara a mi oscuridad, antes de que mis manos le enseñaran que el dolor y el placer son hermanos de sangre.
—¡Basta! —rugió, y se acercó tanto que pude sentir el calor que emanaba de su pecho agitado.
—Sé lo que quieres —jadeó—. Me tienes de vuelta. Ganas tú.
El triunfo me supo a sangre...
Estiré la mano y deslicé el dorso de mis dedos por su cuello. Sentí el salto de su pulso bajo su piel fina, un martilleo frenético que me gritaba que estaba tan excitada como aterrada. Bajé la mano con una lentitud tortuosa, rozando la clavícula, imaginando cómo se vería su pecho marcado por mis dientes bajo esa luz gélida de la mañana.
—Quiero que vuelvas a tu puesto —le susurré al oído, pegando mi cuerpo al suyo hasta que sintió la dureza de mi deseo contra su vientre—. Quiero que seas mi sombra. Quiero que renuncies a esa farsa de vida con ese arquitecto de manos blandas.
La sentí temblar. No era solo miedo; era esa combustión interna que siempre nos une. Laura puede decir que me odia, puede huir a los suburbios y pretender que es libre, pero su cuerpo es un mapa que yo he trazado centímetro a centímetro.
—Lo haré —susurró ella, rindiéndose a la gravedad de mi presencia—. Pero a cambio, no la toques. No quiero que su nombre vuelva a cruzar tus labios.
Le agarré la barbilla con una fuerza que sabía que le dejaría marcas. Quería que sintiera el rigor de mi posesión. La obligué a mirarme, a ver el hambre cruda que me quemaba las entrañas. En ese momento, no quería contratos, ni lealtad profesional. Quería tirarla sobre esa mesa de madera noble, desgarrarle la ropa y recordarle, de la forma más sucia y brutal posible, a quién pertenece cada uno de sus poros.
—Hecho —sentencié, soltándola como quien suelta un animal que sabe que volverá por su propia voluntad—. Mañana a las ocho. Y no intentes volver a huir, Laura. Mi paciencia no tiene segundas partes.
La vi marcharse, vi el vaivén de sus caderas mientras huía hacia la oficina de ese tal Benjamín para romperle el corazón. Me quedé solo en el despacho, pero el aire seguía vibrando con ella. Me senté en mi silla, cerré los ojos y me llevé a la nariz los dedos que habían rozado su cuello. Todavía olían a ella.
Imaginé el día de mañana. Imaginé su regreso, el momento en que cerrara esa puerta de roble y se quedara a solas conmigo. No iba a ser suave. Iba a cobrarme cada segundo de su ausencia con una intensidad que la dejaría sin aliento. La obligaría a arrodillarse, no solo por sumisión, sino por la pura necesidad de sentirme dentro de ella. Le recordaría que el "clic" que sintió en París fue el sonido de una cerradura que yo cerré por fuera.
Laura cree que ha hecho un sacrificio heroico por su familia. No entiende que lo que ha hecho es abrirle la puerta al lobo que ya conoce el camino a su cama. Mañana, cuando entre aquí, no habrá abogados ni departamentos legales que la salven. Estaremos solo nosotros dos y esta obsesión que nos consume.
La visualicé desnuda bajo la luz de los ventanales, su piel blanca contrastando con el cuero de mi sillón, mi lengua recorriendo cada cicatriz invisible que le he dejado, mis dedos explorando su humedad mientras ella me suplica que pare y que siga al mismo tiempo. El deseo era un dolor físico en mis ingles.
He recuperado mi propiedad. He traído a la pequeña traidora de vuelta al redil. Y esta vez, no voy a dejar que se mude de piel. Voy a tatuarme en ella con cada beso, con cada mordisco, con cada embestida, hasta que no quede un solo rincón de su alma que no reconozca que Adrián Valdez es su principio y su fin.
Sonreí a la ciudad, sintiéndome el dueño del mundo. Porque en mi mundo, Laura es la única corona que vale la pena llevar, y mañana, por fin, volverá a estar donde pertenece: bajo mi mando, bajo mi cuerpo, y bajo mi control absoluto.
💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕
ahora debe ver como salir de ahí ileso y sin que le quiten a su hijo