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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:584
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La biblioteca: parte II

Las clases comenzaban a las nueve en punto. Aún tenía tiempo antes de dirigirse al aula, pero no quería llegar demasiado temprano. Tampoco deseaba volver a su dormitorio; no había nada esperándola ahí.

Tras pensarlo un momento, decidió ir a los jardines a leer, un lugar donde podría pasar desapercibida sin levantar demasiadas miradas. Sin embargo, antes de hacerlo, tomó un ligero desvío hacia la biblioteca.

La decana encargada de la biblioteca aún no había llegado, pero no era necesaria. Bastaba con tomar un libro, anotar su nombre en la hoja de registro y devolverlo por la tarde.

Isabela recorrió los estantes con calma.

Buscó y buscó, pero ningún título lograba convencerla. Había de todo: historia, filosofía, poesía… y aun así, ninguno parecía adecuado para ese momento. Ella no leía por costumbre, leía para sentir, para sumergirse, casi para vivir dentro de las páginas.

Y nada de eso estaba ahí.

Entonces recordó.

La boda de su hermana.

Y a aquel joven.

El que había dicho que le escribiría.

Con cierta duda, subió al área de herbología. Sus dedos recorrieron los lomos de los libros hasta encontrar el título: Herbología y plagas.

Lo sostuvo un instante.

Pero no era el único.

Era un libro de consulta. Uno de uso frecuente en el instituto. No había dos ni tres ejemplares… había decenas. Filas completas del mismo título, perfectamente ordenadas.

Demasiados.

Eso complicaba todo.

Buscar una carta ahí sería como intentar encontrar una hoja suelta entre un bosque entero.

Podía revisar uno por uno… y aun así no tenía ninguna garantía. Porque también existía otra posibilidad. Que la carta nunca hubiera estado.

O que alguien más ya hubiera tomado el libro… llevándose con él cualquier rastro de aquella misteriosa carta.

Para ser honesta consigo misma, no quiso buscar muy a fondo. La carta solo le interesaba por curiosidad, en caso de existir, pero revisarla libro por libro le quitaría tiempo y energía que en ese momento no tenía.

Aun así, no quiso irse sin intentarlo.

Tomó cinco libros de distintos estantes y posiciones. Los abrió uno por uno, revisando con cuidado, pero no encontró nada. Ni rastro de la carta.

Al final, decidió dejar la búsqueda.

Acomodó los libros en su lugar y se alejó del área de consulta de herbología. Después, se dirigió a otra sección y eligió un libro de misterio. Ese sí le parecía adecuado.

Su futuro, al final, también lo era.

Isabela iba en dirección a los jardines cuando sintió una mirada sobre ella. Al girarse, vio a Rodrigo acercarse.

—Buenos días —saludó él con una sonrisa.

—Buen día —respondió Isabela.

—¿A dónde vas?

Isabela levantó ligeramente el libro.

—Pensaba ir al jardín de camelias a leer un poco.

—No te quitaré mucho tiempo —añadió—. Te dejé una nota en tu habitación, pero no estabas. Quería invitarte a desayunar.

Isabela asintió.

—Escribí a mi abuelo. Le pedí al director que enviara la carta y después fui a la biblioteca.

—¿Ya desayunaste?

Negó con la cabeza.

—Casi nunca desayuno.

Rodrigo frunció ligeramente el ceño.

—Ve al jardín. Iré por algo ligero para que comas.

—No es necesario —respondió.

—Tonterías. Debes comer. Déjame cuidarte.

Isabela dudó un momento, pero terminó por asentir.

—Te veo en un rato.

Rodrigo sonrió y se dirigió hacia el comedor, mientras ella continuó su camino hacia el jardín de camelias.

El lugar era el mismo donde se había encontrado con Dante.

Lo único distinto era la luz.

Aquella vez había sido de noche; ahora, el sol iluminaba cada rincón del jardín con claridad.

Se detuvo unos segundos frente al kiosco donde habían hablado durante horas. No hizo falta acercarse. Bastó con mirarlo para que los recuerdos regresaran, uno tras otro, sin orden.

Eso era lo único que le quedaba.

Se sentó y abrió el libro. Pasó las páginas con calma, intentando concentrarse, pero no logró avanzar del primer párrafo. Leyó la misma línea más de una vez… sin retener nada.

Su mente no estaba ahí.

No sabía exactamente dónde estaba.

¿En Dante?

¿En lo que pudo haber sido?

¿En su compromiso?

Soltó el aire con suavidad y cerró el libro por un momento.

Se sentía desordenada.

Si lo pensaba con cuidado, nada de eso era nuevo.

Desde niña sabía que algún día tendría que casarse. Siempre lo había entendido así.

También sabía que su esposo sería elegido por su familia. Nunca lo cuestionó. Era una idea constante, algo que había aprendido a aceptar con el tiempo.

No esperaba amor.

Ni pasión.

Pero sí esperaba algo más.

Un entendimiento.

Un poco de calidez.

Algo que le hiciera sentir que estaba haciendo lo correcto.

Y, sin embargo…

no se sentía así.

Eso era lo que la confundía.

Siempre había sido racional. Sabía perfectamente que lo que tuvo con Dante no era amor. No era ingenua como para pensar lo contrario.

Y aun así…

no podía dejar de pensar en ello.

No lograba entender por qué le costaba soltar algo que, en realidad, nunca había sido posible.

—Isabela.

Una voz que reconocería en cualquier lado, la sacó de sus pensamientos de inmediato.

—Dante —respondió, intentando mantener la calma.

—Necesito hablar contigo. Es importante —dijo, acercándose al kiosco.

Isabela levantó la mano, marcando distancia.

—No te acerques más. Rodrigo viene hacia acá, vete, por favor.

—No —respondió sin detenerse.

—Dante, me vas a meter en problemas. Por poco me sacan del instituto… te suplico que te vayas —añadió, bajando la voz.

Él esbozó una sonrisa breve, sin humor.

—Tu prometido está con su prima. Hablaban de algo… tardará un poco en venir a verte.

—Aun así, puede aparecer en cualquier momento. No pueden verme contigo —insistió.

—¿Te da vergüenza? —preguntó, molesto.

—Estoy comprometida —respondió con firmeza—. Un escándalo no me ayudaría. Vete.

Dante la observó unos segundos.

—Entonces veámonos en otro lugar. Solo quiero hablar contigo.

—Dante… —murmuró, dudando.

—Después de eso te dejaré en paz, si eso es lo que quieres.

La forma en que la miraba no era insistente… era casi una petición.

Isabela guardó silencio un momento.

—Está bien —cedió al fin—. Pero vete ahora.

Dante asintió apenas.

—Te veré en el pueblo, en dos días. Te llevaré a un lugar privado, dónde tu compromiso no esté en peligro. Solo quiero hablar.

—Bien… hasta entonces.

Sin añadir más, él se dio la vuelta y se alejó.

Pasaron unos minutos.

El jardín volvió a la calma.

Entonces Rodrigo apareció, llevando un pequeño plato con fruta y miel.

—Disculpa la demora —dijo, acercándose—. Pensé que esto sería suficiente.

—Gracias —respondió Isabela, tomando el plato.

Le retiró la tapa con cuidado.

Rodrigo se sentó a su lado.

—¿Estabas leyendo?

Isabela negó suavemente.

—Te estaba esperando.

Rodrigo la observó por unos segundos, como si evaluara algo, pero no dijo nada al respecto.

—Sofía recibió una invitación de su alteza, Elena de Valcaria.

Isabela detuvo el movimiento de su mano, sorprendida.

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